Gino Germani: Estudios sobre sociología y psicología social (1966) (Reseña)
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Gino Germani: Estudios sobre sociología y psicología social. 2da- edición. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1971; 213 págs. [1966]
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Gino Germani: Estudios sobre sociología y psicología social (1966) |
El libro que aquí presentamos recoge una serie variada de ensayos del autor que vieron la luz en su mayoría entre los años 1944 y 1960, bien como artículos en revistas y publicaciones sociológicas, bien como prólogos que el autor escribió a obras de distintos autores. Una parte de ellos fueron ya recopilados en 1956 en un libro ahora agotado (Estudios de Psicología Social). Posteriormente, en 1966, se realizó una nueva recopilación, en la que se añadían algunos artículos hasta entonces inéditos, siendo la que ahora comentamos la segunda edición de esta última, lo que habla de por sí no sólo de la importancia actual de Gino Germani en el panorama de los estudios de sociología y psicología social de Hispanoamérica, sino también de la calidad misma de los trabajos publicados.
Aunque la temática sea variada, procede toda ella de una problemática común, en particular del intento de utilizar los conceptos de la sociología y de la psicología social para interpretar algunos de los problemas de la sociedad contemporánea.
Ello enmarcado en una idea cara a Germani y repetida por él en diferentes lugares <y momentos: la noción de la unidad esencial de las ciencias sociales, con la consiguiente complementariedad de la sociología y de la psicología social.
Por lo demás, es necesario resaltar, como hace el autor en la introducción, el clima general en el que deben ser colocados casi todos los trabajos incluidos en esta colección. Se trata de ensayos escritos en una época de! desarrollo de las ciencias sociales en Hispanoamérica, en la que predominaba la tradición europea, con desconocimiento básico de las corrientes más recientes aparecidas en Estados Unidos. Y, por ello, representaban (¿un esfuerzo para introducir y someter a una evaluación crítica estos nuevos aportes en el ámbito hispanoamericano y dentro de sus características sociales e intelectuales» (pág. 12). De ahí que Germani no dude en afirmar que si tuviera que volver a escribir estos ensayos hoy día, no lo haría del mismo modo, por un lado, por cierta evolución en su orientación teórica y, por otro, habida cuenta del cambio profundo en la situación de la ciencia en Hispanoamérica, que, al menos en lo referente a la sociología y a la psicología social, no se encuentran ya al margen del desarrollo científico a nivel internacional.
Los ensayos, catorce en total, han sido divididos en dos grupos, recogiéndose en el primero, «Problemas de teoría e historia de las doctrinas», aquéllos que hacen relación a cuestiones conceptuales o del método, y en el segundo, «Contribuciones al análisis de la crisis contemporánea», los que se refieren más directamente a la sociedad occidental moderna y a sus instituciones. Si bien la división en tales dos partes es útil para el lector, quizá el reparto de ensayos no sea excesivamente feliz, pues muchos de ellos incorporan la doble vertiente teórica y aplicada, siendo el criterio de inserción probablemente el de la preponderancia relativa de uno u otro aspecto.
El primer trabajo lleva por título «Biología y sociedad en psicología social» y en él trata el autor de llegar a una justificación de la existencia misma de la psicología social como ciencia dentro de la unidad de las ciencias del hombre, delimitando su contenido fundamentalmente en relación con la sociología. Ello no impide reconocer que «en cualquier análisis de fenómenos sociales es necesario pasar continuamente del plano de una de estas ciencias al de la otra, sin posibilidad de mantenerse en una línea rígida». Previamente vienen definidos como necesarios para realizar aquellos fines una serie de conceptos básicos, entre ellos los de pauta cultural, grupo social, configuración común, estructura del carácter social o personalidad social básica y/o de status, etc. La psicología social tendrá por cometido estudiar aquellos aspectos variables de la conducta manifiesta y encubierta (o psíquica) de individuos y grupos en su relación con los elementos estructurales, de los que se ocupa U sociología. Es decir, el por qué de las diferencias en el comportamiento de los individuos ante situaciones parecidas, y el por qué de las diferencias de conducta de los grupos también frente a situaciones semejantes. Hay, pues, una psicología social individual y otra de los grupos. Ni qué decir tiene que a Germani interesa más esta última, que en relación con el carácter social, se ocupa de su formación y transformación, y de su correlación con las características objetivas o estructurales de cada grupo, «porque la relación que hay entre la personalidad social y las condiciones de existencia no es de causa a efecto, sino de interacción, de acción recíproca» (página 23).
La delimitación entre psicología y sociología lleva a Germani a denunciar y advertir acerca de dos posturas que considera igualmente erróneas y que consisten en atribuir un papel decisivo en la explotación de los cambios sociales, ya a los factores psicológicos (psicologismo), ya a los estructurales (sociologismo). La sociología, en tanto «quiere erigirse en una explicación total, se vuelve incompleta y, por lo tanto, errada» (pág. 25).
Se ofrece, a continuación, en este primer trabajo la consideración de uno de los problemas básicos de la psicología social, el de la relación entre herencia y ambiente, o en términos generales, entre lo biológico y lo socio-cultural, en la explicación del psiquismo y de la actividad humana. Es evidente, dice Germani, que la conducta humana es el resultado a la vez de condiciones de orden biológico y de condiciones de orden cultural y social; el problema estriba en determinar el alcance y significado de esos dos órdenes para una explicación causal de la conducta. Frente a las corrientes instintivistas, se adopta la postura ya generalizada de que el comportamiento humano tal como se da en su concreción, es adquirido, y no puede ser explicado directamente por mecanismos biológicos.
En otras palabras, entre lo biológico y lo empíricamente observable, es decir, la actividad humana, está la sociedad, a través de la cual actúa toda condición biológica.
Como ya su título indica, «Evolución de la psicología social», el segundo ensayo, que data de 1952, estudia el desarrollo histórico de la psicología social, desde sus comienzos como ciencia autónoma en el siglo XK hasta nuestros días, y en él se dedican capítulos a las escuelas y movimientos que han influido en el nacimiento y posterior evolución de esta disciplina. Tard y Durkheim, puntos de partida, representan las posiciones más radicalizadas, y a partir de ellos se ha ido forjando una historia no sólo de doctrinas, sino también de técnicas e investigaciones empíricas. Germani dirá que «en rigor de términos, una verdadera psicología social como disciplina autónoma completamente desarrollada sólo la encontraremos dentro del pensamiento anglosajón, sobre todo en los Estados Unidos» (pág. 45), donde se ha cultivado intensamente sobre el plano teórico, pero también, y sobre todo, en el de la investigación. Entre las tendencias y corrientes que se estudian se encuentra la biologista, la doctrina de los instintos, el ambientalismo de Watson, el behaviorismo de Dewey, el interaccionismo social, las teorías sobre motivación, las teorías de la personalidad, el conductismo social de G. H. Mead (a él también dedicado el ensayo número cuatro), incluso el movimiento que sobre los datos de la antropología ha estudiado el tema de las correlaciones entre la personalidad y las características de la cultura.
El tercer trabajo que se ofrece al lector lleva por título «El concepto de actitud: orígenes y significado», y vio inicialmente la luz en 1944. En él se formulan algunos aspectos del surgimiento y desarrollo del concepto de actitud dentro de la psicología social norteamericana, si bien destacando, a la vez, ciertos puntos de contacto con formulaciones teóricas surgidas en el seno de otras tradiciones. Dicho concepto, «sin duda una de las nociones más características e importantes de la psicología social», viene definido por Germani, en la línea de W. I. Thomas, es decir, de superación de las corrientes introspectivistas y conductistas, como una disposición psíquica, para algo o hacia algo, disposición que presenta el antecedente interno de la acción y que llega a organizarse en el individuo a través de la experiencia —o sea, es adquirida— y resulta de la integración de elementos diferenciados biológicos y de elementos socioculturales específicos. El objeto de una actitud es siempre un valor social, un «objeto cultural», es decir, un dato significativo para el grupo social. Además, el carácter social de la actitud se manifiesta también en su forma, en cuanto la sociedad impone modelos específicos de actitud era todas las esferas de la vida social.
Se examinan a continuación las formulaciones que del concepto de actitud dan algunas teorías recientes, terminándose por dibujar algunas aproximaciones al concepto de opinión pública, en cuanto expresión de actitudes públicamente, siempre que se produzca en una situación de controversia, es decir, cuando no exista unidad de actitudes sobre el mismo valor social. Germani destaca cómo, desde el punto de vista de la sociología actual, la opinión pública y, en general, cualquier actitud, no implica necesariamente procesos racionales (frente a la tradición iluminista). No significa que con la opinión esté ausente todo elemento de racionalidad, sino que hay casi siempre una cierta dosis de elementos emocionales, variando la proporción de lo racional y lo irracional en función del objeto de la opinión y del grupo que la sustenta.
Sobre este mismo tema de la opinión pública trata también el trabajo núm. X, que, si bien está ubicado en la segunda parte del libro y, por tanto, se halla más relacionado con el análisis de la sociedad moderna, vamos a sintetizarlo aquí.
Estudia en él Germani el problema de la opinión pública como opinión sobre los sectores más conflictivos de la sociedad, desde su surgimiento en el período iluminista hasta los planteamientos irracionalistas actuales posteriores a las críticas del marxismo y de la sociología del conocimiento. Esta evolución, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, en las concepciones acerca de la formación de las opiniones obedece, según Germani, a una profunda modificación de la situación histórica. «El hombre racional del siglo XVIII corresponde al de una pequeña sociedad de hombres cultos, que es como podría considerarse a la sociedad burguesa de la época. El ser que nos describe la sociología paretiana o el psicoanálisis presenta, en cambio, un estrecho parentestesco con el hombre masa de nuestro tiempo», movido fundamentalmente por impulsos irracionales ocultos y en nombre de ideologías estereotipadas, lo contrario de un madurado fruto de la reflexión (página 176).
Los restantes ensayos de la primera parte del libro tienen menos importancia. El IV («El surgimiento del sí-mismo (self) y los fundamentos de la psicología social: G. H. Mead») y el V («El funcionalismo y la revisión del psicoanálisis: B. Malinowski») son dos prefacios que Germani compuso para las ediciones de las obras Espíritu, sociedad y persona, de G. H. Mead, y El funcionalismo y la revisión del psicoanálisis ortodoxo, de B. Malinowski, respectivamente, y constituyen otras tantas aproximaciones al pensamiento de dichos autores. El breve ensayo sobre «El psicoanálisis y las ciencias del hombre», que hace el número VI, se publicó por primera vez en 1956 y trata de mostrar las contribuciones respectivas que el psicoanálisis y las ciencias del hombre se deben entre sí. El artículo número VII tiene por título «Sociología, relaciones humanas y psiquiatría», y se refiere, también, a las relaciones y aportaciones que la sociología hace a la psiquiatría.
En cuanto al estudio núm. VIII, titulado «Sociología del consumo», su propósito es mostrar la posibilidad y el contenido de una tal rama especial de la sociología, tendente a determinar las condiciones que regulan el surgimiento, la permanencia y la modificación de los hábitos de consumo, así como su interdependencia con respecto al tipo de estructura social y cultural de cada sociedad global y su variabilidad y diferenciación dentro de ésta.
La segunda parte del libro se proyecta más directamente como un diagnóstico de la sociedad contemporánea en profunda crisis de transformación. El primer ensayo de esta parte, número IX del libro, lleva por título «Anomia y desintegración social», y se remonta a 1944. En él se estudian dos conceptos que se utilizan sinónimamente por las ciencias sociales para hacer referencia a los procesos o situaciones de no integración orgánica de grupo. La vida de los hombres se desenvuelve dentro de un sistema de esquemas sociales que constituyen los puntos de referencia necesarios para la orientación de las acciones humanas.
Cuando ese sistema se debilita los hombres pierden la posibilidad de orientarse, se desmoralizan y caen con mayor frecuencia en formas diversas de conducta divergente de la prescrita: tal es el estado de anomia, inicialmente formulado por Durkheim. Mientras la solidaridad orgánica y la integración social conducen a la armonización de funciones, el sistema de anomia, o de desintegración social (en la terminología de Thomas) lleva a la desorganización. Estos dos fenómenos, liberalización-atemorización, analíticamente diversos, pueden superponerse en una misma sociedad histórica, como sucede actualmente en el mundo occidental: subsistencia de muchas estructuras tradicionales más o menos vigentes, formación de nuevas estructuras orientadas por el espíritu «moderno», de carácter racionalista e individualista y, al mismo tiempo, vastos sectores de la vida social parcialmente desintegrados. Consecuentemente, Germani afirma que «no es en el "espíritu moderno", como tal, donde debe buscarse la causa de la desintegración creciente en nuestra sociedad, sino, por el contrario, en el hecho de que ese espíritu no haya podido extenderse e impregnar toda la organización social al subsistir algunas estructuras ya superadas, o bien, al no ser reemplazadas aquéllas que se habían derrumbado» (página 153). Y, más adelante insiste que «se trata, fundamentalmente, de una crisis de crecimiento y, para precisar más, de una crisis que resulta del crecimiento desproporcionado de las diversas partes que constituyen la sociedad» (pág. 161), crisis propia de todo proceso de cambio social y que en la cultura occidental se ha producido con una intensidad jamás experimentada. Se hace necesario el pleno despliegue de los principios de racionalidad que aseguran al individuo el desarrollo de una personalidad autosuficiente, que contrarreste la creciente tendencia hacia una uniformidad mecánicamente impuesta.
Los dos capítulos siguientes plantean un tema muy caro a Gino Germani: el de la libertad y sus condiciones. Redactados inicialmente como prefacios de dos libros importantes: La libertad en el Estado moderno, de H. Laski, y El miédo a la libertad, de E. Fromm, respectivamente, abordan ambos el problema desde el particular ángulo de las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para la libertad. «La libertad —dice Germani— es una condición inherente a la esencia del hombre, pues de ella depende lo específicamente humano de su naturaleza.» «Pero, así como no existe una humanidad abstracta, sino histórica y concreta, así la libertad es también histórica y concretamente determinada» (pág. 177).
Por ello, a cada cultura corresponde definir las condiciones óptimas que, dentro de las circunstancias histórico-sociales existentes, sean capaces de asegurar la realización de ese ideal. Ante la crisis de la libertad adquisitiva del estado burgués, y frente al peligro de su sustitución por los irracionalismos totalitarios, Laski aboga por una planificación democrática fundada en los derechos esenciales del hombre y dirigida a la producción para el consumo de la comunidad y no para el beneficio de unos pocos. A la libertad negativa de la sociedad burguesa es necesario oponer la libertad positiva de la sociedad socialista, rechazando, pues, la afirmación de la incompatibilidad entre libertad y planificación. Por otra parte, y con Eric Fromm, plantea la exigencia ineludible de lograr un fortalecimiento y una expansión de la personalidad de los individuos que los haga dueños de una voluntad y de un pensamiento auténticamente propios. Recordemos que, para Fromm, el fascismo era la expresión política del «miedo a la libertad», de la evasión que el hombre moderno busca por la profunda crisis de su personalidad. En la concepción de Germani, en la que por nuestra parte abundamos, las tesis de Laski y Fromm, en sus dimensiones estructural y psicológica, se complementan, siendo su solución conjunta la única alternativa válida que se ofrece al hombre actual! para salir de la crisis en que se encuentra inmersa la sociedad.
«La sociología y el problema de la vida moral» es el título del ensayo, hasta ahora inédito, que constituye el capítulo XIII del libro. Se examina el tema desde la perspectiva de las aportaciones de la sociología y otras ciencias del hombre al problema del comportamiento moral.
Tres proposiciones generales pueden formularse: i), existencia de una pluralidad y variedad de sistemas morales; 2), existencias de correlaciones entre el sistema moral de una sociedad y las otras parte de su estructura; 3), actitud de neutralidad, de relativismo cultural y metodológico que debe asumir la ciencia.
De estos resultados caben extraerse una serie de consecuencias, algunas de ellas no aceptables en rigor científico, y otras, en cambio, valorables positivamente desde la perspectiva de la ciencia. Entre las primeras, Germani niega categoría científica a las siguientes: a), derivar del relativismo metodológico de la ciencia un relativismo ético; b), afirmar la validez de un sistema moral tan sólo por ser histórica y sociológicamente explicable; c), «aunque quizá sea posible una ética puramente racional, no se cuenta por ahora con el aporte de resultados científicos necesarios para su fundamentación» (página 196). Pero cabe obtener aportaciones positivas de la sociología y otras ciencias del hombre, las cuales, si bien no nos aclaran el problema de cómo comportarnos en cada situación concreta, sí nos proporcionan algunas indicaciones acerca de las condiciones óptimas que hacen posible una contestación libre, en alguna medida, de factores determinantes «externos» a la razón y a la voluntad consciente del individuo. Es obvio que la forma de valorar una situación es, a su vez, el producto de una valoración.
¿Por qué aceptamos como positivos el valor de la decisión racional, el valor de la libertad y el valor del individuo? Tal elección «no puede apoyarse, por lo menos por ahora, en proposiciones científicas» (pág. 205).
El último trabajo acumulado en el libro de Germani se enfrenta con la realidad de la crisis de la familia tradicional en el último siglo, y frente a sus enterradores, el autor se muestra optimista ante la vitalidad que en los últimos años ha manifestado en determinadas zonas y culturas del mundo la institución familiar, con la emergencia de un «nuevo tipo de familia» adaptado a las características de la sociedad industrial, y que, en definitiva, manifiesta la necesidad ineludible de la familia en relación con las funciones permanentes y universales que realiza: en concreto, ser el único mecanismo adecuado para transformar al ser biológico recién nacido en ser humano, o en otras palabras, para realizar el proceso de socialización del individuo.
—MANUEL DE LA ROCHA.
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Gino Germani: Estudios sobre sociología y psicología social. 2da- edición. Editorial Paidos. Buenos Aires, 1971; 213 págs.
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