Robert Park: Sociología, comunidad y sociedad (1929) (Human Communities, 1952)
Sociología, comunidad y sociedad
Robert E. Park
Publicado en Wilson gee (ed.), Research in the Social Sciences, nueva York: Macmillan Co., 1929, pp. 3-49 y reeditado en Park (1952): Human Communities: the city and human ecology. Collected Papers of R.E. Park, vol ii., e. C. HUgHes et al., glencoe, ill.: Free Press, pp. 178-209. en esta selección se ha eliminado una serie de párrafos (con sus correspondientes notas a pie de página) así como gráficos y mapas ya ampliamente difundidos. Traducción al español: emilio Martínez. UCM.
I. La comunidad
Teggart ha expuesto la diferencia entre la historia y otras ciencias en una frase excelente: «la ciencia trata con objetos, entidades, cosas y sus relaciones; la historia se ocupa de los acontecimientos.»1 Éstos suceden; las cosas, no. todo lo contrario, las cosas existen, cambian y desaparecen ordenadamente, conforme a una regla característica de la clase y el tipo al que la cosa pertenece y de los que es un ejemplo individual. Esto es lo que se quiere expresar al describir las cosas como un fenómeno natural. La naturaleza de una cosa es, de hecho, la regla o ley por la cual se mueve o cambia.2
El método científico, o por lo menos los métodos de investigación, no pueden ser tomados en el vacío, completamente aparte de cualquier referencia a las cosas. En realidad no hay una ciencia general del método. Las matemáticas son la aproximación más cercana a esto y han sido el modelo de exactitud que otras ciencias han procurado alcanzar siempre. La exactitud conceptual de las matemáticas y la profunda aplicación que ha instituido en otras ciencias obedece al hecho de que se ha limitado a las características más evidentes de las cosas, en particular a su forma y secuencia. Forma y secuencia ordenada son, efectivamente, las «cosas» de las matemáticas. Y esto sugiere la observación añadida de que lo que las cosas son para cualquier ciencia especial o para el sentido común, en realidad, está determinado ampliamente por el punto de vista desde el cual se contemplan. Nuestro datum original es siempre un suceso. Toda ciencia crea más o menos su propio objeto al margen de los eventos que conformen la experiencia común de la humanidad.3 la primera tarea de toda ciencia es convertir los sucesos en cosas, en las cosas particulares que se propone estudiar.
La estadística ha sido el método par excellence a través del cual las ciencias sociales han tratado de ser más sistemáticas y alcanzar una exactitud cuantitativa.4 la dificultad deriva de que los estadísticos han aplicado su técnica a los fenómenos sociales como si las ciencias sociales no existieran o como si estas fueran un mero compendio de hechos de sentido común.
Por ejemplo, los estadísticos han considerado habitualmente a las personas como si fueran meras unidades físicas y a las sociedades como simples agregados físicos. Pero las ciencias sociales [...] han comenzado a definir conceptualmente las «cosas» que constituyen sus objetos de investigación. Así, la sociología no está preocupada por los individuos como tales, sino en un tipo especial de relaciones, no fundamentalmente físico, existente entre los individuos, que les constituye como personas. La sociedad, en sentido estricto, está compuesta de personas, y las personas son individuos que poseen un estatus en la sociedad. Consideradas desde esta óptica, las sociedades se antojan cosas, cosas con una historia natural y con características determinadas por las interacciones y relaciones mutuas de las personas que las componen.
[…] los términos sociedad y comunidad, tal como se usan en el habla común, sugieren diferencias pero no las definen. La palabra comunidad, no obstante, describe con más precisión el organismo social concebido por Spencer. Por su parte, la concepción de Comte se acerca más a lo que normalmente entendemos por sociedad.
En el sentido más amplio del término, la comunidad posee una connotación espacial y geográfica. Toda comunidad tiene un emplazamiento y los individuos que la componen tienen un lugar de residencia dentro del territorio ocupado por la comunidad. Aparte de eso, existen gentes en tránsito no contempladas como miembros, si bien tienen una ocupación en la economía local. Ciudades, villas, caseríos y, bajo las modernas condiciones, el mundo por entero con todas sus diferencias de raza, cultura e intereses particulares, todos son comunidades. Y lo son en tanto que, a través del intercambio de bienes y servicios, pueden considerarse como cooperadoras en el desempeño de una vida en común.
La sociedad, sin embargo, siempre incluye algo más que la cooperación competitiva y su interdependencia económica resultante. La existencia de una sociedad presupone una cierta cantidad de solidaridad, consenso y fines comunes. La imagen de la sociedad, en sentido estricto, se refleja bien en la familia, la tribu y la nación. Las sociedades están formadas en y para la acción. Progresan en los esfuerzos de los individuos para actuar colectivamente. Las estructuras que exhiben son generalmente los efectos secundarios de la acción colectiva. Viviendo en sociedad los individuos logran sus intereses definidos en referencia a las metas más amplias del grupo del que son miembros. En este sentido y alcance, la sociedad controla a los individuos que la integran. Leyes, costumbres y convenciones «definen la situación» —como decía William Thomas— y de este modo, entre otros, imponen una disciplina sobre todos aquellos que tratan de participar en la vida común.
El término comunidad es empleado con una connotación más amplia. Ha sido aplicado a plantas y animales, donde individuos y especies parecen mantener un grupo económico. En tales casos, sin embargo, no hay sociedad en el sentido en que Comte usaba el término dado que en tales comunidades no existe consenso ni convenciones ni orden moral. El orden existente no es otro que el de la naturaleza.
Es evidente que los dos términos, desde cualquier punto de vista, no se corresponden, y estrictamente hablando la sociedad y la comunidad son diferentes. Sin embargo es muy seguro que si el término se limita en sus aplicaciones a los seres humanos, cada comunidad sea, en cierto sentido y hasta cierto punto, una sociedad. […] de otro lado, es indudable que no toda sociedad es una comunidad.
La comunidad, si no siempre idéntica a la sociedad, es al menos el hábitat donde las sociedades progresan. Proporciona la organización económica y las condiciones necesarias para que las sociedades arraiguen, sobre las que pueden establecerse en tanto que cuentan con una base física.
Esta es una de las razones por las que las investigaciones sociológicas pueden muy propiamente comenzar por el estudio de la comunidad. Una razón más práctica es el hecho de que la comunidad es un objeto visible. Uno puede señalarla, definir sus límites territoriales e indicar sus elementos constituyentes, su población y sus instituciones sobre un mapa. Sus características son más susceptibles de tratamiento estadístico que la sociedad en sentido comteano.
II. Pirámides de población
Como se ha dicho, la comunidad, en su aspecto más obvio —por ejemplo, como el estadístico la concebiría— es un mero agregado numérico, un grupo poblacional definido por el espacio que ocupa. El más elemental método de investigación de una sociedad concebida de modo tan abstracto es enumerar los individuos que la componen. es principalmente la tarea de la geografía humana determinar la distribución de la población mundial y descubrir las densidades relativas de población en cada región geográfica, y dentro de éstas, en cada comunidad local. Pero la densidad de población, por su alcance y significación en la vida de cada comunidad, es per se un importante dato sociológico. Reconociendo este hecho, Ross sitúa los estudios de población en la introducción de su manual de sociología5.
El notable sociólogo francés, Emile Durkheim, y su escuela, otorgan un destacado papel a los estudios de población en su concepción de la sociología, bajo el título de morfología social6.
Tamaño y cantidad son aspectos muy significativos no sólo de la comunidad, sino de cualquier sociedad; de ahí las tentativas practicadas de clasificación y definición de ciudades y agregados menores de población en términos numéricos7.
El recuento comprende normalmente una división de la población según edad y sexo en forma piramidal. Se trata de la denominada pirámide de población. Aflora así que las pirámides de comunidades diferentes exhiben una gama de variaciones características y típicas de las comunidades cuya población representan.
[…] el proceso de incorporación de nuevos elementos y de eliminación de los antiguos puede describirse como un tipo de metabolismo social, y cuyo ritmo de progreso es mensurable. ahora bien, el ritmo que presenta este metabolismo así como la suma del movimiento general y su movilidad, que consideraremos después, es indicador y medida de la intensidad del proceso social8. […] estos cambios en el metabolismo social se inscriben no sólo en las cifras que muestran el incremento y circulación actuales de la población, sino también en la pirámide poblacional. Una población que ha crecido básicamente por inmigración se representa mediante un tipo muy diferente de pirámide a la de aquella crecida más bien por un exceso de nacimientos sobre decesos, y esto independientemente del incremento numérico. Asimismo, las diferencias características entre las comunidades urbanas y rurales se reflejan en la forma de sus respectivas pirámides demográficas. Pero los contrastes más sorprendentes en la composición y circulación de las poblaciones se manifiestan en las pirámides confeccionadas a partir del estudio de las cohortes de edad y sexo en diferentes áreas naturales de las grandes ciudades.
El hecho de que tales divergencias y contrastes existan es prueba notable del rol que desempeñan las ciudades en la vida moderna. Unen ciertamente los extremos del mundo, todas las razas, clases y tipos sociales, pero al hacerlo, las ciudades tamizan, clasifican y redistribuyen su heterogénea población en nuevos grupos y clases, conforme a patrones inéditos e insospechados. La explicación es que la competencia, la lucha por la existencia, impone finalmente a cada individuo la búsqueda de aquella tarea que mejor puede realizar y la extensión de la división del trabajo multiplica sus oportunidades para encontrar la vocación más conveniente. Este proceso de filtrado socava las viejas asociaciones, sustrae a los individuos de sus grupos raciales y de adscripción, rompe familias; afloja de hecho todos los lazos. Y esto es parte o al menos incidente y subproducto del proceso de metabolismo social.
La pirámide de población, en tanto que exhibe las variaciones de las cohortes por edad y sexo, se confirma como un dispositivo provechoso de exploración social. Mostrando las anomalías y desviaciones de la distribución normal de la población urbana, se antoja una medida de cambio así como un indicador de los problemas de la comunidad urbana. [...]
Esta clasificación y segregación de la población comunitaria, situando a los individuos en nuevas localizaciones y ocupaciones —donde la pérdida de vínculos familiares y la ruptura de las asociaciones locales es un incidente— se correlaciona aproximadamente, aunque no de forma idéntica, con lo que hemos llamado el metabolismo social. Cuando las poblaciones crecen rápidamente, bien por inmigración bien por exceso de nacimientos sobre decesos, el movimiento y segregación de sus componentes individuales avanza a paso rápido. El cambio que inevitablemente tiene lugar en una comunidad en aumento, por otra parte, se multiplica e intensifica por la invención de nuevos dispositivos mecánicos para la producción de bienes, por las nuevas facilidades para el transporte y la comunicación, y por la extensión subsiguiente de la división del trabajo9. [...] estas observaciones están basadas ampliamente sobre estudios recientes acerca del carácter y las consecuencias del rápido crecimiento de las ciudades. sin embargo, esto puede ser considerado como una ilustración específica de la intervención de un principio más general, ampliamente reconocido por los estudiosos de la civilización y de la vida social, a saber, que el movimiento y la migración no son meros incidentes sino causas de toda forma de cambio social. Teggart cita a Waitz, el antropólogo alemán: «donde vemos población, cualquiera que sea su grado de civilización, viviendo sin contacto ni acción recíproca con otros, encontraremos generalmente un cierto estancamiento, una inercia mental y una falta de actividad que imposibilita cualquier cambio próximo de las condiciones sociales y políticas». [...]
Desde el punto de vista de la investigación sociológica, podemos reparar en dos observaciones referentes a esta teoría general del cambio social:
1. si es cierto que los procesos que hemos estudiado intensivamente y de primera mano en la ciudad son plenamente comparables a aquellos cambios seculares más amplios observados por los historiadores, a partir de un horizontes más ancho, entonces es posible —usando la comunidad urbana como unidad de investigación— no sólo informar sino investigar el proceso de civilización.
2. si el desplazamiento, la migración y el comercio están tan inmediatamente asociados a los cambios sociales como se ha sugerido, entonces la movilidad puede ser tomada como un indicador del cambio social, y la intensidad del proceso social, a través del cual estos cambios son efectuados, puede ser materia de investigación cuantitativa.
III. Movilidad y valores del suelo
Todos los movimientos, migraciones y cambios de localización que tienen lugar dentro de la comunidad o que de algún modo afectan a la rutina de la vida comunitaria están incluidos en el concepto de movilidad. Sorokin ha ampliado el término hasta incluir los cambios en el estatus ocupacional entre la primera y la segunda generación. [...] además distingue entre movilidad vertical y horizontal. La movilidad vertical se aplica a los cambios en el estatus ocupacional; la horizontal, por su parte, se limita a los cambios de localización10.
[...] el movimiento espacial y la movilidad ocupacional son sociológicamente significativos en tanto que sirven fundamentalmente como indicadores para la estimación de «contactos», esto es, choques, impresiones e interrupciones accidentales y rupturas de los modos de pensamiento y acción acostumbrados inevitablemente generados en el curso de nuevos encuentros personales. Los cambios en el estatus ocupacional son, sin embargo, una de las muchas maneras en que son interrumpidos los rituales y rutinas sociales —que por lo demás serían perpetuados por el puro «peso de la autoridad, la superstición y la opinión pública»— y las energías individuales lanzadas a nuevos propósitos y aventuras. La importancia de tales cambios en el estatus, desde el punto de vista de la investigación, es que son susceptibles de exponerse en términos cuantitativos.
Naturalmente, en las grandes ciudades, con su comercio mundial y sus grandes poblaciones cosmopolitas, el movimiento de población es mayor, los conflictos eventuales de personalidades y culturas son más intensos y los cambios sociales más veloces. si las ciudades han sido siempre centros de civilización y de la vida intelectual se debe parcialmente a que constituyen lugares de encuentro entre extraños y centros de novedades. el revuelo, el bullicio y la animación de la vida urbana no son sino el reflejo de la intensa vida social, que tratamos de abstraer y medir en términos de movilidad.
[...]
Además están los movimientos semianuales —con alzas y declives— de los residentes en apartamentos, y la marea cotidiana de población que cada mañana se vierte en los centros urbanos desde la periferia para regresar a ella a la noche. Estos desplazamientos están tan íntimamente relacionados con todos los aspectos de nuestra vida comercial, y son tan sintomáticos de los complicados y profundos cambios de nuestra vida política y cultural, que es como si tuviéramos en nuestras manos el pulso de la comunidad.
Por supuesto, la movilidad puede ser medida e interpretada de otras maneras. En realidad, todavía no se ha concebido un conjunto satisfactorio de unidades o fórmulas para describir este complejo de movimientos de población en términos cuantitativos. [...] Mackenzie ha distinguido los movimientos cíclicos y recurrentes de este tipo de migración, que implica un cambio de residencia, mediante el término «fluidez»11.
Lo que es interesante, a este respecto, es que los valores del suelo parecen definitivamente relacionarse con los movimientos de la población y con la movilidad en general12. Apenas resulta necesario decir que los valores del suelo crecen con los movimientos e incrementos poblacionales. Menos obvio es el hecho de que el incremento de los valores del suelo en cualquier región de la comunidad ocasiona una redistribución de la población en el conjunto de la comunidad. Las ciudades, particularmente desde la introducción de las nuevas formas de transporte y locomoción [...] han experimentado una rápida expansión territorial. La aparición de un nuevo suburbio en el extrarradio de la ciudad no provoca empero la disminución de la presión sobre el área central de negocios. [...] la adición de población en la periferia incrementa los valores del suelo del centro y la presión de los valores del suelo central se irradian hacia el conjunto de la ciudad. Uno de los efectos es la creación, justo en los límites externos de la zona central de negocios, de lo que Burgess llamaba un «área de transición», es decir, de un slum13.
La invasión de slums en las áreas residenciales tiende a producir sin embargo una segunda área de transición, la conocida como rooming house area. El área de pensiones es casi invariablemente el antiguo territorio residencial que debido a cambios rápidos resulta abandonado por sus originales propietarios para uso temporal de transeúntes. Más allá de sus límites, con incrementos del valor del suelo, los apartamentos suceden a las viviendas unifamiliares, estando determinada la altura de dichas edificaciones por el valor del suelo. En los bornes externos de la ciudad interior, lindando con el área suburbana, aún se mantienen residencias unifamiliares, apartamentos dúplex y bungalós, el último refugio de la casa tradicional americana.
Así pues, los valores del suelo, que son en gran medida producto de los agregados demográficos, operan a largo plazo, en los límites de la comunidad, para dar una distribución ordenada y un patrón característico. Bajo la presión de los valores del suelo central, las ciudades asumen la forma de una serie de círculos concéntricos cada uno de los cuales ciñe un área de movilidad decre ciente y de valores del suelo menguantes. si los mayores valores del suelo están en el área comercial, éstos se localizarán fundamentalmente en el punto donde se encuentre y pase el mayor número de personas al día.
Si los supuestos que hemos asumido arriba fueran completamente válidos, esperaríamos hallar que los valores del suelo descienden en gradientes regulares desde la cúspide del centro de la ciudad hacia la periferia. Pero no todo es tan simple, en parte debido a la incidencia de localizaciones geográficas y de transporte que intervienen modificando y complicando los patrones que los valores del suelo per se pueden imponer, y también porque la distribución de industrias y comercios responde a fuerzas relativamente independientes de aquellas que determinan la localización de los centros residenciales y de comercios al detalle.
[...] de lo dicho hasta ahora podría desprenderse que los valores del suelo vienen a conformar una especie de tercera dimensión de nuestra geografía humana. Cada uno de nosotros, cada miembro individual de la comunidad y cada institución ocupa una posición en referencia a otros individuos e instituciones comunitarias que puede describirse en términos de distancias temporales y espaciales. Pero también ocupamos una posición determinada por el valor del espacio en que nos localizamos y por la renta que consignamos. Los mapas de renta se han hecho indispensables para el análisis de mercado y los profesionales de la publicidad. Son indicadores del estatus social, del poder adquisitivo y del crédito comercial. Los mapas de los valores del suelo devienen, pues, de un modo algo ordinario, índices de la vida cultural de la comunidad. Sirven para delimitar, por así decirlo, los perfiles culturales comunitarios. En todo caso, los valores del suelo ofrecen un nuevo dispositivo que permite caracterizar la organización ecológica de la comunidad, el entorno social y el hábitat del hombre civilizado.
La construcción de un mapa de valores del suelo que ilustre gráficamente las extraordinarias variaciones existentes dentro de los límites de la comunidad urbana es uno de los problemas técnicos de la metodología que los investigadores de la ecología humana han comenzado a experimentar recientemente. Para los propósitos de tal mapa, los niveles geográficos no son considerados, y en vez de ello, los valores del suelo son representados bien por líneas de nivel dibujadas sobre una superficie llana, bien por modelos plásticos. Ahora es posible multiplicar mecánicamente modelos elásticos, inicialmente creados como simples ejemplos artesanales, mediante un dispositivo recientemente inventado conocido como «proceso Wenschow».
[...] de todos los hechos que pueden ser expresados geográficamente, los valores del suelo son con toda probabilidad los más importantes para la sociología. Su alcance radica en que ofrecen un indicador relativamente exacto de las fuerzas que determinan la organización cultural y ocupacional de la comunidad y también porque con su ayuda es posible expresar en términos numéricos y cuantitativos mucho de lo que es sociológicamente significativo.
IV. Marcos de referencia
En una inspección inmediata, la comunidad urbana resulta un mosaico de comunidades menores. Muchas de ellas sorprendentemente difieren entre sí, pero todas son más o menos típicas. [...] son las llamadas áreas naturales de la ciudad, producto de fuerzas constantemente actuando y cuyo efecto es una distribución ordenada de poblaciones y actividades dentro del complejo urbano. Son naturales en la medida en que no son planeadas y porque el orden que exhiben no es el resultado de un proyecto sino una manifestación de las tendencias inherentes en el ámbito urbano; tendencias que los planes urbanos desean controlar y corregir —aunque no siempre satisfactoriamente—. En suma, la estructura de la ciudad, tal como se da, resulta con claridad tanto el producto de la lucha y esfuerzos de sus gentes por vivir y trabajar colectivamente, como el de sus costumbres locales, tradiciones, rituales sociales, leyes, opinión pública y su orden moral imperante.
La estructura que los recientes estudios sobre la comunidad urbana han revelado es, por otra parte, característica de las ciudades; en otros términos, exhibe un patrón que puede ser descrito conceptualmente. Las áreas urbanas no son «sucesos», son cosas, y los sectores de una ciudad pueden compararse con los de otra.
Lo relevante aquí es que las estadísticas sociales —nacimientos, decesos, nupcias, divorcios, suicidios y crímenes— asumen una nueva significación cuando son recogidas y distribuidas de tal modo que identifiquen a las áreas naturales. Así, un área se caracteriza por (1) el volumen y la composición racial de la población que la ocupa; (2) las condiciones bajo las cuales viven; y (3) por los hábitos, costumbres y comportamientos que generalmente exhiben. en resumen, el lugar, la gente y las condiciones bajo las que viven se conciben como un complejo cuyos elementos están más o menos completamente vinculados, si bien es cierto que no siempre de un modo claramente definido. Se asume así, parcialmente como resultado de una selección y segregación, e igualmente como fruto de la influencia de los modelos culturales, que las personas que habitan en áreas naturales del mismo tipo general y que están sometidas a similares condiciones sociales presentarán, en su conjunto, las mismas características. Diversas investigaciones han mostrado que este supuesto es suficientemente correcto hasta ahora, justificando por tanto su empleo como hipótesis de trabajo. En todo caso, parece que cuando las áreas naturales, más que los distritos formales y administrativos, constituyen la base para indagaciones estadísticas, las diversas regiones muestran divergencias insospechadas y significativas, que permanecían ocultas mientras las estadísticas se distribuían sobre áreas no naturalmente definidas. Como han mostrado los estudios de Mowrer sobre desorganización familiar, en la ciudad de Chicago existen áreas en las que no hay divorcios en absoluto y otras donde, para los intervalos considerados, las tasas de divorcio eran más altas que en cualquier otro estado de la Unión salvo nevada, la Meca de los divorcios. La distribución de estadísticas sobre divorcios y abandonos muestra incidentalmente que el divorcio es un lujo que buena parte de la población no puede permitirse, siendo el abandono su sustituto entre los pobres.14
Recientes estudios sobre el suicidio parecen poner de manifiesto una correlación inversa entre crímenes violentos y suicidio —siendo éste una forma de violencia dirigida contra uno mismo—. Alemanes y japoneses, que respectivamente exhiben por doquier unas bajas tasas de crímenes, contribuyen en gran medida al cupo de suicidios. De otro lado, negros e irlandeses, que registran altas tasas de crímenes violentos, rara vez cometen suicidios15. El sector que neils anderson, en su investigación sobre el Hobo, describe como «Hobohemia» presenta un extraordinario número de muertes por alcoholismo, lo que sin duda puede ser visto, al igual que el suicidio, como un modo de autodestrucción. Por otra parte, Bohemia, la región de la juventud y el desengaño, registra un notorio exceso de suicidios.
Como se desprende de lo dicho, las áreas naturales de la ciudad pueden cumplir una importante función metodológica. En conjunto constituyen lo que Hobson ha descrito como «un marco de referencia», un orden conceptual dentro del cual los datos estadísticos logran una nueva y más general significación. No sólo nos dicen lo que los hechos son respecto a las condiciones existentes en cualquier zona, sino que en la medida en que caracterizan a un área natural y típica, establecen una hipótesis de trabajo respecto a otras áreas similares16.
Es evidente que las áreas de una comunidad urbana pueden ser caracterizadas en la manera indicada hasta un punto ilimitado. Una vez han sido dispuestos en este esquema conceptual —este marco ecológico de referencia—, muchos de los hechos que pueden ser estadísticamente acordados podrían a su vez conformar la base de aserciones generales eventualmente susceptibles de reducción a una fórmula abstracta y a generalizaciones científicas.
[...] así pues, el resultado de cada nueva investigación específica habría de reafirmar o redefinir, cualificar o extender las hipótesis sobre las que estuviera basada la exploración original. Los resultados no deberían meramente incrementar nuestro caudal de información sino permitirnos reducir las observaciones a fórmulas generales y a exposiciones cuantitativas terminantes para todos los casos similares. La posibilidad de deducciones generales descansa, en el presente caso, sobre la validez de la concepción del área natural. La organización ecológica de la comunidad puede postularse marco de referencia sólo cuando, como las áreas naturales de que está compuesta, puede ser considerada como el producto de factores a la vez generales y típicos. El conocimiento se hace sistemático y general cuando somos capaces de elaborar proposiciones respecto a las cosas y no sólo limitarnos a la descripción de sucesos17. Mediante el marco de referencia descrito es posible realizar la transición desde el hecho concreto al conocimiento sistemático y conceptual.
V. Historia
Las áreas naturales en que se descompone la comunidad urbana, y de hecho cualquier tipo de comunidad, son —al menos en primera instancia— el producto de procesos de criba y distribución que podemos llamar segregación. Cada cambio en las condiciones de la vida social se manifiesta en primer lugar y de forma evidente en una movilidad acentuada y en desplazamientos que concluyen en segregación. Esta segregación determina los patrones físicos que la tornadiza comunidad adquiere sucesivamente. Y esta forma física, a su vez, ejerce modificaciones en la organización cultural de la comunidad.
Los movimientos de la población se inician usualmente por cambios económicos y se logra un nuevo equilibrio una vez se ha establecido una economía más eficiente. La sociedad, no obstante, no se reduce a lo económico, y la naturaleza humana viene animada siempre por motivaciones personales y sociales, no sólo económicas. Si en uno de sus aspectos la comunidad puede ser caracterizada por una división del trabajo y una forma de cooperación competitiva, también puede ser considerada, de otro lado, por el consenso y un orden moral. Dentro de este orden moral los individuos asumen el carácter de personas conscientes de sí mismas y de su rol en la comunidad. Uno de las motivaciones más perentorias y continuas de los individuos es la de mantener, defender y, en lo posible, mejorar su estatus. Sin embargo, el estatus es cuestión de consenso. En lo más simple está determinado ampliamente por el grado en que el individuo es capaz de participar en los propósitos comunes de la comunidad, conformarse a sus estándares, someterse a su disciplina o, a través de la fuerza del prestigio y la influencia personal, imponer sus propias metas sobre sus compañeros.
En sociedades complejas como la nuestra el individuo se integra en diferentes sociedades y grupos sociales, donde posee un estatus diferenciado y desempeña un rol distintivo. Las migraciones, los desplazamientos y los cambios en las condiciones económicas rompen las formas existentes del orden social y socavan los estatus existentes. Nuevos medios de locomoción como el automóvil, por ejemplo, han cambiado profundamente las condiciones y el carácter de la vida moderna. [...]. El cine y los periódicos han provocado cambios sorprendentes en nuestras costumbres y estilos de vida. No es posible conjeturar hasta qué punto la radio o el avión han complicado nuestras relaciones internacionales y cómo lo harán en el futuro. Los nuevos contactos exigen nuevos ajustes, la creación de nuevas formas de trato social y la progresiva extensión de la posibilidad y la necesidad de participación en la vida común. Ha sido tarea de la Historia preservar los registros de esta vida común, interpretar y hacer inteligible la tradición cultural común. Y ha sido función de la educación transmitirla y preservar la continuidad histórica de la sociedad y de la vida social18.
La etnología y la antropología, en sus orígenes ciencias históricas, se han interesado hasta ahora principalmente en el estudio de las formas y artefactos culturales de las sociedades primitivas o en los vestigios culturales de antiguas sociedades. Pero las trazas, el folclore, las formas culturales y la organización social, por interesantes que sean per se, no ofrecen una adecuada relación de una sociedad o del orden social hasta que descubrimos su significado. Queremos conocer el uso de las herramientas, los sentimientos y opiniones con que eran contempladas por quienes las usaban. Las instituciones todavía presentan sus formas antiguas y externas tras haber dejado de servir a sus propósitos originales. Las formas y ceremonias religiosas que fueron en su tiempo expresión de una fe enardecida y fuente de consuelo e inspiración para quienes las practicaban, se convierten con el tiempo en venerables vestigios incomprensibles. Los rituales simbólicos y expresivos degeneran en meras fórmulas mágicas. Es característico de las ciencias sociales, incluyendo a la sociología, el querer conocer no sólo la existencia presente o pasada de las cosas sino el significado atribuido por las personas de cuya cultura formaban parte.
La sociología, distinguiéndola aquí de la antropología social, se ha interesado por los llamados problemas sociales, i.e., la pobreza, el vicio, el crimen, la desorganización personal y familiar, los abusos del poder político, y en los esfuerzos por reformarlos. La tentativa de comprensión de dichos problemas ha llevado, sin embargo, al desarrollo de investigaciones progresivamente más ponderadas sobre las formas de vida contemporánea, sus instituciones y sus culturas. Eventualmente, los sociólogos han descubierto que cada área natural es o tiende a ser, en el curso natural de los acontecimientos, un área cultural. Cada área natural posee o tiende a poseer sus tradiciones privativas, costumbres, convenciones, pautas de decencia y decoro, y si no un lenguaje propio, al menos un universo de discurso particular en el que las palabras y los actos poseen un significado apreciablemente diferente para cada comunidad local. No es difícil reconocer este hecho en el caso de las comunidades inmigrantes que aún preservan más o menos intactos los usos de sus países originarios. Pero es menos fácil reconocer que esto resulta igualmente cierto en los sectores cosmopolitas de la ciudad donde una miscelánea de población en tránsito se confunde en una relativamente desmedida promiscuidad. En tales casos la libertad y ausencia de convención son per se, si no un acuerdo, sí al menos un secreto compartido. Incluso en los sectores donde las costumbres no reafirman la conciencia, la opinión pública y la moda ejercen un control externo poderoso19.
Al estudiar la comunidad o las áreas naturales desde el punto de vista de su cultura, la sociología emplea el mismo método que la antropología cultural o la historia. Escribe la historia, en tanto que es posible, de la comunidad o del área particular que se propone investigar20.
Los periódicos locales son fuentes de información respecto a las tradiciones, los sentimientos y la opinión locales. Los nombres e historias personales de los caracteres del lugar son a menudo valiosos registros. No tanto lo sucedido sino lo recordado resulta significativo. Las instituciones locales, como las obras de arte y la literatura, son expresiones simbólicas de la vida común. Como el arte y la literatura, poseen forma y extensión, pero al mismo tiempo tienen una cuarta dimensión, a saber, el significado. Este significado no nos es directamente accesible. Captamos el significado de las instituciones sociales como captamos el sentido de las palabras, mediante la observación de los modos como son utilizadas; mediante la investigación de las condiciones e incidentes de su origen y desarrollo, y teniendo en cuenta cualquier cosa que resulte inusual o único en su historia. Ciertamente la sociología, como toda ciencia natural, clasifica sus objetos, y en orden a definirlos conceptualmente y a hacer de ellos abstracciones respecto a las cuales perfilar conclusiones generales, es necesario, eventualmente, hacer caso omiso de cuanto se dé como único o inclasificable sobre ellos. Pero la sociología debe tener sus objetos antes de que poder clasificarlos.
¿Qué es un objeto social? Un artefacto; algo que ha sido elaborado; una ceremonia, costumbre, ritual, palabras; algo que, como la palabra, tiene un significado y que no es precisamente lo que parece. Un objeto físico deviene objeto social sólo cuando conocemos su uso, su función, su significado, sus diferentes sentidos según las distintas personas. Así, consideremos un símbolo cristiano familiar, la cruz, o mejor quizás el crucifijo; qué diferentes significados ha tenido y conserva aún entre los devotos cristianos y los judíos ortodoxos. Al parecer, la historia sola nos puede hacer inteligibles sus diferentes significados. Sin embargo, éstos son parte esencial de la cosa. Precisamente porque ha sido un registro de acontecimientos más que una descripción de las cosas, la historia ha proporcionado a la sociología mucho, si no la mayor parte, de su temática. Algo como la historia —la historia de la vida contemporánea— debería seguir desempeñando dicha función.
VI. Historias de vida
En el estudio de la vida contemporánea el sociólogo tiene una vía de acceso y un mecanismo de exploración de su tema que difieren en amplitud y disponibilidad a los del historiador o el antropólogo21. Él puede entrevistar a los individuos participantes o integrantes del orden social que desea investigar; puede por medio de entrevistas o mediante el uso de documentos personales íntimos construir lo que se denominan técnicamente historias de vida.
La relación de los individuos con la sociedad en que viven es probablemente mucho más real e íntima de lo que hasta ahora se ha asumido. [...] es inevitable que las personas que viven juntas, aun en los términos más superficiales, acaben poseyendo un repertorio común de memorias, una tradición; que adquieran un estándar compartido de convenciones sociales, formas aceptadas de trato, etiqueta, modales y rituales sociales, aun cuando los motivos e intereses más profundos de la vida se mantengan relativamente intactos. es inevitable que el trato continuado termine reduciendo los hábitos personales a formas convencionales y que éstas asuman con el tiempo el carácter de costumbres sociales vinculantes.
En ese mundo nace y vive el individuo. Las costumbres de la comunidad se convierten en sus hábitos. En el curso ordinario de los acontecimientos acepta el rol que la sociedad le asigna y al menos en apariencia trata de conformarse a él. El individuo obra así por varias razones, entre otras, porque ansía reconocimiento, respeto y estatus. La independencia de acción ante ciertas limitaciones indicadas no es presumible en él y, mientras cumple, se mantiene confiado, despreocupado de sí e inconsciente de su conducta.
Es mediante la no-conformidad, sin embargo, como el individuo desarrolla su personalidad y la sociedad deja de ser una mera masa de tradiciones inertes. Puede así distinguirse y devenir ambicioso. Puede fracasar, puede fingir, puede perpetrar cosas imperdonables y sentir remordimientos de conciencia. En cualquier caso, como fruto de esta colisión con el orden social existente —y según su alcance— el individuo adquiere plenamente conciencia de sí. el efecto último de esto es la creación de esa inevitable reserva personal constitutiva de su vida privada. Esta reserva —que, por cierto, el niño no posee— asume con el tiempo y bajo ciertas circunstancias el carácter de algo sagrado y temible. El individuo se concibe como algo completa o casi completamente inaccesible a otras mentes. La sociedad se compone de tales personalidades autoconscientes, y estos egos inquietantes, subjetivos e inescrutables son aparentemente tanto el producto de la asociación personal como el de las tradiciones, costumbres y formas objetivas de la vida social contra las que, en sus inaccesibles intimidades, se disponen como un efecto de contraste.
Así pues, hábito y costumbre, personalidad y cultura, persona y sociedad, son de algún modo diferentes aspectos de la misma cosa. La personalidad ha sido definida como un aspecto subjetivo e individual de la cultura, y la cultura como un aspecto objetivo, general o genérico de la personalidad.
Pero la relación entre la vida cultural de la comunidad y la vida personal de los individuos que la componen es más real y dinámica de lo que esta enunciación sugiere. Los registros orales y documentales íntimos sobre los que se basan las historias de vida sirven para establecer de modo conciso la interacción entre esta vida privada, de la que el individuo es intensamente consciente de forma habitual, y los aspectos más objetivos de su personalidad; en concreto, los usos y costumbres de su grupo social o de su sociedad, de los que es normalmente inconsciente —al menos hasta que entra en conflicto con ellos.
Probablemente este conflicto tiene tanto sus aspectos internos y subjetivos como sus aspectos externos y objetivos. En otros términos, el individuo deviene un problema para sí mismo y para la sociedad. De un lado, el conflicto asume en general el carácter de un combate moral. De otro lado, toma la forma de un conflicto cultural y eventualmente de un conflicto político. La lucha entablada para hacer cumplir la ley seca es un ejemplo pertinente. La migración, al unir a gentes con diferentes patrimonios culturales, provoca inevitablemente conflictos culturales, primero entre los nativos y los contingentes foráneos, y después entre las dos generaciones inmigrantes, en particular desde que la segunda generación adopta la cultura nativa más rápidamente que la primera.
Historias de vida como las biografías de inmigrantes, muchas de las cuales han sido publicadas en años recientes, ilustran esta lucha y hacen inteligible el carácter del proceso cultural implicado.
No obstante, tal como son concebidas por los sociólogos, las historias de vida no son autobiografías en el sentido ordinario del término. Tienen más bien el carácter de confesiones, documentos personales íntimos cuya intención no es tanto registrar acontecimientos externos como desvelar sentimientos y actitudes. Entre las actitudes que desvelan las historias de vida las más importantes para la sociología son aquellas que resultan o fueron totalmente inconscientes para el individuo hasta que reclamaron su atención. [...] son las cosas que la gente da por sentado lo que revela a la vez a los individuos y a la sociedad donde viven. La conducta naif del individuo es por otra parte un indicador inagotable de la sociedad de la que es miembro.
Sólo recientemente la sociología ha emprendido el estudio de la sociedad —la familia, la comunidad local, el mundo de los pandilleros, los partidos políticos, el público, la opinión pública— en las experiencias y vidas privadas de los individuos integrantes. Thomas y Znaniecki fueron los primeros en plantearlo de forma admirable. [...]. Publicaron la autobiografía completa de un aventurero polaco anónimo, y sobre este y similares materiales fueron capaces de elaborar un análisis de la cultura contemporánea del campesinado polaco en Europa y de las consecuencias para el polaco inmigrante de la descomposición de su cultura bajo la influencia del entorno urbano en este país22.
Un poco más tarde Maurice t. Price publicó un volumen titulado Christian Missions and Oriental Civilizations basado ampliamente en los documentos personales elaborados por los misioneros sobre su propio trabajo en oriente23. Posteriormente Charles s. Johnson contribuyó al Survey of Race Relation in Chicago, dirigido por una comisión estatal, un estudio de las actitudes del público americano hacia el negro24. Como otros estudios mencionados, éste se basaba abundantemente en la recolección e interpretación de documentos personales.
Si es cierto que debemos explorar las experiencias personales de los individuos para encontrar los orígenes y significado de nuestras formas culturales, igualmente es cierto que las acciones de los individuos pueden ser comprendidas y explicadas sólo cuando las consideramos en el contexto social y cultural en que se despliegan. La sociología siempre ha estado dispuesta a enfatizar el «entorno» como un factor determinante de la conducta humana y muchas, si no la mayoría, de las reformas llevadas a cabos en los últimos años —las mejoras en vivienda, el diseño de zonas de juego, el desarrollo general de las condiciones físicas de nuestras ciudades— han tenido el soporte de algún tipo de teoría ambiental de la causación social. [...]
En el encuentro de la American Sociological Society [ass] celebrado en diciembre de 1926, Clifford R. shaw, del Institute for Juvenile Research, hizo un informe sobre los estudios de delincuencia juvenil en el que hacía uso de los que hemos llamado historias de vida25. Estas investigaciones detalladas, basadas en entrevistas con muchachos delincuentes, con miembros de las familias y vecinos, ponían de manifiesto, casi por vez primera, el tipo de mundo en que viven los delincuentes juveniles.
Thrasher, en su estudio sobre el gang, basado también en entrevistas personales y documentos íntimos, nos ha proporcionado un cuadro vivo de lo que llama el «gangland».26 [...]
Un informe hecho a propósito del encuentro de la ass en 1926 por ernest
W. Burgess27 mostraba, entre otras cosas, que la mayor tasa de delincuencia, 443%, se alcanzaba en la zona del slum y declinaba hasta el 54% en el área de pensiones; y desde ése punto continuaba bajando en una curva regular hasta que a 6 ó 7 millas del loop, donde hay mucha vivienda en propiedad y la comunidad es relativamente homogénea y estable, la tasa era cero. Estas cifras, relativas a la incidencia de la delincuencia juvenil en las diversas y diferentes áreas culturales de la ciudad, se hacen más asequibles y reveladoras cuando se consideran a la luz de los intensivos e íntimos estudios de casos individuales efectuados por shaw. De este modo, las historias de vida y los estudios estadísticos se complementan entre sí.
Las historias de vida [...] a menudo ilustran ciertos aspectos de la vida social y moral cuyo conocimiento puede ser hasta entonces indirecto para nosotros, a través de estadísticas o declaraciones formales. [...] la dificultad radica en que las historias personales son voluminosas y por economía debemos eventualmente reducirlas más o menos a tipos formales. [...]
Notas
1 Teggart, Frederick J., theory of History. new Haven, 1925, p. 71.
2 Rickert, Heinrich. Die Grenzen des naturwissenschaftlichen Begriffsbildung, Eine logische Einleitung in die historischen Wissenschaften. leipzig, 1902, p. 212.
3 Whitehead, alfred north. The Concept of Nature. Cambridge, england, 1920.
4 «donde hay cantidad, hay ciencia», dice tarde, que añade: «la ciencia social alcanzará autonomía tan pronto sea capaz de establecer un ritmo (un mode répétition) peculiarmente propio». los hechos científicos, en otros términos, son hechos susceptibles de repetición. además pueden ser examinados, verificados, computados, clasificados y tratados en general cuantitativamente. Vid. gabriel tarde, Études de Psychologie Sociale, París, 1898, pp. 41-42. Vid. también del mismo autor Essais et mélanges sociologiques, París, 1895, pp. 130-308, donde revisa los intentos de aplicación de la estadística al estudio de las actitudes (Croyances et désirs).
5 Ross, edward a. Principles of Sociology, nueva York, 1920.
6 Vid. durkheim, Émile. L’Année Sociologique, pp. 520-21.
7 Willcox, Walter F. Proceedings of the American Sociological Society, vol. XX, p. 97. este y otros trabajos sobre tópicos relacionados se publican de nuevo en The urban Community, ernest
W. Burgess (ed.). Vid. también la bibliografía en Park, Robert e. y Burgess, ernest W., The City, pp. 165-166.
8 En las ciencias sociales, como en otras ciencias, estamos muy interesados en los indicadores. Sólo a través de ellos podemos establecer unidades y aplicar métodos cuantitativos a nuestras descripciones sobre las cosas. a veces sucede que los sociólogos, como los psicólogos con sus pruebas de inteligencia, no sabemos qué estamos midiendo. sin embargo, es posible otorgar precisión a nuestras comparaciones entre objetos incluso si ignoramos por completo qué miden las cosas que estamos midiendo.
9 Vid. Burgess, e. «the growth of the City», Cap. ii, The City, Park. & Burgess, Chicago, Chicago University Press, 1925.
10 Sorokin, Pitirim. Social Mobility, nueva York, 1927.
11 McKenzie, R.d. «the scope of Human ecology», Proceedings of the American Sociological Society, vol. XX, 1925.
12 Macgill, Helen g. Land Values: An Ecological Factor in a Community in South Chicago
(University of Chicago, M.a., thesis, 1927).
13 Vid. Burgess, e.W., «the growth of the City» en Park & Burgess, The City, University of Chicago Press, 1925.
14 Mowrer, e.R., Ph. d. Family Disorganization, p. 12. Chicago: the University of Chicago Press, 1927.
15 shonle, R. Suicide: A Study of Personal Disorganization (University of Chicago Press, Ph. d. thesis, 1926).
16 Hobson, ernest W. The Realm of Nature. Cambridge University Press, 1922.
17 Whitehead, alfred north. An Enquiry Concerning the Principles of Natural Knowledge. Part. 4. the data of science, Cambridge, ing., 1929.
18 dewey, John. Democracy and Education. nueva York, 1923.
19 tarde, gabriel. Les lois de l’imitation; étude sociologique. 2ª ed., Cap. viii, pp. 267-396. París, 1895.
20 en relación con los estudios sobre comunidades locales emprendidos en años recientes en la Universidad de Chicago, vivien M. Palmer escribe actualmente la historia de unas 80 comunidades dentro de los límites urbanos de Chicago.
21 las dificultades del antropólogo en el estudio de los pueblos primitivos no radica meramente en las dificultades usuales del lenguaje. Un problema especial se debe al hecho de que el hombre primitivo carece de sofisticación y articulación, no posee términos para el sentido sutil de las cosas —cosas que son dadas por sentado hasta el punto de no hablar de ellas salvo, quizás, en un lenguaje expresivo y simbólico. Vid. el paper de B. Malinowski, en The Meaning of Meaning, de C.K. ogden & i.a. Richards.
22 en la introducción al volumen iii de The Polish Peasant, que contiene lo que los autores describen como «el registro personal de un inmigrante», thomas y Znaniecki, realizan una interesante exposición respecto a la naturaleza y valor de los documentos de este tipo. Entre otras cosas dicen:
«afirmamos con confianza que los registros de vida personales, tan completos como sean posible, constituyen el tipo perfecto de material sociológico, y que si la ciencia social ha de usar otros materiales es sólo por las dificultades prácticas de obtener de inmediato un número suficiente de registros que cubran la totalidad de los problemas sociológicos, y del enorme trabajo que requiere un adecuado análisis de todos los materiales personales precisos para caracterizar la vida de un grupo social.
«en efecto es evidente que incluso para la caracterización de datos sociales simples —actitudes y valores— los registros de vida personal nos proporcionan la aproximación más exacta. Una actitud manifestada en un acto aislado siempre está sujeta a malinterpretarse, pero este peligro disminuye en la justa medida de nuestra habilidad para conectar este acto con actos pasados del mismo individuo. Una institución social sólo puede ser plenamente comprendida si no nos limitamos al estudio abstracto de su organización formal, sino analizando el modo como aparece en la experiencia personal de varios miembros del grupo y seguir la influencia que tiene sobre sus vidas. Y la superioridad de los registros de vida sobre cualquier otro tipo de material para los propósitos del análisis sociológico se muestra con particular fortaleza cuando pasamos de la caracterización del dato simple a la determinación de los hechos, no hay modo más seguro y eficiente de encontrar las causas reales de un suceso, entre los innumerables antecedentes, que analizando el pasado de los individuos a través de cuya acción tuvo lugar el acontecimiento. el desarrollo de la investigación sociológica durante los últimos quince o veinte años, particularmente el creciente énfasis que bajo la presión de las necesidades prácticas se pone sobre los actuales problemas empíricos y especiales en oposición a las especulaciones generales del periodo precedente, conduce a una conciencia mayor de recolección de más y más completos documentos sociológicos que los que tenemos.»
23 Price, Maurice t. Christian Missions and Oriental Civilizations. a study in Culture Contacts. shangai, China, 1924.
24 The Negro in Chicago: A Study of Race Relations and Race Riot. By the Chicago Commission on Race Relations. Chicago, 1922.
25 Proceedings of the American Sociological Society, vol. XXi, pp. 149-57.
26 thrasher, Frederic M. The Gang. Chicago, 1927.
27 Burgess, ernest W. «the determination of gradients in the growth of the City», Proceedings of the American Sociological Society, vol. XXi, pp. 178-84.
![]() |
Robert Park: Sociología, comunidad y sociedad (Human Communities, 1952) |
Robert Park
Sociología, comunidad y sociedad
EMPIRIA. Revista de Metodología de las Ciencias Sociales, núm. 25, enero-junio, 2013, pp. 195-211Universidad Nacional de Educación a Distancia. Madrid, España.
Comentarios
Publicar un comentario