Pornografía sin teoría de género (De Tori Black a Charles Darwin)

Pornografía sin teoría de género

De Tori Black a Charles Darwin

por Leonardo Pittamiglio


El mundo del triple X parece inexpugnable para los movimientos políticos de género. Basta echar una mirada inocente para advertirlo. Ojeando las portadas de Vixen, que en 2018 publicó la película After Dark con la actriz Tori Black, no pude más que advertir lo pertrechada que se haya la pornografía de las teorías de género: el erotismo que emana de cualquier publicidad visual de un sello triple X, es tal, que hasta ignora que puede existir un movimiento que niegue la naturaleza de la sexualidad. Pero el imperio del género es tan vasto, que sería imposible creer que en el mundo del cine para adultos, sus creadores no estén al tanto de estas ideas. El hecho fundamental, es que no las utilizan en absoluto.

Como sea, el porno resiste ferozmente al movimiento político de género que asedia la tradición, el laicismo y la razón. Por igual, un lado y otro de la civilización moderna enfrentan a este nuevo rostro del posmodernismo, sean los conservadores o los progresistas y liberales.

Sin arte no hay literatura, y sin erotismo, no hay pornografía. Esta es la razón por la que la pornografía no podrá incluir los asuntos del género sin perder su razón de ser, sin destruirse. Lo que un artista de cine haría al rendirse a un movimiento político, sería el de abdicar de artista (pensemos en cuantas películas pierden su caráter imaginativo en el momento en que la voz del artista se rebaja a una observación propia de un panfleto). El erotismo es el arte que trabaja la pornografía (sin importar si hablamos de porno-arte o entretenimiento para adultos), y el erotismo tiene mucho menos de construcción social que otros campos humanos como la literatura o la psicología. Y si hay algo que la pornografía expone, es el ser animal del ser humano antes que cualquier otro aspecto de su cultura.

Si el porno quebrara estas reglas de la naturaleza del hombre, el erotismo no se produciría. Imaginen sino como cualquier proclama de género de cualquier grupo o persona en que habla por ella la pasión del militante, hace perder instantáneamente sus rasgos eróticos, aún cuando hablasen largo tiempo sobre el sexo, el género, las orientaciones sexuales y lo demás. ¿No pareciera a veces que una feminista de base, reproduciendo bloques de frases que ya oímos alguna vez antes, deja derretir sus femineidad en un caldo de agua hirviendo? Pues, no habría nada menos erótico que un porno feminista. Incluso llamar a un determinado porno feminista sería atentar contra el porno mismo, de la misma manera que llamar a un tipo de cine cine de oligarcas sería no hacer cine. Porno feminista o cine oligarcas, ambos ultrajan una dimensión sagrada de la cultura.

El porno feminista, si existiera, sería muy diferente al porno femenino, un estilo que realizan muchas directoras, como Kayden Kross que es una de sus principales abanderadas. En el porno femenino, las historias, las tramas, las situaciones suelen ser más importantes que en otros tipos de pornografía donde basta el acto puramente sexual y especialmente carnal (que por supuesto no es del gusto exclusivo del varón). Es un estilo de porno para mujeres y hombres, no es sectario. El porno feminista en cambio no puede existir. Es lo equivalente a un cine militante: solo vale para un grupo ideológico, pero no puede extenderse al resto de la sociedad. Las ideas sobre la sexualidad del feminismo atentan contra las manifestaciones elementales de la naturaleza humana. Al negar al hombre-animal, al hombre-mono, al hombre-serpiente, anula al erotismo, que es una de las claves evolutivas de la especies y que Charles Darwin trató en El origen del hombre atinadamente como selección sexual.

La pornografía muestra convertida en arte el proceso de la selección sexual de la especie. ¿Cómo podría producirse el erotismo sexual, sin enfatizar los masculino y lo femenino en los niveles de lo natural y lo simbólico? El feminismo niega lo primero, y destruye los símbolos de lo segundo. En la imagen del póster de After Dark de Tori Black, los elementos del deseo de la mujer los enfatiza una lencería negra, un cabello lacio, un tatuaje atractivo, labios pintados, uñas rojas, un colgante con la V... Pero no debemos engañarnos, no hay nada de construcción social aquí. Lo mismo valen para nosotros estos rudimentos eróticos fabricados por la cultura, como los cambios de coloración de la piel de los animales en épocas de apareamiento. Un ser social masculino puro, no establece las simetrías entre las curvas femeninas y su carga sexual si debe mediar un razonamiento o una regla aprendida. ¿Podría existir algo más instintivo que el deseo erótico? El cerebro necesita la belleza para que el cuerpo reaccione al deseo; la belleza o algo de su apetito sexual. Si este feminismo aséptico o esterilizado ataca la belleza, no hay posibilidad de erotismo; los dos elementos principales de lo erótico son lo masculino y lo femenino. La pornografía levanta como un estandarte ambos elementos. No los ataca, los defiende y les da forma. En el caso de la mujer, los sacraliza.

El cine pornográfico no puede hacer caso de las conceptualizaciones posmodernas o artificiales, porque está tan necesitado de la naturaleza humana, que no puede producir moneda falsa. En el caso de los actores, dos mujeres pueden engañar, pero no un hombre, como tampoco los consumidores pueden ser engañados, no hay dudas.

Además de esta imposibilidad que está en su razón de ser, tampoco podemos encontrar ideologías de género detrás de los resortes de poder de la industria ni en sus principales protagonistas. Si echamos un vistazo a las categorías utilizadas en las premiaciones de Xbiz y AVN, las dos máximas ceremonias de premios del porno en Estados Unidos (lo mismo sucede en Francia y Canadá), encontramos que los sexos y los géneros estás perfectamente separados y tienen un correlato fiel en la naturaleza. Por un lado compiten los intérpretes femeninos y por el otro los masculinos. No hay posibilidad de que podamos engañar los sexos. Sabemos quién es una actriz y quien un actor. Las categorías del cine transexual tienen un apartado diferenciado que convive con los premios femeninos y masculinos. En el cine pornográfico cualquiera se familiariza con los tres tipos de intérpretes triple X que existen: Boy (B), Girl (G) y TS (Transexual). B/G (el más común) es el encuentro de un hombre y una mujer, B/B/G es un trío de dos hombres, B/G/G es un trío de dos mujeres, G/G es una escena de lesbianas, B/B es una encuentro gay, B/TS es un hombre y un transexual, G/TS es una mujer y un transexual. (*)

El movimiento de género y sus variantes, además de no tener mayor incidencia para el porno, es un férreo enemigo. La pornografía restablece la femineidad y la masculinidad como estándares; no pueden existir conceptos traídos de la filosofía política y fundamentales para las teorías del género como el de cosificación. Lo que para ellos es disciplinamiento, para el porno es erotismo o libertad. No hay idealización posible cuando median las ideas contrarias al organismo sexual, que apagan el fuego, que no encienden pasión, que no revisten a la mujer del arte de la seducción ni al hombre sus habilidades propias. Sin esta contraparte de la mujer decorada, lasciva, las energías masculinas dan golpes al viento, y las femeninas se derriten en el desierto. Por esta razón no vemos elementos eróticos en los movimientos de género: los cuerpos vestidos carecen de sensualidad en la plaza pública, el cuerpo desnudo es un mensaje político en medio de la asamblea, etc. Entre los dos sexos separados estructuralmente, el movimiento de género coloca una persiana de hierro revestida de preceptos y normas que la pornografía debe trascender.

La pornografía eleva las aturas de las diferencias sexuales, las pone en relieve: masculino-femenino, femenino-femenino, masculino-masculino, y también sus variantes: joven-adulto, asiático-caucásico, rubio-castaño-pelirrojo, negro-blanco, inocente-perverso, débil-fuerte, pequeño-alto, esbelto-fornido. Pero ninguna de estas formas obedece a reglas impuestas políticamente, sino que se mueven y se entremezclan a la manera de las olas. Es el arte por el arte, a la manera del Marqués de Sade.

Lo paradójico es que hayan sido otras manifestaciones de la cultura las principales víctimas de las teorías de género: los lugares de trabajo, los desfiles de carnaval, los concursos de belleza o de canto o determinados deportes, las oficinas del estado, antes que la pornografía. Mi observación es que debido a la enorme dependencia que tiene la sexualidad de la naturaleza de la vida, cuya antigüedad puede rastrarse en miles de millones de años, un arte que parta de ella será inmune a las utopías sociales, a las ingenierías administrativas o a las maquinarias políticas.


(*) En los premios AVN, Xbiz, y podríamos agregar los XRCO, los antiguos Hot d'Or, los CAVR, los Spank Bank, los Nightmoves las categorías referente a los intérpretes básicamente son: Female Perfomer of the Year, Best Actress, Best Actor, All-Girl Performer of the Year, Best All-Girl Group Sex Scene, Best Boy/Girl Sex Scene, Best Girl/Girl Sex Scene, Best Three-Way Sex Scene (Girl/Girl/Boy y Boy/Boy/Girl), Male Performer of the Year, Gay Performer of the Year, Transsexual Performer of the Year.


Pornografía sin teorías de género (De Tori Black a Charles Darwin)
Tori Black en la película After Dark (Vixen, 2018)

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