Alfred Schütz: El ciudadano bien formado. Ensayo sobre la distribución social del conocimiento (Estudios sobre teoría social, 1962-1966)
El ciudadano bien formado
Ensayo sobre la distribución social del conocimiento
Alfred Schütz
Estudios sobre teoría social
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Alfred Schütz: Estudios sobre teoría social (1962-1966) |
Existe un acerbo de conocimiento teóricamente disponible para todos, acumulado por la experiencia práctica, la ciencia y la tecnología como concepciones fundamentadas. Pero este acerbo no está integrado; consiste en una mera yuxtaposición de sistema de conocimiento más o menos coherente, que por su parte no son coherentes, ni siquiera compatibles, unos con otros.
Lo mismo se verifica respecto del mundo social en que vivimos. Confiamos en que, si actuamos hacia ellos de una manera específica, nuestros semejantes reaccionarán como prevemos; en qué instituciones funcionarán; en que un orden de leyes y costumbres, de creencias religiosas y políticas determinará la conducta de nuestros semejantes como determina la nuestra. En términos del grupo social, podemos decir, que todo endogrupo tiene un concepto relativamente natural del mundo que sus integrantes presuponen.
El conocimiento está distribuido socialmente, y del mecanismo de esa distribución puede hacerse el objeto de una disciplina sociológica.
Diversos motivos impulsan a los hombres adultos que viven su vida cotidiana en su civilización moderna a aceptar sin discusión algunas partes del concepto relativamente natural del mundo natural que les ha sido transmitido, mientras cuestionan otras partes. Construiremos tres tipos ideales a los que denominaremos el experto, el hombre común y el ciudadano bien informado.
El conocimiento del experto se limita a un campo restringido, pero dentro de él es claro y nítido. Sus opiniones se basan en afirmaciones fundamentales; sus juicios no son meras conjeturas ni suposiciones vagas.
El hombre común tiene un conocimiento funcional de muchos campos que no son necesariamente coherentes entre sí; un conocimiento de recetas que indican cómo obtener en situaciones típicas, resultados típicos por medios típicos. Las recetas indican procedimientos en los que se puede confiar aunque no sean claramente comprendidos. Siguiendo la prescripción como si se tratar de un ritual, se puede obtener el resultado deseado sin cuestionar por qué se debe dar cada paso del procedimiento.
El ciudadano bien informado se sitúa entre el tipo ideal del experto y el del hombre común. Por una parte, no posee ni aspira a poseer un conocimiento de experto; por la otra no se satisface con la vaguedad de un mero conocimiento de recetas ni con la irracionalidad de sus pasiones y sentimientos no clarificados. Estar bien informado significa para él, llegar a opiniones razonablemente fundamentadas en campos que tienen, para él interés inmediato.
En cualquier momento de la vida cotidiana cada uno de nosotros es simultáneamente experto, ciudadano bien informado y hombre común, pero en cada caso con respecto a diferentes ámbitos del conocimiento. Los tres tipos de conocimiento hasta aquí examinados difieren en cuanto su disposición a suponer cosas.
Se considera que lo propuesto está simplemente dado y tal como yo u otros en quienes confío lo hemos experimentado e interpretado. Todo nuestro posible cuestionamiento de lo desconocido surge sólo dentro de ese mundo de cosa supuestamente ya conocidas y presupone su existencia.
Es necesario aclarar la relación entre el interés y la distribución del conocimiento.
Es nuestro interés a mano el que motivo todo nuestro pensar, proyectar, actuar, planteando así el problema que nuestro pensamiento debe resolver y los objetivos que nuestras acciones deben alcanzar.
Para nuestros fines podemos distinguir aproximadamente cuatro regiones de significatividades decrecientes: primero está esa parte del mundo a nuestro alcance que podemos observar de modo inmediato y también cambiar y reordenar mediante nuestras acciones. Segundo, existen otros campos vinculados de modo inmediato con la zona de significatividad primaria porque brindan las herramientas ya creadas que deben emplearse para alcanzar el fin proyectado o porque establecen las condiciones de las cuales depende nuestra planificación misma o su ejecución. Tercero, hay otras zonas que por el momento no tienen tal vinculación con los intereses a mano. Las llamaremos zonas relativamente no significativas. Y, por último, están las zonas que proponemos llamar absolutamente no significativas porque, ningún cambio posible dentro de ellas influirá en nuestro objetivo a mano.
Cada interés a mano no es sino un elemento dentro de un sistema jerárquico de intereses que en la vida cotidiana llamaremos nuestros planes. Este sistema no es constante porque al cambiar desde cualquier ahora hasta el ahora siguiente, cada interés adquiere un peso diferente; ni tampoco es homogéneo porque, aun en la simultaneidad de cualquier ahora, podemos tener intereses muy dispares.
Las zonas o regiones de diversa significatividad se superponen, presentando las más variadas interpretaciones y enclaves.
Debemos definir dos tipos de sistemas de sigificatividades, a lo que podemos determinar designificatividades intrínsecas y de significatividades impuesta. Las primeras son el resultado de nuestros intereses elegidos, establecidos por nuestra decisión espontánea de resolver un problema mediante nuestra acción o de concretar un estado de cosas proyectado. Podemos en cualquier momento el centro de este interés y de este modo modificar las significatividades que le son inherentes.
No obstante no, se nos impone significativos situaciones y sucesos que no son vinculan con intereses elegidos por nosotros, que no derivan de actos de nuestro albedrío y que debemos recibir tal como son, sin poder alguno para modificarlos mediante nuestras actividades. Mientras no se logra esto, no consideramos las significatividades impuestas como vinculadas con nuestros objetivos espontáneamente elegidos. Por sernos impuestas, quedan sin aclarar y son más incomprensibles.
Hay un sector del mundo al alcance común mío y de mis semejantes. Compartimos un ambiente que debe ser definido por nuestros intereses comunes.
Está presente la intersubjetividad, presupuesto mediante el cual el individuo advierte que no está solo, sino que se encuentra en contacto con los demás actores social; adoptando una actitud natural. La actitud natural es aquella que el hombre utiliza para actuar empleando el sentido común, presuponiendo en este sentido, que no vive solo en el mundo sino que coexisten hombres con niveles de conciencia similares o iguales que los suyos.
Sin duda ambos tendremos sistemas diferentes de significatividades y un conocimiento del ambiente común. Al dirigirnos espontáneamente uno hacia el otro compartimos al menos algunas significatividades intrínsecas. En toda interacción social subsiste un parte del sistema de significatividades intrínsecas de cada participante que no es compartida por el otro. Tal es la distribución del conocimiento en la relación social entre individuos, si cada uno ocupa su lugar definido en el mundo del otro y si cada uno es controlado por el otro.
Estamos por así decirlo, potencialmente sujetos al control remoto de todos. Nuestro propio ambiente social se halla al alcance de todos en todas partes; otro anónimo puede ponernos sobre su control, junto con nuestro sistema de intereses y significatividades. Cada vez somos menos sueños de determinar por nosotros mismo lo que es significativo para nosotros. Nos vemos obligados a tomar en cuenta las significatividades impuestas política, económica y socialmente que están fuera de nuestro control.
El Hombre común vive ingenuamente, en las significatividades intrínsecas propias y de su endogrupo. En cuanto a las significatividades impuestas, las toma en cuanta sólo como elementos de la situación a definir o como datos o condiciones de su curso de acción. Están simplemente dadas y de nada sirve tratar de comprender su origen y su estructura.
El experto halla su ubicación en un sistema de significatividades impuestas; estos es, impuestas por los problemas preestablecidos dentro de su dominio. Sin duda hay problemas marginales, y hasta ajenos a su campo específico, pero el experto se inclina a asignarlos a otro experto, a quienes atribuye interés en ellos. Todo su conocimiento se remite a este marco de referencia que ha sido establecido de una vez para siempre.
El ciudadano bien informado se sitúa en un ámbito que corresponde a un número infinito de marcos posibles de referencia. No hay fines preestablecidos ni límites fijos dentro de los cuales pueda buscar refugio. Debe elegir el marco de referencia eligiendo su interés; debe investigar las zonas de significatividad unidas a él; y debe reunir todo el conocimiento posible acerca de las fuentes de las significatividades que actual o potencialmente se le imponen. Por esta misma razón necesita formarse una opinión razonable y buscar información.
La mayor parte de nuestro conocimiento consiste en experiencias que no hemos tenido nosotros, sino nuestros semejantes, contemporáneos o predecesores y que nos han comunicado o transmitido. Denominaremos conocimiento de origen social a este tipo de conocimiento, el cual se basa en una idealización implícita que puede ser formulada de la siguiente manera: lo que para él es un objeto realmente existente de su experiencia actual, es para mí un objeto especiosamente existente de una experiencia posible.
El conocimiento de origen social puede surgir de cuatro maneras diferentes. Primero, puede provenir de la experiencia inmediata de otro individuo que me la comunica; esta creencia presupone además cierta conformidad de mi sistema de significatividades con el cuerpo del testigo presencial. De otro modo, me inclino a presuponer que yo habría observado ciertos aspectos de suceso informado que no advirtió el que informa o viceversa. La segunda fuente de conocimiento de origen social puede ser la experiencia inmediata de otro individuo que no es necesariamente un testigo presencial, ni me informa necesariamente de un modo directo. Llamaremos a tal individuo un informante privilegiado, en cuyo informe creo basándome en el supuesto de que él por experimentar el suceso aludido en un contexto de significatividad único o típico. En tercer lugar, tenemos la opinión de otro individuo que se basa en hechos tomados de una u otra fuente de conocimiento inmediato o de origen social, pero ordenados y agrupados con un sistema de significatividades similar al mío. Llamaremos a tal individuo analista, cuya opinión tiene tanto o más peso para mí cuanto más puedo verificar los datos en que se basa y cuanto más convencido estoy de que sus sistema de significatividades es congruente con el mío. Tenemos, por último, la opción de otro individuo, basadas en las mismas fuentes que las del analista, pero agrupadas de acuerdo con un sistema de significatividades que difiere considerablemente del mío. Lo llamaremos el comentador.
Todo conocimiento recibe un peso adicional si es aceptado, no sólo por nosotros, sino por otros miembros de nuestro endogrupo. El poder de conocimiento socialmente aprobado es tan vasto, que lo aprobado por la totalidad de este endogrupo es simplemente presupuesto y pasa a ser un elemento del concepto relativamente natural del mundo, aunque la fuente de tal conocimiento permanezca en anonimia.
El conocimiento socialmente aprobado es la fuente de prestigio y autoridad, también es el asiento de la opinión pública. En nuestra época este conocimiento tiende al sistema subyacente de significatividades intrínsecas e impuestas. Con encuestas, entrevistas y cuestionarios se procura sondear la opinión del hombre común.
El ciudadano bien informado de una sociedad tiene el deber y el privilegio de hacer que su opinión privada prevalezca sobre la opinión pública del hombre común.
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Alfred Schütz: Estudios sobre teoría social (1962-1966) |
Estudios sobre teoría social
Alfred Shütz
Buenos Aires, Amorrortu, 1974
Reseña
Esta obra en dos volúmenes recoge numerosos ensayos que abarcan casi treinta años de investigaciones y, escritos desde su llegada a Estados Unidos a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Alfred Schutz planeó recopilar y publicar en inglés antes de morir. Si bien abordan una gran variedad de problemas, pueden considerarse variaciones, transposiciones o desarrollos de un tema principal alrededor del cual giran su pensamiento y su obra. La preocupación por la estructura provista de sentido del mundo de la vida cotidiana fue el fil conducteur de su vida intelectual, y su tarea central, concretar una filosofía de la realidad mundana o -dicho en lenguaje más formal- una fenomenología de la actitud natural. Poseedor del raro privilegio de captar de manera global los problemas concretos de la sociología, la psicología social, la economía, la historia, la teoría política y la jurisprudencia, así como del mecanismo filosófico capaz de manipularlos, Schutz articula en su filosofía una sola intuición: el descubrimiento, en su cabal profundidad, de las presuposiciones, estructura y significación del mundo del sentido común; y es la comprensión de la realidad eminente de la vida de sentido común la clave que permite entender su obra. Los Estudios sobre teoría social, compilados por Arvid Brodersen, integran, junto con El problema de la realidad social, esta obra originalmente publicada bajo el título de Collected Papers en la colección «Phaenomenologica». Le sigue en esta biblioteca Las estructuras del mundo de la vida, completada por Thomas Luckman sobre la base del manuscrito que dejó al morir el gran maestro austríaco.
Año de publicación original: 1962–1966:
Collected Papers I: The Problem of Social Reality. Edited by M.A. Natanson and H.L. van Breda. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
Collected Papers II. Studies in Social Theory. Edited by A. Brodersen. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
Collected Papers III. Studies in Phenomenological Philosophy. Edited by I. Schutz, Aron Gurwitsch. Dordrecht, The Netherlands: Martinus Nijhoff Publishers.
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