Stanislaw Ossowski: La síntesis marxista (Estructura de clases y conciencia social, 1957)

La síntesis marxista

Stanislaw Ossowski

Stanislaw Ossowski: Estructura de clases y conciencia social (1957)
Stanislaw Ossowski: Estructura de clases y conciencia social (1957)

El presente trabajo forma parte del libro de Stanislaw Ossowski “Estructura de clases y conciencia social”. Ossowski era profesor de sociología de la universidad de Varsovia, cargo del que fue separado en 1953 y obligado prácticamente a hacer una vida semiclandestina. En estas condiciones organizó un seminario que, por las circunstancias apuntadas, pasó desapercibido en los medios intelectuales y del que resulto una serie de conferencias integradas posteriormente en un volumen con el título mencionado, cuya publicación fue posible gracias a los sucesos de 1956 que lo restituyeron a sus actividades anteriores en la universidad. El libro fue publicado en Italia por Einaudi en 1963, año en que murió su autor, y a partir de entonces ha tenido amplia repercusión y es citado en muchos trabajos monográficos marxista sobre el tema.


Ossowski unía un profundo conocimiento de los clásicos del marxismo con la sociología contemporánea, especialmente la norteamericana, lo que le permitió replantearse desde una perspectiva novedosa y antidogmática el problema de las clases sociales. En este capítulo muestra la improcedencia de las interpretaciones simplistas y deformadoras de Marx. Este, para Ossowski, no fue sólo un creador genial, sino también el autor de la mayor síntesis del pensamiento social anterior, de aquí el carácter abierto y flexible de su obra que difícilmente permite reducciones. Es lo que demuestra en cuanto al concepto de Marx de clase social, que no puede, en modo alguno ser limitado a una definición única por la diversidad de ángulos desde el que es analizado: político, sociológico, económico.


La Redacción.



LA DOCTRINA DE MARX SOBRE EL FONDO DE LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO.


A mediados del siglo xix nace y se desarrolla, por obra de dos pensadores, un gran sistema teórico que sintetiza los problemas de la sociología, la economía, la filosofía y la política y en el cual las tesis generales sobre el tipo de las proposiciones de las ciencias naturales representan la base de concretas concepciones históricas, y las más abstractas fórmulas e hipótesis metafísicas constituyen el punto de partida de razonamientos que desembocan en conclusiones prácticas en el campo de la actividad política y económica.


Si medimos el peso de su obra teórica sobre la base del alcance de sus consecuencias sociales, debemos considerar ese sistema como una creación de la mayor importancia. En el curso de cien años las ideas contenidas en el mismo han educado a escritores y hombres de acción, combatientes por un nuevo orden social y han plasmado la conciencia social de las porciones más activas de la clase obrera en Europa y fuera de Europa, constituyendo el fundamento del programa social o, mejor de los programas sociales, dado que son más de uno los programas que han buscado en ellas su fundamento teorético. Esas ideas han constituido un capital de energía para el movimiento revolucionario al propagar la fe de que la realización de los objetivos revolucionarios está garantizada por inconmovibles leyes históricas. Después de cien años esta doctrina no sólo no ha cesado de actuar directamente sobre la vida social de una considerable parte de la humanidad, sino antes bien, ha ensanchado notablemente su esfera de influencia. La fe en su infalibilidad ha llegado a ser la base de la educación ideológica de millones de hombres y de la formación oficial en las ciencias sociales en vastos territorios de Europa y Asia, ha llegado a ser un arma de propaganda en la lucha por el fortalecimiento del nuevo sistema social y en la lucha por el predominio en el mundo.


Pero las obras de Marx y Engels tienen también otra importancia: la importancia de una gran síntesis en la historia de las ideas. La originalidad de cada una de las tesis de Marx y Engels tienen también otra importancia: la importancia de una gran síntesis en la historia de las ideas.


La originalidad de cada una de las tesis de Marx es de ordinario superestimada en el campo marxista. En casi todas sus ideas fundamentales, el autor de El Capital ha tenido precursores. Es tal vez difícil encontrar un ejemplo más visible de paternidad colectiva en una creación tan individual de un gran pensador.


Las tres fuentes del marxismo justamente indicadas por Lenin, esto es, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés, no agotan, en efecto, la herencia cultural que ha hallado una expresión en las obras de estos autores dotados de tan grande poder de asimilación. Y al trazar la historia de los predecesores del marxismo habría que tomar en consideración también ciertas obras que no llegaron directamente a Marx, como, por ejemplo, la carta de Babeuf a Charles Germain, del 10 Thermidor del año III (28 de julio de 1795), en que el autor, en vísperas del Manifiesto plebeyo, formula, entre otras, «la bárbara ley dictada por los capitales» (la loi barbare dictée par les capitaux) que hemos citado aquí antes.


La originalidad esencial de los fundadores del marxismo y la razón por la cual la teoría de Marx constituye un vuelco decisivo, consiste en haber extraído de las ideas aceptadas consecuencias de amplio alcance, en haber desarrollado ideas de varios orígenes, construyendo con ellas un sistema unitario, en haber enlazado las concepciones teóricas con un programa de acción, con un análisis de los acontecimientos históricos y con una visión del futuro, en haber realizado una gran síntesis de diversas corrientes de pensamiento teorético y de diversos filones ideológicos. Bajo este aspecto, las obras de Marx constituyen, por así decirlo, un enorme lente que recoge rayos procedentes de diversas partes, un lente sensibilizado ora respecto a la herencia de las generaciones pasadas, ora respecto a la creación de la ciencia de hoy.


Desde los tiempos de la muerte de Lenin nos hemos habituado a asociar al marxismo la imagen no de un lente, sino de un instrumento óptico de paredes no transparentes, a través del cual, en lo que respecta al pensamientos postmarxista, pueden pasar exclusivamente rayos procedentes de una sola dirección. Por esta razón, entre otras, comúnmente se subestiman —tanto por parte de los secuaces del marxismo como parte de sus adversarios— los tantos y tan varios nexos entre la doctrina de Marx y la historia del pensamiento europeo.


El carácter sintetizador de la teoría de Marx aparece con particular relieve si se analiza la concepción marxista de las estructuras sociales y, por tanto, también el concepto marxista de clase. A esta síntesis, precisamente, de varios modos de concebir la estructura social y no a la gran síntesis constituida por la concepción del mundo marxista me refería al formular el título del presente capítulo.



EL CONCEPTO DE CLASE SOCIAL EN LA DOCTRINA DE MARX.


El concepto de clase social es algo más que uno de los conceptos fundamentales de la doctrina de Marx.


Ese concepto ha llegado a ser, en cierto sentido, el símbolo de toda la doctrina y del programa político que de ella deriva. Esto aparece en las expresiones «actitud marxista», «punto de vista marxista»: en esta acepción, la «actitud de clase» tout cort se contraponía a la actitud burguesa.


Según Engels, Marx ha realizado una «subversión en toda la concepción de la historia universal» y esta subversión consistiría en haber demostrado que «toda la historia transcurrida hasta hoy es una historia de luchas de clases, que en todas las múltiples y complicadas luchas políticas se trata solamente del dominio político de clases sociales».


Al concepto de clase social está conexo también lo que Engels, en el mismo artículo, llama el segundo gran descubrimiento realizado por Marx y al cual atribuye igualmente un puesto en extremo importante en la historia de la ciencia: «La explicación de la relación entre capital y trabajo.» Al concepto de clase social está conexa, en fin, toda la concepción marxista de la cultura como superestructura de los intereses de clase.


Teniendo en cuenta la enorme importancia del concepto de clase en la doctrina marxista, es sorprendente que en las obras de Marx y Engels no encontremos nunca una definición de este concepto, usado continuamente por ellos. Se le podría considerar como un concepto introducido sin definición cuyo significado se aclare en los contextos; pero basta confrontar las varias declaraciones en que, en Marx y Engels, entra en juego el concepto de clase social para comprobar que el término de «clase» es aquí un término de connotación variable, que designa grupos distintos ora de un modo ora de otro en el seno de una categoría superior, esto es, la categoría de grupos sociales caracterizados por intereses económicos comunes o por una situación económica de sus miembros en cierto aspecto idéntica. Dado que la comunidad de duraderos intereses económicos es, en la doctrina de Marx, una característica particularmente importante de las clases sociales, fácilmente ha podido escapar a la atención el hecho de que ésta no constituye un criterio suficiente de la clase social.


1 F. Engels, Karl Marx, en cVolkskalendet», Braunshweig, 1878, (trad. española en C. Marx-F. Engels, Obras escogidas, Tomo II, Moscú, S. F. págs. 161-173).


El problema de la definición de la clase social lo afronta Marx de modo directo solamente más de treinta años después del Manifiesto comunista, en las últimas páginas de la obra principal de su vida. El manuscrito del tercer volumen de El Capital se interrumpe precisamente en el momento dramático en que el autor se preparaba a responder la pregunta: «¿Qué es lo que constituye una clase?» No sabemos cuál habría sido la respuesta si la muerte no hubiese interrumpido el curso de las reflexiones, ni si Marx habría adoptado una postura definida frente a las divergencias de sus declaraciones precedentes.


La cuestión con que termina el manuscrito de El Capital no fue continuada por Engels después de la muerte de Marx. La posterior definición leninista, que manuales y enciclopedias marxistas han popularizado, une dos fórmulas diversas y no está claro cómo estas deben ser consideradas: no se sabe si el autor ve en ellas dos definiciones equivalentes que abrazan la misma esfera, y las une con el fin de dar una caracterización más plena del designado, o si, al revés, la unión de las dos fórmulas es necesaria porque las características determinadas de una de ellas no deben coexistir necesariamente con las características determinadas por la otra. Prescindiendo de tal cuestión, expresiones metafóricas como «el puesto en un sistema de producción social históricamente definido» pueden ser interpretadas de carias maneras: la definición leninista es bastante plástica para poder adaptarse a todos los matices semánticos del término de «clase» en los escritos de Marx y Engels. La definición «Se llama clases a esos grandes grupos de personas que se diferencian por el puesto que ocupan en el sistema históricamente determinado de la producción social, por sus relaciones (generalmente sancionadas y fijadas por leyes) con los medios producción, por su función en la organización social del trabajo y, en consecuencia, por el modo y la medida en que gozan de la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos de personas, de los cuales uno puede apropiarse del trabajo de otro según el diferente puesto ocupado por él en un determinado sistema ;ie economía social» (Lenin, Marx-Engels-marxismo, cit., p. 379).


bujariniana, que pretende abrazar también la concepción marxista de la clase social, da acceso a todavía más vastas posibilidades interpretativas, y solamente la clasificación de las clases sociales hecha por Bujarin permite comprender qué connotación atribuye el autor al concepto de clase social.


Como es sabido, Marx, aun sirviéndose de un concepto de clase fundado en criterios económicos, lo limita a veces al introducir criterios sicológicos: un conjunto de hombres que, desde el punto de vista económico, corresponde a los criterios de la clase social, llega a ser clase en el sentido pleno de la palabra, solamente cuando los miembros de este conjunto están unidos por la conciencia de clase, por la conciencia de intereses comunes, por un lazo síquico que deriva de los comunes antagonismos de clase. El autor se da cuenta de esta duplicidad semántica e introduce una distinción terminológica: Klasse an sich y Klasse für sich; pero de estos términos más restringidos no se sirve de ordinario en el curso de sixs reflexiones.


6 Cfr. La ideología alemana: «Oda grupo de individuos forma una clase sólo en cuanto deben librar una lucha común contra otra clase» (trad. K. Marx y F. Engeis, La ideología alemana, Edición Revolucionaria, La Habana, 1966); el Manifiesto comunista: »Esta organización de los proletarios en clase y, por tanto, en partido político...» (trad. cit., p. 39); traducción italiana citada. El 18 brumario de Luis Bonaparte: «En la medida en que millones de familias viven en condiciones económicas tales que distinguen su modo de vida, sus intereses y su cultura de los de otras clases y las contraponen a ellas de modo hostil, ellas forman una clase.


Pero en la medida en que entre los campesinos pequeños propietarios existen solamente lazos locales y la identidad de sus intereses no crea entre ellos una comunidad, una unión política en escala nacional y una organización política, ellos no constituyen una dase. Son, pues, incapaces de hacer valer sus intereses de clase... (subrayado de S. Ossowski). En esta última proposición, «clase* significa otra cosa que en la proposición precedente. Lo mismo puede decirse, por lo demás, de la proposición que hemos leído poco antes en el mismo escrito de Marx: «Bonaparte representa una clase, antes bien la clase más numerosa de la sociedad francesa, los pequeños propietarios campesinos» (trad. en C. Marx, El 18 brumario de Luis Bonaparte).


La «clase» que no es clase en sentido pleno, porque le falta el lazo síquico, es llamada por Marx a veces de modo distinto (por ejemplo, con el término de «estrato») o se detiene en el término particular (por ejemplo, «pequeños campesinos»), evitando un término más general. Además, a veces ciertas clases, aunque estén conscientes de sus intereses de clase, son llamadas por Marx «fracciones» de una clase superordenada. Así, por ejemplo, los capitalistas y los propietarios de tierras, en Marx, constituyen a veces dos clases distintas, y otras, dos fracciones de una clase, esto es, de la burguesía.


Todas estas divergencias semánticas referentes al término de «clase» eran para Marx muy probablemente poco importantes, puesto que, según su teoría, el ulterior desarrollo social debía hacerlas completamente inactuales a consecuencia de la extensión de la conciencia de clase y la prevista desaparición de la diferencia entre clase an sich y clase jür sich y a consecuencia del proceso de polarización de la estructura social.


Por lo demás, se puede plantear la cuestión de otro modo. Podemos suponer que, en vez de una definición de la clase social que nos permita establecer la connotación de este concepto, Marx nos da un modelo de la clase social, su tipo ideal, que debe realizarse plenamente en el futuro, en la última fase del sistema capitalista. En la época en que aparecen las obras de Marx, al tipo ideal de la clase social se aproxima el proletariado de fábrica de la Europa occidental. Los otros grupos sociales identificados sobre la base de criterios económicos pueden ser clases solamente en una cierta medida, más o menos grande, pueden aproximarse al tipo ideal bajo éste o aquel aspecto. Por eso las tentativas de incluirlos en categorías conceptuales netamente delimitadas llevan necesariamente a la pluralidad.


De todos modos, en un caso como en otro, al tratar la concepción marxista de la estructura de clase, hay que recordar que miembros de esta estructura de clase no son solamente aquellos grupos que Marx llama clases allí donde los contrapone a los estratos, en los cuales «la identidad de intereses no crea ninguna comunidad... ningún lazo en escala nacional ni ninguna organización política».


Dentro de poco tendremos ocasión de comprobar que en la concepción marxista de la clase social intervienen ciertas complicaciones conceptuales que son ya solamente cuestiones de términos.



LAS INTERPRETACIONES DE LA ESTRUCTURA DE CLASE EN LAS CONCEPCIONES MARXISTAS.


Hemos dicho que las obras de Marx y Engels constituyen un lente en que se refractan múltiples corrientes del pensamiento europeo. En lo que concierne a los problemas tratados en los precedentes capítulos, en las reflexiones marxistas encontramos los tres esquemas de la estructura social que hemos examinado ya, y además va nuevo y peculiar modo de concebir el sistema de las clases mediante el cruce de tres divisiones dicotómicas.



LA DICOTOMÍA FUNDAMENTAL.


Ante todo, pues, tanto Engels como Marx son herederos de las visiones dicotómicas propias del folklore y la ideología de combate de las revoluciones populares. La imagen del secular antagonismo entre clases opresoras y clases oprimidas no desaparece nunca del campo visual cuando se leen las obras de Marx y Engels. Hemos hablado ya de las visiones dicotómicas del drama de la historia del Manifiesto comunista y en la obra, anterior en tres años, de Engels.® En ese contexto hemos observado el doble tipo de concepción dicotómica de las relaciones interhumanas en la estructura social: los múltiples antagonismos entre diversas clases opresoras y oprimidas en la sociedad de épocas pasadas dejan el puesto a una sola e integral dicotomía que, según las previsiones del Manifiesto, debe realizar plenamente la sociedad capitalista, en el penúltimo acto del drama, en el período precedente a la catástrofe; al acercarse tal dicotomía, la estructura social del mundo capitalista se acerca, pues, a su fin.


La tendencia de desarrollo en esta dirección caracteriza ya, según los fundadores del marxismo, a la sociedad contemporánea de ellos, en la cual Marx advierte «la decadencia inevitable de las clases medias burguesas y de la llamada clase campesina en el sistema actual, en la cual, según Engels, se está produciendo ya «la escisión de la sociedad en una pequeña clase desmesuradamente rica y en una gran clase de asalariados pobres». En la insurrección de los obreros parisienses del 22 de junio de 1848, Marx ve «la primera gran batalla entre las dos clases en que se ha dividido la sociedad moderna..., la guerra entre el trabajo y el capital».



DOS CONCEPCIONES DE LAS CLASES INTERMEDIAS.


Marx, en cuanto revolucionario y creador de una dramática visión de !a historia, desarrolla una concepción dicotómica de la sociedad de clases.


Marx, en cuanto sociólogo, al analizar la estructura de las sociedades contemporáneas, debe enturbiar la claridad de la división dicotómica al introducir las clases intermedias, y no puede omitir «la masa de la nación que está entre el proletariado y la burguesía».-'** Estas clases intermedias constituyen un elemento muy importante en las representaciones de la realidad contemporánea que nos ofrecen los escritos históricos de Marx.


A veces —de conformidad con la definición más restricta de la clase social— se habla en estos escritos de estratos intermedios y a veces aparece el término «estado medio», que no designa aquí expresamente un grupo institucionalizado como era, por ejemplo, el tiers état francés. La heterogeneidad de las posiciones sociales y de la situación económica de estas clases intermedias hace que sea difícil encerrarlas en un esquema unitario. El término «clases intermedias» sugiere un esquema de gradación. En efecto, alguna vez se encuentra en Marx la concepción de las clases intermedias como un conjunto de individuos que ocupan una posición media en la gradación económica, independientemente del tipo de relación que tienen con los instrumentos de producción y de la diversidad de los papeles sociales y las fuentes de ingreso. Así, por ejemplo, en el Llamamiento del comité central a la liga de los comunistas, escrito por Marx y Engels en 1850, la «pequeña burguesía» comprende también a los representantes del pequeño capital, cuyos intereses se oponen a los de los grandes capitalistas. Y ea IM guerra civil en Francia Marx habla de la «clase media alemana liberal, con sus profesores, sus capitalistas, sus burgomaestres y escritores a sueldo».


Aquí la clase media se concibe del modo en que se concibe en Inglaterra o los Estados Unidos, la middle class.


El capitalista —el propietario de los instrumentos de producción— puede pertenecer a una clase u otra, según el monto de capital. Sólo que en Marx esta no es una cuestión de círculos de la buena sociedad o de epígrafes d las tablas estadísticas: con la dimensión de los capitales relaciona la diversidad de los intereses de clase.


No es ésta, sin embargo, la concepción de la clase intermedia que ha entrado en el número de los conceptos fundamentales del análisis marxista de la sociedad capitalista. Al construir su sistema teórico, Marx crea la base para otra concepción de la clase que ocupa una posición intermedia entre la clase de los capitalistas y el proletariado. Esta concepción, si bien no na sido formulada de modo definitivo por Marx y sus discípulos, está conexa a un esquema de la estructura de clase de la sociedad capitalista que es peculiar de Marx y el marxismo, esto es, a un esquema en que a las tres clases sociales corresponden tres tipos de relaciones con los instrumentos de producción.


En tal esquema la clase intermedia, que es de ordinario designada globalmente con el nombre de «pequeña burguesía», trátese de habitantes de la ciudad o de habitantes del campo, se define aplicando simultáneamente dos criterios, cada uno de los cuales, separadamente, constituye una base para una demarcación dicotómica de las clases sociales, cada uno de manera distinta. El primer criterio es la propiedad de los instrumentos de producción. En el esquema dicotómico ese criterio escinde la sociedad en clases poseedoras y clases no poseedoras.


El segundo criterio es el trabajo, el cual, sin embargo, al revés de Saint Simon, no comprende las funciones superiores de dirección en las empresas capitalistas. También este criterio lo hemos visto ya en el esquema dicotómico: el mismo divide a la sociedad en clases trabajadoras y clases no trabajadoras. La clase intermedia, según esta concepción, comprende a los individuos que pertenecen a dos categorías que se cruzan, esto, es, los que poseen instrumentos propios de producción y los utilizan ellos mismos.


El marxismo utiliza también otra versión de esta división tripartita, una versión que de ordinario no es distinta de la precedente. El primer criterio de división (propiedad de los instrumentos de producción) permanece inalterado; el segundo, en cambio, está constituido no por el trabajo, sino por la no utilización de trabajo asalariado.


En esta versión la clase intermedia es más restringida que en la precedente: no comprende a todos los trabajadores que poseen instrumentos propios de producción, sino solamente a aquellos que, trabajando propiamente, no emplean mano de obra asalariada. En esta versión un campesino acomodado que emplee dos o tres muchachos estables o que se sirva de pequeños agricultores que trabajen para él para pagar las deudas, pertenece ya a la clase de capitalistas del campo. En la primera versión la «pequeña burguesía» comprende a ambos estratos: tanto los que, aun trabajando ellos, emplean mano de obra asalariada, como los que no la emplean.


Desde el punto de vista sociológico, en ciertas condiciones se impone más bien la primera versión; en otras, la segunda, esto es, depende de varias circunstancias de que no nos ocuparemos aquí.


La unión de ambas versiones da dos clases intermedias funcionalmente distintas. Esto lo pone en evidencia el siguiente diagrama:


Clases no trabajadoras.


Clases que emplean trabajo asalariado.


Clases trabajadoras.


Clases que no lo emplean.


Clases no poseedoras.


Clases poseedoras.


Clases intermedias.


Desde el punto de vista de las hipótesis marxistas relativas a las tendencias de desarrollo del capitalismo, la posición de la pequeña burguesía en la intersección de las dos clases fundamentales se interpreta a veces también de otro modo: la pequeña burguesía pertenece a la clase poseedora respecto a las condiciones actuales, pero al proletariado respecto a la perspectiva del futuro; no sólo el artesano, sino también el pequeño campesino es un proletario en potencia.


A este esquema tripartito corresponde también una gradación económica: los capitalistas son la clase que posee grandes instrumentos de producción o, al menos, bastante considerables para poder emplear mano de obra asalariada; la pequeña burguesía es la clase que dispone de instrumentos de producción en medida modesta; el proletariado es, en general, la clase completamente privada de instrumentos de producción. Pero en este esquema funcional las demarcaciones entre las clases están señaladas por los papeles sociales (relación con los instrumentos de producción, trabajo, relación con el trabajo asalariado), y no por el grado de holgura. En cambio, en el esquema de gradación de que se ha hablado hace un momento, la clase media puede comprender también a aquellos que viven de la renta, los propietarios de pequeños establecimientos industriales y otros capitalistas provistos de haberes que no sobrepasen los límites de la «mediana holgura».


12 Cfr. F. Engels, La cuestión campesina en Francia y Alemania (articulo de 1894). Bujatin, desarrollando la teoría marxista de las clases sociales, diferencia la categoría de las clases intermedias entre sus dos clases fundamentales de modo distinto que nuestro esquema: distingue clases intermedias, clases de transición y tipos de clases mixtos (op. cit., t. II pp. 2383-84).


Pero observar rigurosamente los criterios funcionales económicos al trazar las líneas de demarcación entre la clase de los capitalistas, la pequeña burguesía y el proletariado lleva a conflictos con los criterios sociológicos; un ingeniero, en cuanto trabajador asalariado en una empresa capitalista, debiera ser enumerado entre los proletarios, como un médico empleado en un sanatorio privado. Como es sabido, para Marx el concepto de proletariado está conexo a la concepción de una dicotomía fundamental. El proletario es un hombre no defendido contra la explotación extrema por especiales clasificaciones que no permitan sustituirlo por cualquier otro trabajador dotado únicamente de fuerza física. Este criterio, de conformidad con las intenciones de Marx, excluye a ese médico o ingeniero de la clase del proletariado.


Además, de conformidad con la tesis marxista de que una clase está unida por la comunidad de intereses en los grandes conflictos sociales, otro factor puede aportar una corrección al esquema fundado en las «relaciones con los instrumentos de producción»: en el estipendio del ingeniero empleado por un capitalista está contenida una parte de la «plusvalía» producida por los obreros que el capitalista se apropia.


Resumiendo las consideraciones que hemos hecho sobre este clásico esquema marxista de los papeles sociales sobre el fondo de los tipos de concepción de la estructura social precedentemente expuestos, podemos suponer aquí una interferencia de la visión dicotómica y el esquema de gradación. La clase media constituye, en esta concepción, el terreno fronterizo entre las dos clases fundamentales y antagonistas. Esa clase se distingue por el hecho de que las clases fundamentales se contraponen una a Otra no sobre la base de im solo criterio».


ñno «obre la base de dos o tres criterios a los cuales corresponden esferas diversas. Dicha clase se compone de individuos que, en ciertos aspectos, están ligados a vuia de las dos clases fundamentales y en otros aspectos a la otra. Ligados tanto en el sentido lógico (características que forman parte de la definición de la primera y la segunda clase), como en sentido sociológico. Al mismo tiempo, como se ha dicho, la «pequeña burguesía», determinada por una peculiar relación con los instrumentos de producción, ocupa una posición central en la gradación económica tripartita (cantidad de los instrumentos de producción poseídos).



ESQUEMA FUNCIONAL TRIPARTITO SIN CLASE INTERMEDIA.


Mientras en Marx, como revolucionario, predomina la concepción dicotómica de la estructura social, en Marx teórico, junto al esquema tripartito con la clase media entre las dos clases opuestas, aparece a veces también un esquema que constituye una herencia científica de la economía burguesa: el esquema funcional tripartito de Adam Smith. Tanto en Marx como en Engels este esquema aparece raramente, pero su importancia aumenta por el hecho de que, precisamente tal esquema, constituye el punto de partida del último capítulo del tercer volumen de El Capital, capítulo dedicado al análisis de las clases en la sociedad moderna. Este capítulo III, apenas comenzado y titulado Las clases, se abre con las palabras: Los propietarios de la simple fuerza trabajo, los propietarios del capital y los propietarios inmobiliarios, cuyas respectivas fuentes de ingreso son salario, beneficio y renta inmobiliaria, en otras palabras, los obreros asalariados, los capitalistas y los propietarios inmobiliarios, constituyen las tres grandes clases de la sociedad moderna, fundada en el modo de producción capitalista.


Y un poco más adelante, al precisar la pregunta que he citado precedentemente («¿Qué es lo que constituye una clase?»), Marx toma como punto de partida precisamente esta concepción.


Mientras en la concepción dicotómica y en la concepción marxista tripartita que hemos examinado precedentemente el acento carga sobre las relaciones interhumanas, en la concepción de Smith predomina el punto de vista del economista sobre el del sociólogo: es la relación de los hombres con las cosas la que se coloca W C Marx, El Capital en primer plano. Las netas categorías económicas, los criterios concernientes a la relación con las cosas, no dejan lugar, en la estructura social, para las clases intermedias, que, sociólogo no puede omitir. En el esquema de Smith, los que poseen instrumentos de producción propios y trabajan ellos mismos, no constituyen una clase distinta, sino que pertenece simultáneamente a dos o tres clases.


Es al mismo tiempo patrono y obrero (master and workman) y usufructúa todo el producto de su propio trabajo y todo el valor que añade al material al cual aplica su trabajo.


Esto comprende a los que de ordinario son dos diversos tipos de ingreso correspondientes a dos personas distintas, esto es, beneficio del capital y salario." Este punto de vista también Marx lo toma en consideración en el Libro III de El Capital y aun lo aprueba bajo ciertas condiciones.


Tenemos, pues, en Marx dos diversos esquemas tripartitos de la estructura social a los cuales se puede aplicar la definición de la clase como grupo determinado por la relación con los instrumentos de producción. En el primer caso (capitalista-pequeña burguesía-proletariado) a las distintas clases corresponde una distinta relación con los instrumentos de producción; en el segundo (propietarios de tierras-propietarios de capital-propietarios de fuerza-trabajo) las clases son determinadas por la relación con diversos instrumentos de producción, siendo, en este caso, la fuera-trabajo considerada como una categoría de instrumento de producción.



18 «Si un trabajador independiente, por ejemplo, un pequeño campesino a propósito del cual se pueden aplicar las tres formas de ingreso— trabaja por su propia cuenta y vende su propio producto, es considerado primero como patrono de sí mismo (capitalista) que se emplea a sí mismo como trabajador, y como propietario inmobiliario de sí mismo que se emplea a sí mismo a título de arrendatario. Él se paga su salario como obrero, reclama el provecho como capitalista y se paga 1a renta como propietario inmobiliario. Presupuestos el modo de producción capitalista y las relaciones correspondientes como base social general, esta definición es exacta, en el sentido de que no es merced a su trabajo, sino merced a la posesión de los medios de producción está en condiciones de apropiarse de su plusttabajo» (C. Marx, El Capital, III, 3, ed. du p. 292).



ESTRUCTURA PLURIPARTIO


Como se recordará, el esquema funcional puede comprender más de tres clases. Lo hemos visto en Madison.


En Marx no encontraremos nunca una formulación que directamente encuadre la estructura social en un similar esquema pluripartito. Empero, cuando se junten las afirmaciones contenidas en sus varias obras se verá que de sus obras se puede deducir también tal representación. En La ideología alemana encontramos la contraposición entre burguesía y clase de los grandes industriales, y se trata aquí de dos clases dotadas de funciones sociales diversas y bajo cierto aspecto francamente opuestas, ya que los intereses de la burguesía están encerrados dentro de las fronteras de cada nación, mientras la clase de los grandes industriales es una clase en escala internacional, una clase de carácter cosmopolita. En has luchas de clases en Francia, Marx nos muestra el choque de los intereses de clase de la aristocracia financiera con los de la burguesía industrial; a la aristocracia financiera atribuye el «afán de enriquecerse no con la producción, sino robando las riquezas a otros ya existentes», y por esto la llama irónicamente «reproducción del subproletariado en la cima de la sociedad burguesa».


Junto a estas dos clases en lucha entre sí, Marx menciona la pequeña burguesía, excluida del poder político. Poco más de un año después, al describir la misma sociedad del Dieciocho brumario, Marx traza todavía de otro modo la línea que divide a la burguesía en dos fracciones antagónicas: el antagonismo cuya superestructura ideológica es el conflicto entre orleanistas y legitimistas, y la rivalidad entre capital y propiedad inmobiliaria. Estas fracciones fundadas en diversos tipos de propiedad son las clases fundamentales del esquema de Adam Smith.


Si tenemos ahora en cuenta la diversificación de clase de la población campesina, como la representa, por ejemplo, Engels en el prefacio a La guerra de los campesinos en Alemania, y si no omitimos al subproletariado —que no es una «clase» según la definición marxista, sino un «estrato» que «forma una masa netamente distinta del proletariado industrial», un estrato que puede tener un papel peculiar en los movimientos sociales—, obtenemos un cuadro de la diferenciación funcional de la sociedad capitalista en siete, ocho y aun nueve clases o estratos.


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INTERFERENCIA DE PUNTOS DE VISTA.


Marx, como revolucionario, economista y sociólogo, hereda, pues, los tres tipos fundamentales de concepción de la estructura de clase que encontramos en la historia del' pensamiento europeo: el esquema dicotómico, el esquema de gradación y el esquema funcional. Al mismo tiempo introduce un cuarto y peculiar modo de concebir esta estructura: mediante el cruce de dos o tres divisiones dicotómicas. Precisamente este modo es que él ha llegado a ser para nosotros el esquema marxista clásico, si bien no es el esquema de que se sirve Marx en las reflexiones sobre el concepto de clase comenzadas en las últimas páginas de su obra principal.


Habida cuenta de que podemos distinguir dos versiones de este esquema clásico y habida cuenta, además, de que junto al esquema funcional tripartito de Adam Smith formulado por Marx explícitamente, encontramos en sus obras, en forma implícita, una versión pluriclasista del esquema funcional, la cual recuerda la concepción de Madíson, tendremos en las obras de Marx y Engels por lo menos seis diversas maneras de representar la estructura de las sociedades capitalistas contemporáneas de ellos. La definición de la clase social mediante la relación con los instrumentos de producción se aplica ora al esquema marxista clásico, ora al esquema de Smith, ora al que podemos ligar al nombre de Madíson.


Esquemas diversos, lo que no significa tesis contradictorias. El aspecto dicotómico en la teoría marxista de las clases indica la dirección de desarrollo de las sociedades capitalistas, y en esta perspectiva los esquemas pluripartitos deben corresponder a fenómenos transitorios. Pero aun sin referirse a las tendencias de desarrollo, el esquema de Adam Smith en el tercer volumen de El Capital o en otra parte no entra necesariamente en contradicción con la dicotomía fundamental: basta comprender a los propietarios de tierras y a los propietarios de capital bajo la misma categoría superior de «clase poseedora» y contraponerlos a los «propietarios de fuerza-trabajo» como a la «clase no poseedora». El esquema de gradación tripartito se puede conciliar con la concepción dicotómica tratando la clase media como la esfera en que las dos extensiones sé cruzan o como el terreno fronterizo entre las dos clases opuestas.


Se pueden buscar también otras explicaciones. En la representación marxista de la sociedad capitalista, la dicotomía concierne a las clases que participan en la producción capitalista, que no es la única forma de producción en las sociedades capitalistas actuales. La dicotomía, pues, es el esquema fundamental para el modelo marxista de la sociedad capitalista: se trata aquí de las dos grandes clases que se manifiestan «en el interior de la empresa capitalista», como dice Arturo Labríola. Pero entendido así, el biclasismo de la sociedad capitalista no está en contradicción con la existencia de otros grupos sociales, dado que se reconoce que en el seno de esta sociedad sobreviven hasta hoy otras formas de relaciones de producción y, por consiguiente, también las clases que a ellas corresponden. E1 esquema dicotómico debe caracterizar a la sociedad capitalista en consideración a la forma de las relaciones de producción que en ella predomina y que le es peculiar; el esquema pluripartito, en consideración a la real estructura social.


El esquema de Adam Smith pone en evidencia problemas distintos de los que pone de relieve el esquema marxista basado en dos o tres criterios de división. La pequeña burguesía, que constituye un elemento tan importante en los análisis sociológicos marxistas de la sociedad francesa de aquel tiempo, no es bastante importante, desde el punto de vista de ciertos problemas económicos, como para ser separada en el esquema funcional de Smith. Pero éste no olvida la existencia de la pequeña burguesía: ve en ella a aquellos que, sobre la base de ciertos criterios económicos, pertenecen al mismo tiempo a dos o tres clases separadas en la visión smithiana de la estructura social. Esto no está en desacuerdo con el esquema marxista clásico, en que la pequeña burguesía como clase intermedia está ligada al proletariado a base de un criterio, y a la clase de los capitalistas a base de otro.


22 «Naturalmente, decir que el capitalismo consiste en la existencia de las clases como resultan del principio autoritario de la fábrica y, en consecuencia, de las relaciones de capitalista y asalariado no significa negar que con el capitalismo sobreviven también otros regímenes económicos.


[Si Marx} se ocupaba de las dos grandes que existen en el seno de la fábrica capitalista, no podía suprimir con un rasgo de su pluma autoritaria a la pequeña burguesía, las capas profesionales, los oficios inclasificables y similares». (Armro Labríok, Estudio sobre Marx, segunda edición corregida, Morano, Nápoles, 1926, pp. 184-85). Sorel observa que en Marx las construcciones lógicas se mezclan a menudo a la descripción de fenómenos reales, y supone que Marx no siempre se daba cuenta del carácter abstracto de su teoría de las clases (G. Sorel, Matériaux d' une théorie du proUtariat, París, 1929, p. 184, La Ira. ed. es de 1918).


Para ciertos fines teóricos y prácticos, los fundadores del marxismo hallan más conveniente un cierto aspecto de la estructura social; para otros fines, otro.



DOS CATEGORÍAS DE LUCHAS DE CLASE.


Hay que recordar, sin embargo, que servirse de los mismos términos al describir la realidad bajo aspectos diversos y al formular generalizaciones de puntos de vista diversos puede conducir a malentendidos. Escapa fácilmente a la atención el hecho de que el concepto de lucha de clases, fundamental para la doctrina marxista, comprende dos diversas categorías de procesos históricos: a) las luchas de emancipación en el marco del secular antagonismo de clases opresoras y clases oprimidas, b) las luchas de las clases competidoras, de las clases que compiten por el poder en una sociedad de estructura pluripartita. A menudo no se advierte que las luchas de clases de que habla el primer capítulo del Manifiesto comunista son conflictos sociales de un género distinto de aquel de que, por ejemplo, habla Engels en la introducción a la nueva edición póstuma de Las luchas de clases en Francia.


La historia de todas las sociedades que han existido hasta ahora —leemos en el Manifiesto— es la historia de las luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y aprendices, en una palabra, opresores y oprimidos, han estado siempre en contraste entre sí, han sostenido una lucha ininterrumpida, a veces oculta, a veces visible. Y he aquí la otra representación de las luchas de clases que encontramos en la introducción de Engels: Todas las pasadas revoluciones han conducido a la sustitución del dominio de una clase por el de otra: pero hasta ahora todas las clases dominantes eran solamente pequeñas minorías respecto a la masa del pueblo dominada.


[...] la forma común de todas esas revoluciones consistía en el hecho de que eran todas revoluciones de minorías. Aun cuando la mayoría tomaba en ellas una parte activa, lo hacía solamente, conscientemente o no, al servicio de una minoría [...].'** He citado estos dos conocidos pasajes para mostrar que aquellos que tratan la historia de las luchas de clases —luchas que constituirían el motor de la historia— ora como si ésta fuera exclusivamente la historia de las luchas de la mayoría oprimida contra la minoría opresora de los explotadores, ora como si fuera exclusivamente las historias de las luchas entre las clases de la minoría que compiten por el poder, podrían apelar al ejemplo de los clásicos del marxismo.


Es bueno darse cuenta de esto, puesto que a esta duplicidad se ligan tendencias hacia ulteriores simplificaciones al representar los acontecimientos históricos. Por ejemplo, la tendencia a considerar los llamados movimientos de emancipación inmaduros, esto es, los movimientos campesinos u obreros en los períodos que preceden al pleno triunfo de la burguesía, como si no tuviesen otro significado en la historia que el que les confiere la participación en las luchas que se libran entre las clases de los niveles superiores de la estructura social, entre las clases que rivalizan por el poder. Uno de los principales representantes del marxismo oficial de hoy, Garaudy, atribuye a los comunistas franceses del siglo xvm un papel reaccionario porque su actividad debilitaba la fuerza ofensiva de la burguesía en lucha con el feudalismo.*' De manera similar —al parecer—, cuarenta años antes, juzgaba Jaurés la conjura de Babeuf.



ASPEREZA DE LOS CONTRASTES E INTERPRETACIÓN CLASISTA DE LOS FENÓMENOS CULTURALES.


Me parece que en la tesis misma según la cual las luchas de clases serían el motor de la historia, están fundidas y confvindidas tesis concernientes a dos especies 3e nexos causales. Sobre la base de la primera de esta tesis, motor de la historia son las luchas entre la clase oprimida y la clase opresora; sobre la base de la segunda, motor de la historia son las luchas entre clases que tienen intereses distintos. Si examinamos a los predecesores de Marx, la primera tesis puede recordarnos a Babeuf, y la segunda a Madison o Ricardo. Según la primera, fenómeno fimdamental en las explicaciones causales es la apropiación de la «plusvalía» y la opresión del hombre por el hombre. Según la otra tesis, fenómeno fundamental son los antagonismos de los intereses de clases, antagonismos que no se manifiestan solamente allí donde entra en juego la apropiación de la «plusvalía».


28 «Toute dortrine qui tend alors a diviser le Tieis- Etat en mettant au premier plan les conflits nés de rinégalité des fortunes, diminue la forcé ofensive de cene dasse contie la féodalité et joue par consequent un role de frein, un role reactionnaire. Les utopies socialistes jouent a alor ce role et n'ont par consequence qu'un caractete ne^tif et retrograde» (R. Garaudy, Les souTces franfaises du socialisme tcientifiqu», París, 949, í>. 29).


Cierto que en su concepción de la historia Marx presupone que la condición necesaria de la existencia de cualquier división de clase es la existencia de una clase explotada o que la división dicotómica entre explotados y explotadores ha sido la fuente de todas las divisiones de clase, y esta tesis suplementaria —que aparece quizá todavía más claramente en Engels— da la supremacía a la primera de las dos tesis que hemos distinguido. Pero cuando Marx o Engels afrontan investigaciones históricas concretas, se hace valer la segunda tesis y las luchas de clases tienen una interpretación más alta.


Esta elasticidad en la interpretación de los conceptos fundamentales tiene relación con la importancia práctica de la doctrina marxista como arma de la revolución. N o por azar se pueden distinguir en las obras de Marx j Engels algunas maneras diversas de concebir la estructura social. N o por azar en la teoría marxista de las clases sociales se han cruzado corrientes de pensamiento tan heterogéneas como la visión dicotómica de la sociedad (herencia del folklore y de los movimientos revolucionarios), de un lado, y el esquema de Adam Smith de otro.


Para poder desempeñar la función que ha desempeñado en la historia del marxismo y en la de las transformaciones sociales de los últimos cien años, el concepto de clase social debía satisfacer exigencias aparentemente contradictorias. Para una doctrina que en la lucha de clases ve el motor de la historia y el fundamento del programa político, para una doctrina que en los antagonismos de clase busca la explicación de todo proceso histórico y que a todo fenómeno de la cultura da una interpretación clasista, para tal doctrina es necesaria precisamente una síntesis de diversos aspectos de la estructura de clase.


En 'función del programa de lucha, esta doctrina debe dar el máximo relieve posible a la aspereza de los contrastes de clases y a la asimetría de las relaciones en la estructura social.


Sobre relaciones asimétricas se han construido el esquema de gradación y la visión dicotómica. La máxima aspereza del antagonismo de clase aparece en la concepción de una dicotomía en que el antagonismo de dos clases es el único antagonismo.


En el esquema de gradación la introducción de las clases intermedias atenúa la esperanza, y la claridad de los contornos de clase se difumina todavía más cuando crece el número de las clases en la representación de la estructura social y especialmente cuando este número no se fija claramente: cuando distinguimos a veces cinco clases sociales y otras veces seis u ocho. Si en función de las tareas que la doctrina marxista debía realizar el aspecto dicotómico es el más conveniente a causa de la aspereza de las oposiciones asimétricas, por otra parte, la pluralidad de las clases sociales es un presupuesto de que tiene necesidad la «interpretación clasista:» de los complejos procesos históricos y de la variedad de los fenómenos culturales.


Esta interpretación, que atribuye a las divisiones de clase una importancia multilateral e introduce en la órbita de las luchas de clase todas las esferas de la vida espiritual, no se deja encerrar en el marco de la estructura dicotómica: si todas las luchas políticas o religiosas deben ser luchas de clases, si a las diversas corrientes literarias y artísticas debemos atribuir una base clasista, si es las normas morales debemos buscar en reflejo de los intereses y los prejuicios de clase, hay que recurrir a un número de clases mayor que las dos fundamentales del Manifiesto comunista.


Pensamiento Crítico, La Habana, número 20, septiembre 1968 - filosofia.org

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