Alfred Schütz: Estructuración del mundo social presupuesto (Cap. 1 de Estudios sobre teoría social, 1962-1966)
Estudios sobre teoría social
Alfred Schütz
l. Estructuración del mundo social presupuesto
Comenzaremos examinando el mundo social en las diversas articulaciones y formas de organización que constituyen la realidad social para los hombres que viven dentro de él. El hombre nace en un mundo ya existente antes de su nacimiento, y este mundo es, desde el comienzo no sólo físico, sino también sociocultural. Este último es un mundo preconstituido y preorganizado, cuya estructura específica es el resultado de un proceso histórico y difiere, por lo tanto, en cada cultura y cada sociedad.
Ciertas características, sin embargo, son comunes a todos los mundos sociales porque tienen sus raíces en la condición humana. En todas partes encontramos la división en grupos por sexo y por edad, así como cierta división del trabajo condicionada por ellos; y también organizaciones más o menos rígidas de parentesco que ordenan el mundo social en zonas de diversa distancia social, desde la íntima familiaridad hasta la ajenidad. También hallamos en todas partes jerarquías de preponderancia y subordinación, de dirigentes y partidarios, de los que mandan y los que obedecen. En todas partes encontramos una manera aceptada de vida, es decir, una concepción de cómo entenderse con las cosas y los hombres, con la naturaleza y con lo sobrenatural. En todas partes hay objetos culturales, como las herramientas necesarias para dominar el mundo externo, juguetes para niños, artículos de adorno, instrumentos musicales de algún tipo, objetos que sirven como símbolos para el culto, etc. Hay ciertas ceremonias que señalan los grandes sucesos del ciclo vital del individuo (nacimiento, iniciación, matrimonio y muerte), o del ritmo de la naturaleza (siembra y cosecha, solsticios, etc.).
Los científicos sociales han intentado con frecuencia clasificar las diversas actividades de los hombres que se comprueban en todas las organizaciones sociales, estableciendo una lista de necesidades básicas que deben ser satisfechas mediante las funciones del organismo social.
En el actual estado de las ciencias sociales, todas esas listas de necesidades consideradas básicas y generales parecen, a lo sumo, recursos heurísticos formulados de modo más o menos adecuado y, como tales, indudablemente útiles.
Sólo el examen de la condición humana en general, del lugar del hombre en el cosmos -es decir, sólo una antropología filosófica plenamente desarrollada-, puede dotarnos de los elementos necesarios para solucionar este problema. Los últimos escritos de Scheler sugieren que proyectaba tal estudio. En este artículo no nos corresponde emprender una tarea semejante, Describiremos, en general, ciertos aspectos de la realidad social tal como la experimentan los hombres que viven su vida cotidiana dentro de ella, entre sus semejantes.
El hombre experimenta el mundo social en que ha nacido, y dentro del cual debe orientarse, como una apretada trama de relaciones sociales, de sistemas, de signos y símbolos con su particular estructura de sentido, de formas institucionalizadas de organización social, de sistemas de estatus y prestigio, etc, Todos los que viven dentro del mundo social presuponen el sentido de todos estos elementos, en toda su diversidad y estratificación, así como el esquema de su trama. La suma total del aspecto natural relativo que presenta el mundo social para quienes viven dentro de él constituye -para emplear una expresión de William Graham Sumner- los usos tradicionales (folkways) del endogrupo, que son socialmente aceptados como el modo bueno y correcto de entenderse con las cosas y los semejantes. Se los presupone porque han sido confirmados hasta el momento y, como son aprobados socialmente, no se les exige explicación ni justificación.
Estos usos tradicionales representan la herencia social que se transmite a los niños que nacen y crecen dentro del grupo; por un proceso de aculturación, el extraño que se acerca al grupo y desea ser aceptado por él tiene que aprender, al igual que el niño, no sólo la estructura y significación de los elementos, a interpretar, sino también el esquema de interpretación que rige en el endogrupo y es aceptado por éste sin discusión.
Ello se debe a que el sistema de usos tradicionales establece la norma en términos de la cual el endogrupo «define su situación». Más aún: originándose en situaciones anteriores definidas por el grupo, el esquema de interpretación hasta entonces confirmado pasa a ser un elemento de la situación actual. Presuponer el mundo sin discusión involucra la premisa, hondamente arraigada, de que aquél seguirá siendo, hasta nuevo aviso, sustancialmente igual que hasta ese momento; de que lo comprobado hasta entonces como válido seguirá siéndolo, y de que todo aquello que nosotros u otros como nosotros pudimos hacer una vez con éxito puede ser hecho de nuevo de manera similar, y producir en esencia los mismos resultados.
Claro está que lo que hasta el momento estuvo fuera de duda y fue indiscutible siempre puede ser cuestionado; en tal caso, o que se presupone pasa a ser problemático. Tal será el caso, por ejemplo, si en la vida individual o social surge un suceso o situación que no es posible enfrentar aplicando el esquema tradicional y habitual de conducta o interpretación. Denominamos a tal situación una crisis que es parcial si torna cuestionables sólo algunos de los elementos del mundo que se presupone y total si invalida todo el sistema de referencia el esquema mismo de interpretación.
Para nuestros fines, será necesario investigar un poco más a fondo la estructura del conocimiento de sentido común que tiene sobre los usos tradicionales el hombre que vive su vida cotidiana dentro del grupo, y también su manera de adquirir tal conocimiento. Este conocimiento de sentido común no es en modo alguno idéntico al del investigador social. Los sociólogos modernos que estudian el sistema social en sí describen un grupo social concreto, por ejemplo, como un contexto estructural y funcional de roles sociales y de relaciones de estatus entrelazados, de pautas de efectuación y de significación. Estas pautas, en la forma de expectativas atribuidas a esos roles y relaciones de estatus, se hacen motivacionales para las acciones actuales y futuras de quienes tienen a su cargo las funciones prescriptas por la posición que ocupan dentro de ese sistema.
Conviene, sin embargo, recordar que lo que los sociólogos llaman «sistemas», «rol», «estatus», «expectativas de rol» «situación» e «institucionalización» es experimentado por el actor individual en el escenario social en términos muy diferentes Para el, todos los factores denotados por esos conceptos son elementos de una red de tipificaciones; tipificaciones de seres humanos, de sus pautas de cursos de acción, de sus motivos y objetivos o de los productos socioculturales originados en sus acciones. Dichos tipos fueron elaborados en lo fundamental por otros, sus predecesores o contemporáneos, como herramientas adecuadas para entenderse con las cosas y los hombres, y que el grupo en el cual ha nacido acepta como tales. Pero existen también autotipificaciones: el hombre tipifica en cierta medida su propia situación dentro del mundo social y las diversas relaciones que tiene con sus semejantes y objetos culturales.
El conocimiento de estas tipificaciones y de su uso adecuado es un elemento inseparable de la herencia sociocultural transmitida al niño que nace en el grupo por sus padres y maestros, los padres de sus padres y los maestros de sus maestros; en consecuencia, es de origen social. La suma total de esas diversas tipificaciones constituye un marco de referencia en términos del cual debe ser interpretado, no sólo el mundo socio-cultural, sino también el mundo físico, marco de referencia, que, pese a sus incongruencias y su opacidad inherente, posee integración y transparencia suficientes como para ser utilizado para resolver la mayoría de los problemas prácticos. Cabe destacar que la interpretación del mundo en términos de tipos, tal como la entendemos aquí, no es el resultado de un proceso de raciocinio, y menos aún de conceptualización científica, El mundo, tanto físico como sociocultural, es experimentado desde el comienzo en términos de tipos: existen montañas, árboles, pájaros, peces, perros y, entre éstos, perdigueros irlandeses; hay objetos culturales tales como casas, mesas, sillas, libros, herramientas y, entre éstas, martillos; y existen roles y relaciones sociales típicos, tales como padres, hermanos, allegados, extranjeros, soldados, cazadores, sacerdotes, etc. Así, las tipificaciones, en el nivel del sentido común -a diferencia de las tipificaciones hechas por el hombre de ciencia, y, en particular, el científico social-, emergen en la experiencia cotidiana del mundo como presupuestas, sin ninguna formulación de juicios ni de formulaciones claras, con sujetos y predicados lógicos. Digamos, empleando un término fenomenológico, que pertenecen al pensamiento prepredicativo. El vocabulario y la sintaxis del lenguaje corriente cotidiano resumen las tipificaciones socialmente aprobadas por el grupo lingüístico.
Pero, ¿en qué consiste el proceso de tipificación? Si llamamos perro a un animal, ya hemos efectuado una especie de tipificación. Cada perro es un individuo único y, como tal, diferente de todo otro perro, aunque tiene en común con los demás perros un conjunto de rasgos y cualidades característicos. Al reconocer a Rover como un perro y llamarlo así, dejo de lado lo que hace de Rover el perro único y singular que es para mí. La tipificación consiste en pasar por alto lo que hace del individuo un ser singular e irreemplazable, se prevé en él una conducta propia, de un perro, una determinada manera de comer, correr, etc.
Aun mi noción del Rover singular y único supone ya una tipificación de lo que considero su conducta habitual. Y hasta el Rover enfermo tiene su manera típica de estar enfermo. El problema de la tipificación fue estudiado por Husserl. Por otra parte, puedo ver en Rover un mamífero, o un animal, o simplemente un objeto del mundo externo.
Toda tipificación consiste en la igualación de rasgos significativos para el propósito particular a mano con vistas al cual se ha formado el tipo, y en dejar de lado aquellas diferencias individuales de los objetos tipificados que no son significativos para dicho propósito. No hay nada que sea un tipo puro y simple. Todos los tipos son términos relacionales que llevan consigo -para utilizar una expresión matemática- un subíndice que se refiere al propósito para el cual se ha elaborado el tipo, Y este propósito no es sino el problema teórico o práctico que, como consecuencia de nuestro interés determinado por la situación, ha surgido como cuestionable del fondo incuestionado del mundo presupuesto. Nuestro interés actual, sin embargo, proviene de nuestra situación biográfica actual dentro de nuestro ambiente, tal como la definimos nosotros.
La referencia del tipo al problema para cuya solución ha sido elaborado, su significatividad para el problema, como la llamaremos, constituye el significado de la tipificación. Es posible elaborar así una serie de tipos de objetos concretos singulares, los cuales destacan ciertos aspectos que el objeto tiene en común con otros, porque sólo estos aspectos son significativos para el problema práctico o teórico a mano. Cada problema exige, entonces, otro género de tipificación.
Puede decirse que el problema bien delimitado es el centro focal de todos los tipos posibles que pueden formarse para su solución, es decir, de todos los tipos significativos para el problema. También podemos decir que todos estos tipos pertenecen, por el hecho mismo de referirse al mismo problema, al mismo dominio de significatividades.
Sería mas exacto decir que un dominio de significativivades se halla constituido por un conjunto de problemas relacionados, ya que, como se debe recordar, no existen problemas aislados. Todo problema lo es dentro de un contexto; lleva consigo sus horizontes exteriores, que remiten a otros problemas, y tiene horizontes interiores infinitos cuyas complicaciones pueden hacerse explícitas, al menos potencialmente, mediante nuevas indagaciones. Determinar las condiciones en que se debe considerar satisfactoriamente resuelto un problema, es decir, el punto en el cual puede cesar toda indagación ulterior, es un elemento de la formulación del problema mismo. Esto, dicho sea de paso, supone trazar una línea demarcatoria entre los rasgos significativos para el problema y todos los otros elementos del campo que se examina, considerados como meros «datos». De tal modo, los datos son, por el momento, hechos indiscutidos que no hace falta cuestionar hasta nuevo aviso. Sin embargo, es precisamente el sistema de significatividades para el problema el que establece los límites entre lo típico y lo que se ha dejado de lado en la tipificación. (Es frecuente la peligrosa falacia de confundir lo no tipificado con lo atípico.)
Puesto que el sistema de significatividades para el problema depende, a su vez, de los intereses originados en una situación particular, quiere decir que el mismo objeto o suceso puede resultar significativo o no significativo, tipificado o no tipificado, y hasta típico y atípico, en relación con los diferentes problemas a resolver y las diversas situaciones dentro de las cuales surge el objeto o suceso, vale decir, en relación con diferentes intereses. Un ejemplo de este último caso: si los padres observan que su hijo actúa de una manera «extraña», o sea atípica, un psicólogo puede tranquilizarlos informándoles que es «típico» de los niños de esa edad comportarse como lo hacen. Los padres y los psicólogos simplemente emplean diferentes sistemas de significatividades y, por ende, diferentes tipos para interpretar el mismo suceso.
De este modo, el campo de la experiencia cotidiana se estructura, en un momento determinado, en diversos dominios de significatividades, y es precisamente el sistema de significatividades vigente lo que determina qué se debe presuponer como típicamente igual (homogéneo) y qué como típicamente diferente (heterogéneo). Este enunciado es válido para toda clase de tipificaciones, Sin embargo, en el mundo social presupuesto encontramos -como lo han indicado nuestros anteriores análisis- un sistema socialmente aprobado de tipificaciones, al cual se denomina los modos de vida del endogrupo. De igual manera, constituye una estructura específica de dominios de significatividades que también se presuponen. Es fácil comprender su origen: el mundo que el endogrupo presupone es un mundo de una situación común dentro del cual surgen problemas comunes en un horizonte común, problemas que exigen soluciones típicas por medios típicos para lograr fines típicos.
Cada uno de estos problemas determina lo que es significativo para el problema y lo que no lo es. De este modo, los dominios socialmente aceptados de significatividades comunes quedan circunscriptos, aunque esto no significa necesariamente que su sistema esté totalmente integrado o que no se entrecrucen. Pueden ser, y con frecuencia son, incompatibles, y a veces hasta se contradicen. El sistema tampoco es estático. Por el contrario, cambia, digamos, de una generación a otra, y su evolución dinámica es una de las causas principales de cambios en la estructura social misma.
Un sistema de significatividades y tipificaciones, tal como existe en todo momento histórico, forma parte en sí mismo de la herencia social y, como tal, es transmitido a los miembros del endogrupo en el proceso educacional. Tiene diversas funciones importantes:
1. Determina qué hechos o sucesos deben ser tratados como sustancialmente -o sea típicamente- iguales (homogéneos) con el fin de resolver, de una manera típica, problemas típicos que surgen o pueden surgir en situaciones tipificadas como iguales (homogéneas).
2. Transforma las acciones individuales singulares de seres humanos singulares en funciones típicas de roles sociales típicos, que se originan en motivos típicos encaminados a lograr fines típicos. Los demás miembros del endogrupo prevén que el encargado de tal rol social actuará de la manera típica definida por su rol. Por otra parte, al cumplir su rol la persona se tipifica a sí misma; es decir, resuelve actuar de la manera típica definida por el rol social que ha asumido. Resuelve actuar como se supone que actúa un comerciante, un soldado, un juez, un padre, un amigo, un capataz, un deportista, un camarada, un gran tipo, un buen muchacho, un norteamericano, un contribuyente, etc. Todo rol, pues, supone una autotipificación por parte de quien lo asume.
3. Funciona como esquema de interpretación y como esquema de orientación para cada miembro del endogrupo, creando de esa forma un universo de discurso entre ellos. Se supone que cualquiera (incluido yo) que actúe de la manera típica socialmente aprobada, está motivado por los motivos típicos pertinentes y aspira a lograr la situación típica correspondiente. Tiene una probabilidad razonable de entenderse, mediante tales acciones, con todo el que acepte el mismo sistema de significatividades y presupongo las tipificaciones que en él se originan. Por una parte, debo aplicar, para comprender a otro, el sistema de tipificaciones aceptado por el grupo al cual ambos pertenecemos. Por ejemplo, si él emplea el idioma inglés, debo interpretar sus enunciados en términos del código del diccionario y la gramática ingleses. Por la otra, debo utilizar, para hacerme comprender por el otro, el mismo sistema de tipificaciones como esquema de orientación para mi acción proyectada, Por supuesto, es sólo probable, vale decir, verosímil, que el esquema de tipificaciones empleado por mí como esquema de orientación coincida con el que utiliza mi semejante como esquema de interpretación; de lo contrario, serían imposibles los malentendidos entre personas de buena voluntad. Pero presuponemos, al menos como primera aproximación, que ambos expresamos lo que queremos decir y decimos lo que queremos expresar.
4. Las probabilidades de éxito de la interacción humana -es decir, el establecimiento de una congruencia entre el esquema tipificado que el actor utiliza como esquema de orientación y sus semejantes como esquema de interpretación- aumentan si el esquema de tipificación es estandarizado, y el sistema de significatividades correspondientes, institucionalizado. Los diversos medios de control social (costumbres, principios morales, leyes, reglas, rituales, etc.) sirven a este propósito.
5. El sistema socialmente aprobado de tipificaciones y significatividades es el campo común dentro del cual se originan las tipificaciones privadas y las estructuras de significatividades de los miembros individuales del grupo. Esto se debe a que la situación privada del individuo, tal como él la define, es siempre una situación dentro del grupo; sus intereses privados son intereses respecto de los del grupo (ya sea por particularización o por antagonismo) y sus problemas privados se sitúan necesariamente en el contexto de los problemas del grupo. A su vez, este sistema privado de dominios de significatividades puede ser incoherente en sí mismo, así como incompatible con el sistema socialmente aprobado. Puedo, por ejemplo, adoptar actitudes muy diferentes hacia los problemas del rearme estadounidense según mis roles sociales como padre de un muchacho, contribuyendo al fisco, como miembro de una Iglesia, ciudadano patriota, pacifista y economista experto. Sin embargo, todos estos sistemas de significatividades parcialmente contradictorios y superpuestos (tanto los que presupone el grupo como los míos privados), constituyen dominios particulares de significatividades; todos los objetos, hechos y sucesos son homogéneos, en el sentido de que son significativos para el mismo problema. En cambio, se llamará heterogéneos a los elementos pertenecientes a diferentes dominios de significatividades.
Debemos tener siempre en cuenta que, aun dentro de un dominio homogéneo, difieren los grados de excelencia de las características y rasgos tipificados, y los rasgos y características que no están circunscriptos por el tipo elaborado y pueden ser llamados «elementos hasta ahora no tipificados». El tipo «soldado», por ejemplo, incluye a generales tanto como a soldados rasos; el tipo «universitario» a estudiantes y profesores, y entre ellos a personas de diversas aptitudes y antecedentes académicos. En este sentido, igualdad y desigualdad aluden a diversos grados de superioridad en cuanto a desempeño, logro y estatus, pero sólo de elementos homogéneos; o sea que a este respecto sólo son comparables los elementos pertenecientes al mismo dominio de significatividades.
El orden de los dominios de significatividades vigentes en un grupo social determinado es, en sí mismo, un elemento de la concepción natural relativa del mundo que el endogrupo presupone como un modo de vida indiscutido. En cada grupo, el orden de esos dominios tiene su historia particular. Es un elemento del conocimiento socialmente aprobado y de origen social, con frecuencia institucionalizado. El establecimiento de este orden es atribuido a diversos principios.
Sin embargo, al margen del principio particular según el cual se ha establecido en determinado grupo el orden de los diversos dominios de significatividades, se pueden formular ciertos enunciados generales acerca de su estructura formal:
1. Los diversos dominios de significatividades no son conmensurables; son esencialmente heterogéneos. Es imposible aplicar los criterios de superioridad válidos en un dominio de significatividades a otro.
2. Tanto la estructura de significatividades que constituye los particulares dominios de significatividades como el orden mismo de estíos dominios se hallan en flujo continuo dentro de cada grupo. Este es un factor decisivo en la dinámica de las nociones de igualdad y desigualdad aceptadas por un grupo determinado. Estos conceptos cambian: a) si, por una u otra razón, la estructura de significatividades que delimita un dominio particular de tipificaciones ya no es presupuesta sin discusión, sino que se vuelve cuestionable, lo cual hace que un dominio particular de significatividades sea penetrado por otro heterogéneo; o b) si el orden de los dominios de significatividades deja de ser socialmente aprobado y presupuesto.
3. No obstante, dado que los dominios de significatividades y su orden son en sí mismos elementos de la situación social, pueden ser definidos de diversas maneras según su sentido subjetivo o su sentido objetivo.
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Alfred Schütz: Estructuración del mundo social presupuesto (Cap. 1 de Estudios sobre teoría social, 1962-1966) |
Estudios sobre teoría social
Alfred Shütz
Buenos Aires, Amorrortu, 1974. pp. 212 y ss.
Reseña
Esta obra en dos volúmenes recoge numerosos ensayos que abarcan casi treinta años de investigaciones y, escritos desde su llegada a Estados Unidos a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Alfred Schutz planeó recopilar y publicar en inglés antes de morir. Si bien abordan una gran variedad de problemas, pueden considerarse variaciones, transposiciones o desarrollos de un tema principal alrededor del cual giran su pensamiento y su obra. La preocupación por la estructura provista de sentido del mundo de la vida cotidiana fue el fil conducteur de su vida intelectual, y su tarea central, concretar una filosofía de la realidad mundana o -dicho en lenguaje más formal- una fenomenología de la actitud natural. Poseedor del raro privilegio de captar de manera global los problemas concretos de la sociología, la psicología social, la economía, la historia, la teoría política y la jurisprudencia, así como del mecanismo filosófico capaz de manipularlos, Schutz articula en su filosofía una sola intuición: el descubrimiento, en su cabal profundidad, de las presuposiciones, estructura y significación del mundo del sentido común; y es la comprensión de la realidad eminente de la vida de sentido común la clave que permite entender su obra. Los Estudios sobre teoría social, compilados por Arvid Brodersen, integran, junto con El problema de la realidad social, esta obra originalmente publicada bajo el título de Collected Papers en la colección «Phaenomenologica». Le sigue en esta biblioteca Las estructuras del mundo de la vida, completada por Thomas Luckman sobre la base del manuscrito que dejó al morir el gran maestro austríaco.
Año de publicación original: 1962–1966:
Collected Papers I: The Problem of Social Reality. Edited by M.A. Natanson and H.L. van Breda. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
Collected Papers II. Studies in Social Theory. Edited by A. Brodersen. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
Collected Papers III. Studies in Phenomenological Philosophy. Edited by I. Schutz, Aron Gurwitsch. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
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