Anthony Giddens: Teoría de la estructuración (Tomado de Teoría sociológica contemporánea de George Ritzer)
Anthony Giddens: teoría de la estructuración
Tomado de Teoría sociológica contemporánea de George Ritzer
Uno de los esfuerzos más conocidos y esmerados por integrar la acción y la estructura es la teoría de la estructuración de Giddens (1. Cohen, 1989; Held y Thompson, 1989). Giddens (1976: 8) nos presentó esta teoría en la década de los años setenta, pero su forma más desarrollada nos la expone en su libro The Constitution ofSociety [La constitución de la sociedad] (1984), subtitulado Outline ofthe Theory ofAgengy [Bosquejo de una teoría de la acción]. En este libro, Giddens llega a decir: «Toda investigación en ciencias sociales o en historia se ha preocupado por la relación entre la acción y la estructura... en ningún caso la estructura «determina» la acción o viceversa» (1984: 219).
Aunque no es marxista, puede apreciarse en la obra de Giddens una poderosa influencia marxista, e incluso él mismo considera que su libro The Constitutíon of Society constituye una reflexión sobre el dictum inherentemente integrador de Marx: «Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen como ellos quieren, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado: (1869/1963: 15)2.
La teoría de Marx es sólo una de las muchas influencias teóricas que se aprecian en la teoría de la estructuración. En uno u otro momento Giddens analizó y criticó las orientaciones teóricas más importantes para derivar de ellas una serie de ideas útiles. La teoría de la estructuración es extraordinariamente ecléctica.
Giddens examina una amplia gama de teorías que parten bien del actor/individuo (por ejemplo, el interaccionismo simbólico) o de la sociedad/estructura (por ejemplo, el funcionalismo estructural) y rechaza ambas alternativas extremas. Antes bien, Giddens señala que debemos arrancar de las «prácticas sociales recurrentes» (1989: 252). Y concretando, afirma: «De acuerdo con la teoría de la estructuración, el dominio básico del estudio de las ciencias sociales no es ni la experiencia del actor individual, ni la existencia de cualquier forma de totalidad social, sino las prácticas sociales ordenadas a través del tiempo y en el espacio» (Giddens, 1984: 2).
En el centro de la teoria de la estructuración de Giddens, que se enfoca hacia las prácticas sociales, se encuentra una teoría de la relación entre la acción y la estructura. Según Bernstein, «en el núcleo de la teoría de la estructuración» está «el propósito de iluminar la dualidad de la acción y la estructura y su interacción dialéctica» (1989: 23). Así, acción y estructura no pueden concebirse por separado, son las dos caras de una misma moneda. En términos de Giddens, constituyen una dualidad (en el próximo apartado analizaremos la crítica de Archer de esta orientación). Toda acción social implica estructura, y toda estructura implica acción social. Acción y estructura se encuentran inextricablemente intrincadas en toda actividad o práctica humana.
Como hemos señalado más arriba, el punto de partida del análisis de Giddens son las prácticas humanas, pero este autor insiste en que deben ser consideradas como recurrentes. Es decir, las actividades no son «creadas por los actores sociales, sino continuamente recreadas por ellos a través de los diversos medios por los que se expresan a sí mismos como actores. Por medio de sus actividades los agentes producen las condiciones que hacen posibles esas actividades» (Giddens 1984: 2). Así, no es la conciencia la que, mediante la construcción social de la realidad, produce las actividades, ni es la estructura social la que las crea. Antes bien, en su expresión como actores, las personas se implican en la práctica, y mediante esa práctica se producen la conciencia y la estructura. Held y Thompson, en su análisis del carácter recurrente de la estructura, afirman que «la estructura se reproduce en y mediante la sucesión de prácticas situacionales organizadas por ella» (1989; 7). Lo mismo puede señalarse por lo que respecta a la conciencia. A Giddens le preocupa la conciencia o reflexividad. Sin embargo, con su reflexividad, el actor humano no sólo es autoconsciente, sino que se implica también en el control del flujo constante de las actividades y las condiciones estructurales. Esto condujo a Bemstein a afirmar que la «acción en sí está reflexiva y recurrentemente implicada en las estructuras sociales» (1989: 23). En términos generales, puede afirmarse que la preocupación central de Giddens es el proceso dialéctico mediante el que se producen la práctica, la estructura y la conciencia. Así, Giddens analiza la cuestión de la acción y la estructura con un enfoque dinámico, procesual e histórico.
No sólo son reflexivos los actores sociales, lo son también los investigadores que los estudian. Esto conduce a Giddens a sus conocidas ideas sobre la «doble hermenéutica». Tanto los actores sociales como los sociólogos utilizan el lenguaje. Los actores utilizan el lenguaje para explicar lo que hacen, y los sociólogos, a su vez, se sirven del lenguaje para dar cuenta de las acciones de los actores sociales. Así, es preciso que nos ocupemos de la relación entre el lenguaje de los legos y el científico. En particular, nosotros hemos de ser conscientes del hecho de que la comprensión que tiene el científico social del mundo puede conducir a una comprensión errónea de los actores que están siendo estudiados. En este sentido, los investigadores sociales pueden alterar el mundo que están estudiando y llegar así a conclusiones y hallazgos distorsionados.
Pasemos a analizar algunos de los principales componentes de la teoría de la estructuración de Giddens. Empezamos por sus reflexiones sobre los agentes, quienes, como ya hemos visto, controlan continuamente sus propios pensamientos y actividades, así como sus contextos físicos y sociales. Los actores tienen la capacidad de la racionalización, que para Giddens significa el desarrollo de rutinas que les capacitan para manejar eficazmente la vida social. Los actores también tienen motivaciones para actuar, y estas motivaciones implican deseos que impulsan la acción. Así, mientras la racionalización y la reflexividad están constantemente implicadas en la acción, es más apropiado considerar que las motivaciones son potenciales para la acción. Las motivaciones proporcionan planes generales para la acción, pero, desde el punto de vista de Giddens, la mayor parte de nuestra acción no está directamente motivada. Aunque esta acción no está motivada y nuestras motivaciones suelen ser inconscientes, las motivaciones desempeñan un importante papel en la conducta humana.
También dentro del reino de la conciencia Giddens hace una distinción (permeable) entre conciencia práctica y discursiva. La conciencia discursiva implica la capacidad de expresar con palabras las cosas. La conciencia práctica implica sólo lo que hacen los actores y no entraña su capacidad de expresar lo que hacen con palabras. Este último tipo de conciencia es el más importante en la teoría de la estructuración, reflejando un interés primordial por 10 que se hace más que por lo que se dice.
Con este acento sobre la importancia de la conciencia práctica, la teoría de la estructuración se desliza suavemente desde los agentes a la acción, a las cosas que los agentes hacen realmente. «La capacidad de acción sugiere la existencia de eventos perpetrados por un individuo... Lo que ocurrió no hubiera ocurrido sin la intervención de ese individuo» (Giddens, 1984: 9). Así, Giddens concede una enorme importancia (sus críticos afirman que demasiada) a la capacidad de acción. Giddens encontró serias dificultades en su esfuerzo por separar la acción de las intenciones porque afirmaba que la acción terminada difiere considerablemente de la acción inicial y su intención; en otras palabras, los actos intencionados suelen tener consecuencias inesperadas. La idea de las consecuencias inesperadas desempeña un papel relevante en la teoría de Giddens, y es particularmente importante para trasladamos del nivel de la acción al del sistema social.
En consonancia con su acento sobre la acción, Giddens atribuye gran poder al agente. Dicho de otro modo, los agentes de Giddens tienen la capacidad de introducir cambios en el mundo social. Es más, los agentes no tienen sentido alguno si carecen de esa capacidad; es decir, un actor deja de ser un agente si pierde la capacidad de introducir cambios. Por supuesto, Giddens reconoce que existen constreñimientos sobre los actores, pero esto no significa que los actores no tengan elección ni puedan transformar las situaciones. Para Giddens, esta capacidad es más importante que la subjetividad, porque la acción implica poder o la capacidad para transformar la situación. Así, la teoría de la estructuración de Giddens atribuye gran poder al actor y, por ello, se opone a las teorías que se desvían de esta orientación y asignan más importancia a la intención del actor (la fenomenología), o a la estructura externa (el funcionalismo estructural).
El núcleo conceptual de la teoría de la estructuración reside en las ideas de estructura, sistema y dualidad de estructura. El concepto de estructura se define como «las propiedades estructuradoras [normas y recursos]... las propiedades que hacen posible la existencia de prácticas sociales discerniblemente similares a través de los diferentes periodos de tiempo y espacios que les dan su forma sistémica» (Giddens, 1984: 17). La estructura se hace posible debido a la existencia de normas y recursos. Las estructuras per se no existen en el tiempo ni en el espacio. Antes bien, los fenómenos sociales tienen la capacidad de pasar a estar estructurados. Giddens sostiene que «la estructura sólo existe en y mediante las actividades de los entes humanos» (1989: 256). Así, Giddens ofrece una definición muy inusual de estructura que no sigue la pauta durkheimiana de considerar las estructuras como externas y coercitivas para los actores. Giddens se cuidó mucho de evitar la impresión de que la estructura es «exterior» o «externa» a la acción humana. «T~I y como yo uso el concepto, la estructura es lo que moldea y da forma a la vida social, pero no es per se esa forma» (Giddens, 1989: 256). Como Held y Thompson señalaron, la estructura para Giddens no es un armazón «como las vigas maestras de un edificio o el esqueleto de un cuerPO» (1989: 4).
Giddens no niega el hecho de que la estructura pueda constreñir la acción, pero cree que los sociólogos han exagerado la importancia de tal constricción. Además, han ignorado la relevancia del hecho de que la estructura «es siempre constrictiva y capacitadora» (Giddens, 1984: 25, 163; cursivas añadidas). Las estructuras suelen permitir a los agentes hacer cosas que no podrían hacer sin ellas. Aunque Giddens concede menor importancia a la constricción estructural, reconoce que los actores pueden perder el control de las «propiedades estructurales de los sistemas sociales» si se distancian temporal o espacialmente de ellas. Sin embargo, tiene la precaución de evitar la imagen weberiana de la jaula de hierro y señala que esta pérdida de control no es inevitable.
La concepción sociológica convencional de estructura se aproxima más al concepto de sistema social de Giddens (Thompson, 1989: 60). Giddens define el sistema social como un conjunto de prácticas sociales reproducidas o «relaciones reproducidas entre actores o colectividades organizadas como prácticas sociales regulares» (1984: 17,25). Así, la idea de sistema social de Giddens se deriva de su preocupación central por la práctica. Los sistemas sociales no tienen estructuras, sino que exhiben propiedades estructurales. Las estructuras no existen per se en el tiempo y el espacio, sino que se manifiestan dentro de los sistemas sociales en la forma de prácticas reproducidas. Si bien algunos sistemas sociales pueden ser el producto de una acción intencionada, Giddens concede mayor importancia al hecho de que esos sistemas suelen constituir las consecuencias inesperadas de la acción humana. Estas consecuencias inesperadas pueden convertirse en condiciones desconocidas de la acción y realimentarla de nuevo. Estas condiciones pueden dificultar los esfuerzos por controlarlas, pero no destruir los esfuerzos de los actores por ejercer ese control.
Por tanto, las estructuras se «concretan» en sistemas sociales. Además, se manifiestan en «recuerdos que orientan la conducta de los agentes humanos cognoscibles» (Giddens, 1984: 17). A resultas de lo cual, las normas y los recursos se manifiestan tanto en el nivel macro de los sistemas sociales como en el nivel micro de la conciencia humana.
Estamos ahora preparados para la definición del concepto de estructuración, cuya premisa es la idea de que «la constitución de los agentes y la de las estructuras no son dos conjuntos independientes dados de fenómenos, un dualismo, sino que representa una dualidad... las propiedades estructurales de los sistemas sociales son tanto un medio como un producto de las prácticas que organizan recurrentemente», o «el momento de la producción de la acción es también el de la reproducción en los contextos de la realización cotidiana de la vida social» (Giddens, 1984: 25, 26). Claramente, la estructuración implica la relación dialéctica entre estructura y acción. Estructura y acción constituyen una dualidad; no pueden existir la una sin la otra.
Como se indica más arriba, el tiempo y el espacio constituyen variables cruciales en la teoría de Giddens. Ambas dependen de si las otras personas están presentes temporal o espacialmente. La condición primordial es la interacción cara a cara, en la que los otros están presentes en el mismo tiempo y espacio. Sin embargo, unos sistemas sociales se extienden en el tiempo y el espacio, mientras otros dejan de estar presentes. Este distanciamiento en términos de tiempo y espacio es cada vez más posible en el mundo moderno debido a sus nuevas formas de comunicación y transporte. Gregory (1989) señala que Giddens dedica más atención al tiempo que al espacio. Saunders, subrayando la importancia del espacio, mantiene que «todo análisis sociológico que pretende descubrir por qué y cómo suceden las cosas tiene necesariamente que tener en cuenta dónde (y cuando) suceden» (1989: 218). La cuestión sociológica central del orden social depende del grado de integración de los sistemas sociales en el tiempo y el espacio. Uno de los logros más ampliamente reconocidos de Giddens en el dominio de la teoría social es su esfuerzo por llevar a debate las cuestiones de espacio y tiempo.
Terminamos este apartado acercando a la realidad la sumamente abstracta teoría de la estructuración de Giddens mediante un breve análisis del programa de investigación que se puede derivar de ella. En primer lugar, en vez de centrarse en las sociedades humanas, la teoría de la estructuración se concentra en «el ordenamiento de las instituciones a través del tiempo y el espacio» (Giddens, 1989: 300). (Giddens considera las instituciones como conjuntos de prácticas e identifica cuatro de éstos: órdenes simbólicos, instituciones políticas, instituciones económicas y derecho.) En segundo lugar, de ella se desprende una preocupación central por los cambios que experimentan las instituciones en el tiempo y el espacio. En tercer lugar, es preciso que los investigadores se interesen por los modos en los que los líderes de las diversas instituciones introducen o alteran pautas sociales. Y en cuarto lugar, los estructuracionistas deben controlar y considerar la influencia de sus hallazgos sobre el mundo social. En términos generales, Giddens se muestra profundamente preocupado por «el impacto fragmentador de la modernidad» (1989: 301), Y el estructuracionista debe estudiar este problema social acuciante.
Quedan más cosas por señalar acerca de la teoría de la estructuración de las que ya hemos expuesto: Giddens estudia en detalle los elementos teóricos que acabamos de esbozar y analiza muchos otros. Analiza, integra y/o critica una amplia serie de ideas teóricas. Durante los últimos años ha dedicado cada vez más atención a la utilización de esta teoría para analizar con actitud crítica el mundo moderno (Giddens, 1990). A diferencia de muchos otros, Giddens ha hecho algo más que exponer un programa para la integración acción-estructura; nos ha ofrecido un análisis detallado de sus diversos elementos y, lo que es más importante, se ha ocupado de la naturaleza de su interrelación. Lo que más nos satisface del enfoque de Giddens es que su preocupación central, la estructuración, se define en términos intrínsecamente integradores. La constitución de los agentes y las estructuras no son independientes una de otra; las propiedades de los sistemas sociales son consideradas como medios y productos de las prácticas de los actores, y esas propiedades de los sistemas organizan recurrentemente las prácticas de los actores.
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Anthony Giddens: Teoría de la estructuración (Tomado de Teoría sociológica contemporánea de George Ritzer) |
Teoría sociológica contemporánea
George Ritzer
McGraw-Hill, México, 1993
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