José María Firpo: El humor en la escuela (Introducción, 1974)
Los dibujos del maestro Firpo
A modo de introducción
José María Firpo: El humor en la escuela (1974)
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José María Firpo: El humor en la escuela (1974) |
El 21 de marzo de 1978 el vespertino El Diario, de Montevideo, publicó un dibujo de José María Firpo. "Esta es una de las caricaturas inéditas -de las miles que aguardan editor- que el maestro Firpo ha ido atesorando en sus 32 años de continuada docencia. Seguramente volverán a ser, cuando se publiquen, otro ‘glóbulo’ de éxito."1, decía la leyenda al pie. En ese momento, a cuatro años de la publicación de la primera edición de El humor en la escuela, los libros del maestro Firpo circulaban por decenas de miles en Uruguay y Argentina y sus contenidos sustentaban más de una obra de teatro en ambas orillas. Fragmentos de los libros y reportajes al autor se repetían en la prensa con frecuencia. En Montevideo no se recordaba otro volumen de mayor venta ni aún en años anteriores a la dictadura. Ahora El Diario estaba dando cuenta de una faceta nueva del maestro. Su oficio de "recopilador", con el que se lo definía hasta ese momento, no se agotaba en su pasión de coleccionar durante décadas ocurrencias y gazapos de sus alumnos. Su asombroso "disparatario", que divertía a multitudes, presentaba un complemento inesperado en el dibujo. Era otro modo de "vivir la clase", como el propio Firpo afirmaba. Debió ser muy consciente de la importancia de esta última actividad y sin duda debieron frustrarlo las escasas posibilidades editoriales de la época que nunca se animaron a concretar una reproducción de sus dibujos. Murió al año siguiente de aquella nota, en 1979, sin verlos publicados. Recién en 1994, con la publicación de Maestro, ¿en qué mes son las vacaciones de julio?, su viuda, Lily Vives, hizo posible una primera edición, pobre, defectuosa y de reducido tiraje. Tres años después, no obstante, hubo un segundo libro, El portugués Tageblatt, igualmente precario. La repercusión a nivel de la prensa fue mínima. A esa altura, otras facetas creativas de Firpo se habían dado a conocer en el libro Historias de Villa Elisa (1994), crónicas de su pequeño pueblo natal. Los dibujos, sin embargo, permanecieron a la espera de mejor suerte, como una promesa demorada pero inclaudicable.
1. "El humor en la escuela" recorrerá Estados Unidos.", en El Diario, 21 de marzo de 1978.
1. "Hubo años en que les pedía que hicieran una redacción por día tratando de que los chicos describieran lo que veían sin tapujos. Muchos de ellos eran canillitas o lustrabotas y volcaban a las hojas todo lo que vivían, tras la escuela, en la calle." "Los nuestros. José María Firpo prepara sus dos próximos trabajos", en El Día, 7 de julio de 1975.
3. Escuela Nº 37, en Av. San Martín y Santa Ana, donde fue maestro de 1947 a 1951.
Entrevistas realizadas al propio Firpo o, después de su muerte, a su esposa Lily Vives, señalan que la vocación de coleccionar escritos de los alumnos comenzó muy tempranamente en el ejercicio de su profesión, probablemente por la década de los 50 o tal vez antes. Mientras que para muchos de sus colegas, los "disparatarios" de escolares eran un instrumento efímero, condenado al olvido, útil solo para evaluar un instante, un ejercicio, a lo sumo un grupo o tan solo un alumno, en Firpo se fueron acumulando a lo largo de décadas, en una tarea realizada con tesón y constancia, llenando con ellos cuadernos enteros con suma prolijidad. No era solo una manía. Había también una fundamentación pedagógica. Valoraba la libertad de expresión en los niños y los ejercicios de redacción eran parte importantísima de su bagaje didáctico. Le importaba mucho lo que los niños decían como reflejo del entorno social que los acompañaba, de su experiencia de vida, de su práctica cotidiana, distinta según la extracción social y el lugar geográfico en que se hallaban.2 El dibujo fue otra de sus pasiones. Quizá lo heredó de su madre que en el poblado natal de Villa Elisa (hoy Piñera, Paysandú) realizaba artesanías, pintaba y dibujaba. Por algo su inclinación primera fue ser ingeniero, una profesión que demanda un fuerte dominio en esa habilidad, y que debió abandonar por limitaciones económicas. Ser maestro estuvo más a su alcance pero el gusto por dibujar se mantuvo intacto. Su hija Adriana recuerda que dibujaba en muchos de sus ratos libres, por placer o en atención a su trabajo. Era un autodidacta, creaba por pura intuición, sin seguir técnica alguna, aunque no es posible descartar la influencia de su esposa, egresada de Bellas Artes y con alguna exposición en su haber. El dibujo le resultaba eficaz para la enseñanza, una herramienta versátil en la labor diaria del aula. La evidencia de que era una práctica constante en él se revela en una de sus historietas, cuando un niño se pone a su lado y le ruega: "¡Haga un dibujito en el pizarrón, maestro! ¡No sea malo! Le doy cinco pesos si hace uno...".
El dibujo le permitió "ilustrar" muchos sucesos de la escuela, dentro y fuera del aula, escenas destacadas por diversos motivos y que importaba registrar del mismo modo que los gazapos. No sabemos la utilidad que ello pudo tener en la escuela del Cerrito de la Victoria, en Montevideo, donde trabajó en primera instancia.3 La unión de ambas pasiones parece haberse concretado por primera vez en la escuela Portugal, en la Ciudad Vieja, donde Firpo ejerció durante quince años. Allí nace esa publicación de un solo ejemplar, para uso interno de los maestros, que en mayo de 1954 comenzó llamándose "La tiza".
Esta publicación no es un diario ni un semanario sino un 'cuandolluevario'. Pedimos a nuestros lectores que no le digan a la directora que salimos porque nos va a dar un rezongo por no aprovechar el tiempo. Como hay tan poquitos niños en los días de lluvia aprovechamos para editar una publicación que no es un "Libelo infamante" ni "Pasquín diatribante" ni "Pichón de elefante". Por ahora no hay colaboradores porque no se vislumbra sueldo. Pero si hay alguno, que se presente en nuestro escritorio, que será recibido con alegría, anunciaba en su número inicial.
4. Vives, Lily. Prólogo a El Portugués Tageblatt.
5. Correspondencia de Gladys Méndez de Rojas con el autor, 4 de octubre de 2017.
El periódico, con esas características, pasó poco después a llamarse "El Lusitano" y luego "El Portugués". Según Lily Vives, "en 1959, no sabemos por qué razón, se pasa a llamar ‘El Portugués Tageblatt’", título que va acompañado de un epígrafe: "Conociendo mejor nuestras faltas sabremos enmendarlas". A partir de 1961, momento en que se convierte en un semanario que sale los viernes, volvió a llamarse simplemente "El Portugués" hasta noviembre de 1970 en que se dejó de publicar. Hasta entonces Firpo fue su único coordinador, compaginador y distribuidor.4 En las reuniones semanales de los maestros, el "semanario" o "cuandolluevario" o como quiera llamársele, se volvió imprescindible. Recuerda la maestra Gladys Méndez de Rojas, directora de la escuela Portugal, prologuista del primer tomo de El humor en la escuela: Las reuniones de maestros para planificar es práctica antigua. Lo original de las nuestras, fue su regularidad y ambiente crítico-creativo. Todos los viernes a la hora del recreo, los tres auxiliares de servicio se hacían cargo de la vigilancia y atención de los niños, y los docentes evaluábamos y proponíamos proyectos a compartir... Firpo llegaba con su túnica generalmente desprendida, y su Boletín "El Portugués". Se iniciaba la reunión, casi siempre con el té y la lectura del "disparatario".5.
El éxito de "El Portugués" y de los "disparatarios" trascendió las reuniones de la escuela Portugal, llegó a algunos hogares de familias cercanas y continuó expandiéndose. La risa que provocaba le siguió abriendo puertas aún luego de que Firpo se jubilara, en 1971. Por aquel entonces el propio Firpo se asombró cuando en una obra de teatro a la que asistió como espectador, un actor comenzó a leer frases cómicas que él reconoció como de sus alumnos. En 1974 el editor Alberto Oreggioni le ofreció publicar sus "disparatarios". Eran tiempos de dictadura, de feroz censura a todo medio de comunicación. De miedo, amenaza y dolor. Bien lo sabía Firpo. El momento no podía ser peor para él. Por esos días, su esposa había sido detenida, torturada y enviada al Penal de Punta de Rieles donde permanecería hasta febrero de 1976. Firpo tuvo muchas dudas y vacilaciones hasta que finalmente, alentado por colegas, concedió en publicar. El humor en la escuela apareció por primera vez ese año y tuvo un éxito incomparable. Casi dos años después, en marzo de 1976, se llevaban vendidos 16.000 ejemplares. A ese primer libro se le sumó ese año una segunda parte y una tercera en 1978. El éxito se trasladó a Argentina bajo el título Qué porquería es el glóbulo, de Ediciones de la Flor. Le siguió La mosca es un incesto y Los indios eran muy penetrantes, todos correspondientes a las tres partes uruguayas de El humor en la escuela.
6. Ibid.
Del libro se pasó a la escena teatral. El 11 de agosto de 1976, en la Casa de Castagnino, en el barrio San Telmo de Buenos Aires, el director Francisco Javier lleva a las tablas con gran afluencia de público Qué porquería es el glóbulo, en base a antiguas formas de narración oral. Le siguió Qué porquería es el glóbulo 77. Tres años después el espectáculo desembarcó en Montevideo, en el Teatro del Centro, con el nombre de Glóbulos 78. Pronto en esta orilla también se captó el impacto que provocaba la obra de Firpo. En marzo de 1978, Luis Cerminara y el Grupo de Formación del Actor, de la Alianza Francesa, interpretaron ¿El humor? en la escuela. En algunas ocasiones Firpo subió al escenario y leyó fragmentos de su obra. Aún después de su muerte se sucederían las versiones teatrales: El humor en la escuela, del Teatro de la Ciudad de Paysandú, realizada en el Carlos Brussa en 1981, y El recreo, adaptación de Manuel González Gil. En 1997 se repone en Buenos Aires Qué porquería es el glóbulo en Sala La Galera. Desde entonces se ha convertido en un clásico rioplatense con renovadas representaciones. En 1979, año de su muerte, Firpo había publicado El Uruguay sus visitantes, otro producto de su obsesión coleccionista, en este caso, un conjunto de opiniones y artículos de prensa sobre el país vertidas por periodistas extranjeros. Luego Lily Vives continuó publicando lo que era el legado de su marido: La sólida e inesperada muerte de Solís (1980), y los citados Maestro ¿en qué mes son las vacaciones de julio? y El Portugués Tageblatt, que contenía diez números del "cuandolluevario" homónimo. En La sólida e inesperada muerte de Solís, en las secciones "Sucedía así", "Anécdotas", "Diálogos" y "Ustedes saben niños que...", se pueden rastrear leyendas correspondientes a algunos de sus dibujos. En ellos, la voz de un narrador o guionista se expresa en primera persona: "Una vez le pedí a un niño que...".
"Firpo era un maestro diferente, y eso siempre cuesta", escribió Gladys Méndez de Rojas.6.
Cuando tomé posesión de la dirección de la escuela, la directora saliente me advirtió sobre un maestro difícil, que no planificaba y hacía las cosas ‘a su modo’. Los maestros son calificados anualmente por los inspectores, y con esa opinión de la directora, las cosas no eran fáciles para él. Yo lo conocía un poco, desde el trabajo sindical, así que escuché y observé. La escuela de la Ciudad Vieja tenía problemas sociales propios del conventillo, el hacinamiento, la falta de trabajo y la prostitución. En ese ambiente Firpo fue maestro, amigo, padre severo, alguien a quien los niños temían cuando amonestaba, y querían sin reservas. No practicaba la didáctica convencional y quizá sus bases teóricas no fueran muchas, pero eso se compensaba con una actitud docente como he visto pocas.
A modo de ejemplo, en Doscientos años de escuela pública. Memorias de aula, el libro que escribiera junto a María del Carmen Rodríguez Bottinelli, recuerda Gladys Méndez:
Los sábados de mañana el maestro José María Firpoirregularidad curricular no faltaba: se hacían problemas, se escribían muchas de sus famosas redacciones, se leía, se hacían pinturas y manualidades; se aprendía a pensar y a vivir.7.
venía de 10 a 12. Guardaba en su armario un primus a querosene, una sartén y una renovable bolsa de maníes. Algún niño traía un poco de aceite, otra un poco de azúcar y se compartía las garrapiñadas. El pretexto para esta
7. Méndez de Rojas, G. y Ma. Del Carmen Rodríguez de Bottinelli. Doscientos años de escuela pública. Memoria del aula, p. 250.
8. "Montevideo muere de risa...".
9. Jesús Aldo Sosa (Jesualdo) (1905 – 1982), autor de Vida de un maestro (1935) y Fuera de la escuela (1940), entre otras obras.
10. La Escuela Nueva fue un movimiento pedagógico progresivo de amplio alcance, no uniforme, cuyos principios pedagógicos se oponían a los métodos tradicionales: "Frente a esta pedagogía asentada en una estructura piramidal, fundamentada en el formalismo y la memorización, en el didactismo y la competencia, en el autoritarismo y la disciplina, la educación nueva se ve llevada a enfatizar la significación, valor y dignidad de la infancia, a centrarse en los intereses espontáneos del niño, a potenciar su actividad, libertad y autonomía". (Mialaret, G. Citado en Palacios, J. (1995). La cuestión escolar. México: Fontamara, p. 28.)
11. Correspondencia de Gladys Méndez de Rojas con el autor, 4 de octubre de 2017.
"Atesoré tratando de hacer resaltar el desajuste entre nuestro método de enseñanza y la realidad humana a la cual va dirigida", afirmó Firpo al diario El Día el 7 de julio de 1975. Para "poner en evidencia carencias de la enseñanza que nosotros impartimos", aclara en otra entrevista. Mi generación tuvo una mala preparación profesional. Faltó enseñanza de la psicología infantil. Yo me puse a leer psicología infantil por mi cuenta después de muchos años y descubrí una cantidad de cosas. El niño nunca rechaza el aprendizaje porque sí y frente a esos casos el maestro debe buscar la razón, señaló.8 Esa fue la convicción que finalmente lo llevó a publicar y dejar de lado el temor a posibles críticas que alguna vez se volvieron realidad. Era también una conclusión que muchos de sus colegas no querían escuchar. Solo un maestro "diferente", con todas las consecuencias que ello implica en un medio tan normativizado, estructurado y protocolar como es el de la enseñanza pública en Uruguay, podía ser capaz de realizar un aporte de tal naturaleza. Creo que fue una de sus maneras de militancia por la educación pública, en aquel momento despedazada. No fue comprendido por el sector más apegado a la tradición educativa de mostrar lo que no molesta mucho. Era inevitable compararlo con otras expresiones creadoras, trabajadas por maestros como Jesualdo.9 Y era muy incómodo asumir que no todos los niños llegan a la escuela con experiencias tan variadas, a pesar de toda la corriente de Escuela Nueva que se conocía y manejaba.10 Creo que fue fuerte para los maestros reconocer que el mismo mensaje es distinto según quien lo recibe, según donde vive, como se alimenta y como socializa".11.
8. Méndez de Rojas, G. y Ma. Del Carmen Rodríguez de Bottinelli. Doscientos años de escuela pública. Memoria del aula, p. 250.
9. "Montevideo muere de risa...".
10. Jesús Aldo Sosa (Jesualdo) (1905 – 1982), autor de Vida de un maestro (1935) y Fuera de la escuela (1940), entre otras obras.
Es por allí que se imprime el sentido altamente positivo de la obra del maestro Firpo, más allá de esa superficie de hilaridad descacharrante que provocan sus publicaciones y que muchos entendieron como lo único a destacar. A su esposa, prisionera, como hemos dicho, en el Penal de Punta de Rieles, se le permite recibir un ejemplar del primer libro casi un año después de su publicación. Su comentario de El humor en la escuela es sumamente acertado, no solo por la cercanía al autor, sino por su profunda interpretación de la obra. Le escribe a su marido en setiembre de 1975:
Querido mío: He tenido en mis manos tu primer libro de humor. Me deparó un fin de semana inolvidable. Me hizo pasar alternadamente de la risa a la amargura, al descubrir detrás de cada gazapo la tristeza de una niñez carenciada y la frescura de una niñez con espíritu crítico sin concesiones con el que juzgan sin prejuicios a todos sin distinción de jerarquías. Te recordé en el aula con tu clase de 5º año en el ámbito del Cerrito de la Victoria o con niños de la zona de la Aduana. Cada uno con su historia y cada uno con su característica que corresponde a la pauta cultural del barrio a que pertenecen. Los del Cerrito, trabajadores pequeños de las horas libres de la tarea escolar, son los típicos vendedores de caramelos, los vendedores de agua del Cementerio del Norte o los lustrabotas. Los de la Aduana, más ciudadanos, con el barniz que da la cercanía del puerto. Amigos de marineros, conocedores de gente de vida nocturna. Algunos, hijos de hogares constituidos pertenecientes a comerciantes de la zona, otros, los más, hijos de padres desconocidos y de madres que trabajan de noche. Todos con gran experiencia de calle, lo que les proporciona un singular poder de discernimiento y una escala de valores especiales y lo que les hace aparecer por momentos como adultos en miniatura. Tú le diste la oportunidad para que se sintieran tenidos en cuenta como niños. Para ello impartiste conocimiento con amor de padre que enseña y además pone límites precisos para posibilitar su reubicación en el medio que les toca vivir. Recuerdo la tarjeta que recibiste un fin de año de E. que decía: ‘...usted ha sido maestro y padre para mí, nunca lo olvidaré’. En ese clima de afecto los niños pudieron contar lo que aprendían o lo que vivían con auténticas palabras. El libro rescata el valor de una relación maestro-alumno que trasciende todas las coordinadas y que va más allá del ámbito escolar. La palabra cobra un nuevo valor y se transforma en un nuevo lenguaje, un idioma universal en el que se traduce la impresión del mundo circundante motivados por el respeto, el amor y la comprensión del hombre. A pesar de que lo jocoso se destaca como técnica general, el libro está hecho en serio y dicho en serio. Ante la oportunidad altamente valiosa y fuera de doctrina de expresar libremente sus vivencias, el trozo de redacción se transforma ora en coloquio, ora en diálogo confidencial o en un tierno esbozo de afecto. El lenguaje empleado establece una dialéctica constante y dinámica entre el mundo de los niños y nuestro mundo. Por tanto el niño se comunica porque se sabe escuchado; se confiesa porque se sabe querido, así aprende, asimila e integra a pesar de todas las vicisitudes de su historia.12
12. Lily Vives, Lily. Cartas de Lily desde la cárcel en tiempos de dictadura, págs. 50 – 52.
13. "Montevideo muere de risa con un libro insólito: ‘El humor en la escuela’", entrevista de Ricardo Goldaracena en El País de los Domingos, 27 de abril de 1975.
"En ese clima de afecto los niños pudieron contar lo que aprendían o lo que vivían con auténticas palabras", afirma Lily Vives en su carta, sintetizando con exactitud el significado de la obra de su esposo. Gracias al maestro, a un maestro como Firpo, es que los niños asumen un protagonismo de absoluta libertad en la expresión, con ingenuidad y pureza, sin entender de conveniencias, "sin prejuicios" y "sin distinción de jerarquías". En sus dibujos, como en sus libros, se instala al niño en un sitial de privilegio, implícitamente se exige que se lo tenga en cuenta. Etimológicamente, la palabra infancia viene del latín "infans", que quiere decir "el que no habla". Firpo le da voz, pues, a quien no la tiene o, más precisamente, a quien no se permite que la tenga. Propicia y legitima una discursividad subalterna, hasta entonces negada por la sociedad. ¿Cómo explicar el éxito de El humor en la escuela, sus permanentes reediciones, la avidez que provocó su aparición? ¿Cómo explicarlo en tiempos de censura, de terror colectivo, de zozobra diaria, apenas poco más de un año del golpe de estado que quebrara las instituciones y la legalidad del país? "Porque la necesidad de reír es permanente en estos tiempos", sería la consigna años después, aún bajo dictadura, del mensuario cómico El huevo (1982). Es una adecuada respuesta a las interrogantes planteadas. En tiempos de inseguridad la risa puede ser la mejor evasión, capaz de exorcizar la angustia, infundir ánimo, confianza, valor, apaciguar el miedo incluso. Quienes han soportado situaciones límite, de extrema tensión, saben que puede ser un eficaz antídoto. El humor en los libros de Firpo está anunciado en el título y se vuelve indiscutible realidad desde la primera a la última página. Es un humor que surge de la inocencia del desparpajo, de una interpretación sometida a escasos referentes, a veces del equívoco, la ingenuidad o la distracción, que Firpo cuidaba de mantener en su pureza y autenticidad. En una entrevista realizada en 1975 Firpo se declara humorista, para aclarar de inmediato que mi intervención ha sido mínima: solamente para pulir un poquito. El diamante en bruto que es un rasgo de humor mechado en una redacción infantil, debe ser en algunos casos pulido para defender lo que quiso decir el niño, y naturalmente sin distorsionar el origen y el sentido del texto.13
Allí radicaba su sutil sentido del humor, que era creativo aunque muchos no lo entendieran de ese modo. No resulta aventurado afirmar, sin embargo, que es también un humor que se vio potenciado por las circunstancias del momento. Existía necesidad de reír, y en un mundo donde todo, o casi todo, estaba severamente prohibido, El humor en la escuela aparecía como el único humor posible. Aunque parezca una ironía, los libros surgen en un momento ideal para su difusión. Inevitablemente, la dictadura había creado un vacío en el mercado editorial. Atrás había quedado Mónica por Mónica (1967 y 1968), Las aventuras del flaco Cleanto (1969), el primer volumen de Los cuentos de don Verídico (1972) o Veinte mentiras de verdad, publicado por primera vez por la Unión de Magisterio en 1971. El cierre de publicaciones como Misia Dura o La Balota no había hecho más que aumentar esa orfandad. La Pipeta, una olvidada revista quincenal, que concentró a gran parte de los humoristas del momento -Julio César Castro (Juceca), Horacio Buscaglia, Roberto Barry, César Di Candia, Jorge Scheck, Juan Capagorry, Blankito y otros- perduró solo por cinco números, entre noviembre y diciembre de 1975. Después, nada. El vacío se extendía incluso a los conjuntos de carnaval y los programas cómicos de la televisión que debían pasar obligatoriamente por una censura previa. Durante muchos años, por lo menos hasta la muerte de Firpo o aún más, fueron solo sus libros los que levantaron bien en alto la bandera del humor a través de algo distinto, original, hasta inesperado. Los dibujos de Firpo fueron realizados en el correr de varias décadas, al punto que es posible visualizar una evolución en su trazado. No obstante, el interés y la coherencia de composición se mantuvieron intactos durante ese tiempo. Productos de la observación directa, estos dibujos fijan el registro que el maestro realizó de distintas escenas que llamaron su atención.
Son un ejercicio memorístico no exento de imaginación. Significativa es la escena del niño que explica a su padre por qué es el último de la clase. Firpo imagina cómo debió ser la situación y elige para su reproducción los elementos que mejor la subrayan: el padre apoltronado en un sillón, de espaldas, leyendo el diario y fumando; la lámpara, otro sillón y la alfombra para sugerir la habitación; la figura apesadumbrada del niño de pie. Este dibujo también es el único que escapa al espacio de la escuela, comprendido por las aulas, el patio de recreo, algún salón de usos múltiples, la vereda. En la mayoría de los casos Firpo se retrata a sí mismo, siempre de túnica abrochada, calvicie avanzada, en muchos momentos el cigarrillo en la boca o entre los dedos como era muy común ver en aquellos tiempos. Se repite y se enfatiza su rostro sorprendido por las respuestas de los alumnos, sacudido por gestos y ocurrencias insólitas que transgreden lo esperable o por los pormenores de la difícil relación entre los niños o entre niños y niñas. Importante de destacar es la expresividad de los niños, la vivacidad de sus rostros, la gestualidad que ostentan. Entre los alumnos predominan los varones, los más proclives con sus intervenciones a transparentar el medio social de donde provienen al dar cuenta de las amenazas de sus padres de suministrarles castigos físicos, de sus pequeños robos o actos de violencia, de la disparidad entre los contenidos que oyen en sus casas o en el barrio y lo que les imparte la escuela. Todos ellos responden a una educación tradicional y precaria, impuesta por el rigor y con una clara diferenciación en los roles de género.
Los juegos de parónimos ("ocupado y preocupado", "conducta y conductor", "bidón y vidón", "té y test", "senador y cenador") o de distintos significados ("La Paz", "San Martín", "Lavalleja") son algunos de los motivos de sus escenas. De manera similar, hay una serie de dibujos de instancias paralelas donde un niño busca en el diccionario palabras que oye y que, desprendidas de su contexto, conducen a inevitables equívocos. Son dibujos que parecen corresponder a un estadio avanzado y que firma con el seudónimo "jofi" (José Firpo, seguramente). Por último, una pequeñísima muestra, apenas tres dibujos, trascienden la escuela, la participación de los alumnos y las vicisitudes de la profesión: la representación de la multitud callejera, el collage de las piernas o momentos satíricos de la llegada de los españoles a América, tratados en visiones de conjunto, técnica que también emplea, por ejemplo, en el registro de los recreos escolares. Estos dibujos, junto a una carpeta de reseñas, entrevistas periodísticas y otros manuscritos, ingresaron a la Biblioteca Nacional en 2013 por decisión de la señora María Blanca (Lily) Vives, pasando a constituir el Archivo José María Firpo. Desde entonces, la publicación selecta de los dibujos fue un anhelo que concreta hoy la Biblioteca Nacional dando difusión a una faceta casi desconocida de un maestro que, con base en su diario vivir y su capacidad de observación, supo transferir, con fidelidad única, el universo de la escuela de su tiempo al conjunto de la sociedad.
—Alfredo Alzugar
Los dibujos del Maestro Firpo
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Excelente
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