William F. Ogburn: Tendencias sociales (1957)

Tendencias sociales

William F. Ogburn

Universidad de Chicago
Publicado en Sociology and Social Research, XLII (septiembre-octubre 1957).

Hace poco tiempo que la expresión «tendencias sociales» ha penetrado en nuestro vocabulario científico y popular. ¿Qué significa? Originalmente, la palabra «tendencia» significa la dirección que toma un río. Más tarde se utilizó para designar el curso que toman los acontecimientos. Pero antes de que el término llegara a usarse como se usa hoy día, la idea se expresaba con otras palabras. Una de tales expresiones era «movimientos sociales», como por ejemplo el movimiento por el sufragio femenino o el movimiento sindical. La palabra más general «historia» a veces significa tendencias, como por ejemplo en la historia de la reforma penitenciaria, aunque tal historia puede resaltar el papel de personas y acontecimientos en perjuicio de las tendencias. Durante algún tiempo los sociólogos denominaron esa historia «historia natural», para quitar importancia a héroes y grandes acontecimientos y dársela a los procesos. También la palabra «evolución» describía tendencias, como por ejemplo la evolución de la familia, pero implicaba algo más en el sentido de que entrañaba la sugerencia de una mejora. Así, el fenómeno de las tendencias sociales ha tenido varias expresiones para designarlo. ¿Es el término «tendencias sociales» una mejora respecto a esos viejos términos, o es sólo una denominación más? Es, en varios sentidos, un término mejor. Es más preciso y menos general, por lo que es más apropiado para el uso científico, como a continuación me dispongo a mostrar.

Las tendencias penetraron en el uso científico con la aplicación de la estadística y el ajuste de curvas a datos del pasado registrados con regularidad. Este uso se dio en la primera y segunda décadas del siglo XX. Una ilustración es la producción de lingotes de hierro registrada anualmente durante un periodo de muchos años. Tales datos anuales se denominaron «series temporales». En los Estados Unidos la cantidad de lingotes de hierro producidos aumentó con el tiempo, si bien disminuyó en algunos periodos breves, como durante una depresión económica, o cuando el aumento fue menor que en otro periodo, como en la guerra o en la preparación para la guerra. Si la producción anual de lingotes de hierro se representa sobre el papel en un gráfico con barras verticales, las barras posteriores son, por lo general, más altas que las anteriores, aunque puede haber excepciones, porque la producción de lingotes de hierro fluctúa cada año. Cuando mediante el método de los mínimos cuadrados se ajusta una línea al punto más alto de esas barras y luego se la traza por el medio, esta línea se curva hacia arriba. Se llama una «línea de tendencia». La tendencia fue ascendente y mostró una producción cada vez mayor de lingotes de hierro a través del tiempo.

Una de las razones para trazar las líneas de tendencia fue mostrar las fluctuaciones anuales por encima y por debajo de la línea. En este ejemplo esas fluctuaciones indicaban altibajos de las condiciones económicas. Y así, las fluctuaciones de ciertas líneas de tendencia económicas se usaron como medidas de los ciclos económicos. Para medir la prosperidad y la depresión económica era necesario usar una línea de tendencia. De este modo, la tendencia se podía determinar con exactitud.

Como hemos dicho, una tendencia es como el curso de un río, que suele ir en una dirección general pero con varias curvas. Así, el río Mississippi fluye hacia el sur desde Minnesota hasta el Golfo, pero traza numerosas curvas alrededor de la tendencia.

La naturaleza científica del estudio de las tendencias sociales se manifiesta en el hecho de que las definiciones de las tendencias son impersonales y carecen del colorido dramático de las personalidades heroicas. El término también carece de las necesarias implicaciones morales. Así, cuando la tendencia al matrimonio aumenta o cuando la tendencia de la tasa de natalidad disminuye, se establecen de forma impersonal los hechos sin sugerir progreso o retroceso, aunque, por supuesto, pueden ser interpretadas como buenas o malas. Para algunos, una tasa de natalidad en disminución es lamentable; para otros es deseable. Pero la línea de tendencia sola no dice nada al respecto.

Una vez aceptada en el campo de la ciencia, la palabra «tendencia» pasó poco tiempo después a hacerse popular. Un acontecimiento que contribuyó a su amplia aceptación fue la publicación en 1933 de una serie de estudios que realizó el Comité Presidencial para la Investigación sobre Tendencias Sociales, nombrado por el presidente Herbert Hoover en 1929. Las publicaciones de estos estudios, llamados Recent Social Trends, se distribuyeron ampliamente y empezaron a ser usadas con frecuencia por los estudiantes en universidades e institutos. Se convirtieron en libros comunes de referencia en las bibliotecas.

No todos estos estudios se basaban en estadísticas y mediciones de las líneas de tendencia, como era el caso, por ejemplo, del volumen sobre población. Se usó la medición cuando se disponía de datos cuantitativos, como en la publicación de las series sobre el crimen, la educación y la familia. En algunas áreas los datos cuantitativos eran escasos, como en el caso de los estudios sobre religión y gobierno. No obstante, aunque no se dispusiera de datos, se valoraba el concepto de línea de tendencia incluso cuando el estudio se había hecho en términos descriptivos no cuantitativos. Las tendencias en la religión podían describirse, pero no medirse. Tales descripciones no son tan precisas como las basadas en la medición, pero son útiles como aproximación. Así, podemos hablar con seguridad de la existencia de tendencias en la pintura o en la música basadas en una descripción verbal y en ilustraciones sin estadísticas.

Lo que ha hecho posible el uso popular del término «tendencias sociales» es la descripción verbal más que la descripción estadística. Podemos decir que la tendencia en la crianza de los hijos es hacia una menor disciplina sin conocer ninguna medición estadística, sino basándonos en impresiones o ilustraciones descriptivas.

Sin embargo, cuando no se dispone de medición estadística existe el riesgo de hacer constataciones erróneas sobre las tendencias basadas en impresiones e ilustraciones. Por ejemplo, ¿quién puede decir sin disponer de datos estadísticos si existe o no una tendencia hacia una mayor asistencia a la iglesia? Otro riesgo del uso vago del término «tendencias» reside en la dificultad de distinguir entre la fluctuación en torno a una tendencia y la propia tendencia. Por ejemplo, el reciente aumento de la tasa de natalidad ¿es una nueva tendencia de la tasa de natalidad o simplemente una fluctuación en torno a la tendencia descendente que se ha estado produciendo durante un siglo y medio en este país y que puede seguir disminuyendo durante el resto de este siglo? Es difícil precisarlo.

La respuesta depende del tiempo que se necesita para determinar una tendencia. ¿Cuánto tiempo se requiere para llamar tendencia a un movimiento, por ejemplo, en la bolsa? ¿Cinco años, quince años o cincuenta años? En el caso de los suicidios, he oído decir que la tendencia era descendente porque se produjo una disminución de los suicidios en el transcurso de un año. La persona que hizo esta afirmación evidentemente no era consciente de la diferencia entre una tendencia y una fluctuación en torno a una tendencia. Un año es demasiado poco tiempo como para determinar una tendencia a partir de datos obtenidos anualmente.

En cuanto al tiempo que se requiere, la práctica general es no determinar una tendencia a menos que se hayan producido en la serie temporal varios ciclos de fluctuaciones en torno a la línea de tendencia. Un ciclo es una fluctuación que se mueve por encima y por debajo de la tendencia para luego volver a remontar. Una línea de tendencia es más estable si se construye desde, digamos, cinco, seis o más ciclos. Si un ciclo promedia los tres años, entonces el periodo necesario sería al menos de quince años. No existen muchas líneas de tendencia estadísticas de más de cincuenta o setenta y cinco años, porque antes no existían estadísticas referidas a muchas series.

Pero en algunos casos estamos seguros que durante muchos siglos se han producido algunas tendencias, incluso sin disponer de mediciones. Así, la tendencia de la investigación científica ha sido ascendente durante cuatrocientos años. Por ejemplo, en el caso de la temperatura, determinar una tendencia ascendente o descendente puede requerir la medición del tiempo durante miles de años, no sólo en cientos. Así, para algunas personas un par de inviernos muy fríos seguidos son suficientes para establecer una tendencia, y sobre esta base se nos dice que la Tierra se está enfriando y que se acerca una nueva glaciación.

Estas observaciones que acabo de hacer simplemente muestran la naturaleza científica del concepto de tendencias sociales. Este término científico se ha difundido rápidamente entre la gente porque vivimos en una era científica, y el hombre corriente de la calle está acostumbrado al discurso científico de los médicos, los arquitectos, los granjeros, los mecánicos de automóviles y los jardineros. Parece que todo el mundo quiere ser científico, incluso los predicadores, los pintores y los poetas.

Una característica muy importante de las tendencias sociales que descubrí hace varios años, aunque nunca la publiqué, es que las tendencias sociales raramente cambian su dirección de una manera brusca y rápida. Esto es una afirmación simple, pero sus implicaciones son enormes. En primer lugar, déjenme presentarles las pruebas.

Busqué en los registros de América y Europa y encontré unas trescientas series temporales referidas a varias décadas sobre la producción, la mercadotecnia, las finanzas, la población, las estadísticas vitales, el transporte, el gobierno y varios otros fenómenos sociales. Ajusté líneas de tendencia a estas trescientas series temporales, y su análisis mostró que alrededor del 90 por 100 seguía su curso sin haber experimentado ningún cambio rápido o marcado en su dirección. Un cambio brusco es el que se produce en menos de, digamos, quince o veinte años. La sustitución del vehículo de caballos por el automóvil no se produjo rápidamente. Incluso la tendencia en la inmigración a los Estados Unidos no cambió rápidamente, aunque la legislación que la restringía sí se aprobó rápidamente. Algunos de los cambios que se produjeron de repente y radicalmente ocurrieron en Inglaterra durante la guerra.

Cuando se examinan teóricamente las causas de tal persistencia en el curso de una tendencia hallamos varias razones que nos hacen pensar que otros casos, además de los trescientos, corroborarían mi descubrimiento. En otras palabras, un examen teórico de las causas nos lleva a pensar que el descubrimiento es universal. Lamento no tener más espacio aquí para desarrollar este examen de las causas.

Uno de los usos de este descubrimiento tiene enorme importancia: que la proyección de una línea de tendencia hacia el futuro tiene fiabilidad y nos dice con cierto grado de probabilidad cómo será el futuro. Esta propiedad de una línea de tendencia se debe al hecho de que raramente cambia su dirección bruscamente. Esta orientación sobre su curso futuro es válida sólo dentro de unos límites. Por lo tanto, no precisa el futuro con exactitud, y una proyección de la línea de tendencia del cambio demográfico en los Estados Unidos hacia el futuro puede no predecir con exactitud cómo será la población tras veinte años. Pero aunque la proyección se equivoque en diez o quince millones, sólo se trata de un error del 5 o 6 por 100. En cualquier caso, es seguro que la población seguirá aumentando durante los siguientes veinte años y de que no empezará a decrecer de repente. Por supuesto, si una guerra atómica destruye nuestras ciudades, tal inversión podría producirse súbitamente. Debemos señalar que en el caso de la población existen otras maneras de hacer predicciones además de la proyección de la línea de tendencia del crecimiento demográfico.

Debemos hacer tres advertencias a la hora de proyectar líneas de tendencia.

Una es que la tendencia pasada debe tener cierta duración. Así, para proyectar el futuro de las millas que vuelan los pasajeros de las líneas aéreas, sería deseable disponer de suficientes datos para establecer una tendencia. El registro de unos pocos años no es suficiente. Si así se hiciera, el error sería enorme.

La segunda advertencia que debemos hacer es que cuanto más lejos se lleva la proyección, mayor es el error. Así, el margen de error en la proyección del aumento de la renta per capita para el año 2000 es mayor que el de la proyección para el año 1975.

La tercera observación es que la proyección hacia el futuro de las líneas de tendencia no es una predicción de cómo serán en realidad las series temporales. Es sólo una predicción de cómo será la línea de tendencia, no de las fluctuaciones en torno a esa línea de tendencia. Así, una línea de tendencia de la renta nacional para 1960 puede no indicar ni siquiera al cabo de un corto periodo de cuatro años cómo será la renta nacional en realidad, porque puede producirse una depresión económica que haga que la fluctuación de la renta nacional caiga muy por debajo de la línea de tendencia en 1960. Así, una proyección de la tendencia puede predecir la cifra de 350.000 millones de dólares.

Pero incluso aunque fuera una predicción exacta de la tendencia para 1960, la renta nacional real podría ser de 325.000 millones en el caso de que se produjera una depresión económica.

Cuando se requieren predicciones exactas, como por ejemplo en el caso de la industria aérea —la compra de aviones de transporte para el uso futuro, la planificación del tiempo y la búsqueda de capital— la proyección de líneas de tendencia no satisface los requisitos. Pero probablemente hay miles de casos en los que no se requiere mucha precisión. En estos casos las proyecciones de tendencias pueden ofrecernos la información que nos preocupa. Por ejemplo, para construir un ayuntamiento nuevo en una ciudad no es necesario saber la población exacta que tendrá la ciudad en 1985. Para construir una autopista rápida tampoco es necesario saber el número exacto de automóviles que pasarán por ella en 1970. Como gran parte del conocimiento que se desea sobre el futuro no necesita ser exacto en la cantidad ni preciso en la fecha, las líneas de tendencia pueden ser muy útiles. En este mundo incierto solemos actuar sobre planes cuya probabilidad de materializarse es menor del 95 por 100. En la proyección de las tendencias, las probabilidades, aunque no son de 1, es decir, 10 sobre 10, suelen ser altas, digamos del orden de 9 sobre 10.

Concluimos nuestros comentarios con dos pensamientos sobre el significado que tiene para nosotros el conocimiento de las tendencias sociales. El primer mensaje general es que el conocimiento de las tendencias sociales nos sugiere la idea de que hay mucha estabilidad en la sociedad, aun cuando existan periodos de gran y rápido cambio social. Nos proporciona el sentimiento de seguridad de que nuestras instituciones no están construidas sobre arenas movedizas. Significa la seguridad de que las revoluciones son infrecuentes y de que la evolución es la norma. Con este conocimiento debería disiparse el temor de que en cualquier momento se puede romper la base. Las tendencias sociales no nos dan la misma sensación de seguridad que tiene el devoto en la Roca de los Tiempos, pero hay cierto bienestar en saber que las instituciones sociales son esencialmente estables, como lo es, por ejemplo, el clima; aunque a largo plazo cambian, como nos sugiere la historia.

La segunda lección que aprendemos de nuestro conocimiento de las tendencias sociales es que en ellas hay una suerte de inevitabilidad. «Inevitabilidad» es quizá una palabra demasiado fuerte. Pero nuestra información indica que un individuo no suele cambiar por su propio esfuerzo la dirección de una tendencia social ni mucho ni rápidamente. No es probable que ningún individuo o grupo vaya a detener la tendencia hacia la planificación familiar ni la tendencia hacia el aumento de tamaño de las empresas, ni la extensión de la función del gobierno o el aumento del empleo de la mujer fuera del hogar, o vaya a propiciar el poder autoritario del marido. Un conocimiento de las tendencias nos impide creer en cuentos de hadas.

Es difícil acelerar una tendencia social. Se puede retardar un poco, pero por lo general una tendencia social sigue su curso. Debemos percatarnos de que para invertir con éxito una tendencia social, incluso temporalmente, se requiere un gran esfuerzo. Por ejemplo, retardar la tendencia del movimiento de los habitantes de una ciudad hacia los suburbios supondrá tiempos difíciles para las cámaras de comercio de la ciudad y lo más probable es que no lo consigan durante mucho tiempo. Ni siquiera Winston Churchill pudo detener la ruptura del Imperio Británico.

El éxito es más probable para los que se mueven a favor de una tendencia social que para los que se oponen a ella. Por ejemplo, en Asia y África existe una tendencia hacia el nacionalismo. El éxito es más probable para Rusia si se esfuerza por fomentarla que para las fuerzas coloniales de Europa que se oponen a ella.

Puede señalarse que debemos seguir nuestros principios, tanto si están a favor como en contra de las tendencias sociales. Se puede defender esta posición. Pero si nuestros principios nos dictasen oponernos a las tendencias sociales, haríamos bien en calibrar el tamaño del esfuerzo que requiere esa oposición si no queremos convertirnos en mártires.

La misma lección la deben tener en cuenta los planificadores locales y nacionales. No deben partir de un deseo utópico, una pizarra en blanco y una creencia en las potencialidades ilimitadas de la voluntad humana. Antes bien, deberían ver con claridad qué tendencias existen. Sólo entonces podrán aproximarse de manera realista a su tarea de planificación. Al igual que los materiales con los que trabaja el arquitecto son la piedra y el acero, el ladrillo y el cristal, los materiales con los que trabaja el hombre de Estado son las tendencias sociales.

(Traducción de M.ª Teresa CASADO.)

William F. Ogburn: Tendencia sociales (1957)
William F. Ogburn: Tendencia sociales (1957)

Ogburn, William F.

TENDENCIAS SOCIALES

Reis. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, núm. 92, 2000, pp. 211-217

Centro de Investigaciones Sociológicas

Madrid, España.

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