Guy Bajoit: Reseña de Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en la sociedad contemporánea (2003)
Guy Bajoit, Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en las sociedades contemporáneas, Santiago, LOM ediciones, 2003, 287 pp.
Myrna Carolina Huerta Vega El Colegio de Michoacán
El libro del sociólogo belga Guy Bajoit, nos sugiere una serie de preguntas por una época de cambios vertiginosos y redefiniciones que remueven antiguas certezas; preguntas por los jóvenes y las generaciones que se insertan en este mundo cambiante; preguntas por la política y las problemáticas de nuestros órdenes democráticos en momentos en que democracia, nación, estado, mercado y sociedad, son referencias en mutación y en disputa.
El autor inicia sugiriendo el siguiente cuestionamiento: ¿dónde estamos ubicados, situacionalmente nosotros, individuos colectivos culturales? Bajoit explica que nos encontramos inmersos en una época, que resulta profundamente difícil de comprender, de analizar y, ¿por qué no?, de caracterizar. La vertiginosidad con que se desarrollan las mutaciones actuales, el rápido paso de las proposiciones en boga, la enorme cantidad de información que recibimos diariamente. Nos genera una extraña sensación de estar perdidos en este sistema social, de no saber cómo opera, cómo se construye, cómo se legitima y cómo se transforma.
En nuestra sociedad hay signos relativamente claros que sí nos hablan de tendencias colectivas, de miradas y orientaciones sociales dirigidas hacia el acceso al consumo compulsivo como principal motivación ideológica de desarrollo personal y colectivo. Éstas se constituyen como fuerzas sociales generadoras de formas de pensamiento, de modos de actuar y de establecer relaciones con los otros, relativamente parecidas que generan creencias y visiones compartidas donde se construye la plataforma de la identidad social.
El sociólogo asume la existencia de fenómenos que tienen su sede en las conciencias de los individuos, pero que no tienen su origen ni su explicación en las almas individuales; sino que representan el reflejo o el efecto en éstas de modos colectivos de la vida. Se trata de una unidad de estilo, de una concordancia en convicciones, en pensamientos, en tendencias, en afanes de los integrantes de un grupo. Estos estados de conciencia comunes a los miembros de un grupo, no son tan sólo un capital inerte, sino que actúan y reaccionan los unos sobre los otros; constituyen, coordinados entre sí, un sistema, cuyas tendencias se defienden por medio de instituciones. Se encuentran entre éstos, la familia, la escuela, el trabajo, los medios de comunicación, las actividades de ocio, etcétera.
El autor contextualiza acerca de los teóricos de la posmodernidad, quienes han determinado que el cambio de paradigmas más significativo que se ha generado en nuestras sociedades occidentales, ha sido la sistemática ruptura con la fase inaugural de las sociedades modernas, democráticas, disciplinarias, universalistas, rigoristas, revolucionarias, ideológicas, austeras y conquistadoras. Transitando fielmente hacia el modelo en mayor crecimiento de la época que es la individuación, la satisfacción instantánea de los deseos individuales, la indiferencia de masas, la abstinencia electoral, la búsqueda del ego y del propio interés, el éxtasis de la liberación personal, la obsesión por el cuerpo y el sexo. Vivir del crédito sustituyendo el ahorro, propio de la mentalidad moderna. Sociedad que ha sido denominada con múltiples apellidos, sociedad postmoderna, sociedad postindustrial, sociedad personalista-hedonista, sociedad neoliberal del capitalismo globalizado.
De acuerdo con Bajoit, estamos insertos, nos guste o no, en un proceso donde la individuación es el factor central que nos construye; ésta presupone al individuo como actor, diseñador, malabarista y director de escena de su propia biografía, identidad, redes sociales, compromisos y convicciones. Los individuos de la contemporaneidad son liberados de los esquemas de enlace predominantes en la sociedad industrial (clase, capa social, extracción, lugar de nacimiento) para ingresar a la sociedad mundial del riesgo.
La construcción de la individuación postradicional se convierte en el imperativo más poderoso de la sociedad actual. Se constata un hiperindividualismo, que redunda en la existencia de una masa difusa de solitarios manipulables, así como el peligroso culto egoísta que nace de la disolución de la conciencia colectiva: “siguiendo a Durkheim se puede formular otra hipótesis de que los individuos dejados a su libre arbitrio están sometidos a una angustia mayor y que los más débiles de ellos la soportan difícilmente […]” (14).
Cada día vamos constatando con mayor precisión que las acciones sociales que dan satisfacción a los deseos y a las necesidades de los individuos son las vinculadas a la adquisición de objetos. Las relaciones interpersonales cada vez son más efímeras, se mantienen o se diluyen a partir de una trama de intereses que pone como valores cohesionadores centrales como el utilitarismo; el para qué me sirve, qué puedo ganar, la instrumentalización en definitiva de nuestras relaciones sociales. Con la construcción paulatina de este tipo de mentalidad se van configurando patrones de conducta colectiva donde las posibilidades de realización del yo se dan en la medida que me olvido de los sujetos, que voy incorporando formas y estructuras de relacionamiento desechables, cambiables y sin ningún asidero de continuidad, de pertenencia, de compartir un proyecto colectivo, de proyectar a futuro de alguna manera distinta a la existente. Vivir al día sin mayores utopías.
Bajoit, desarrolló un marco conceptual sobre el cambio cultural en las sociedades contemporáneas, construyendo rigurosamente estructuras sociológicas que juegan en posiciones, relaciones, órdenes sociales y modelos de categorización tendientes a modificar los ejes paradigmáticos de la vida colectiva.
El autor asume la debilidad, el riesgo, la cercanía de comprensión existente respecto a su hipótesis central: El trabajo de construcción de identidades individuales constituye el principio central de explicación de las conductas colectivas, no intenta marcar definitivamente el nacimiento, la institucionalización y la legitimación de un nuevo paradigma, sino indaga, estructura relaciones de sentido que dibujen una nueva mirada sobre nuestra convivencia social, entendemos que vivimos una época donde estamos todos y cada uno insertos en un proceso de mutación cultural que debemos discutir, cuestionar, inventar, innovar, arriesgar, recrear, representar, reconocer, profundizar, aceptar e integrar. Intentamos explicar las conductas colectivas, el orden y el cambio en la sociedad, buscando en el individuo, a la vez objeto y sujeto de las relaciones sociales, el principio de la explicación, haciendo así una sociología relacional, fundada en un paradigma de la identidad individual, son las relaciones sociales entre los sujetos individuales que buscan construir su realidad y su identidad personal por sus intercambios las que permiten comprender la vida social.
Los modelos culturales se construyen a partir de los relatos que cada comunidad construye sobre sí misma, permitiendo a los individuos tener una idea más o menos clara de lo que en un momento denominado se considera “vida buena”, “bien colectivo o bien común” (100). Estos relatos culturales buscan responder a los problemas fundamentales de la vida colectiva como son: seguridad física, tranquilidad moral, el bienestar material y el desarrollo personal.
Los relatos culturales internalizados por el individuo mediante el proceso de socialización primaria y secundaria, se nutren con los mitos que recrea cada comunidad, las ideologías y utopías (definidas por quienes ostentan las relaciones de poder, autoridad, influencia y hegemonía) y las orientaciones comportamentales; normas, valores, intereses y afectos.
El proceso de individuación permite al individuo construirse y reconstruirse sin cesar como individuo particular. Esta es una de las hipótesis centrales que es desarrollada en este modelo para determinar la concepción del individuo, plantea el autor: “la identidad personal es el resultado, siempre provisorio y evolutivo, de un trabajo del ser humano sobre sí mismo, que llamamos trabajo del sujeto o gestión relacional de sí como también trabajo de construcción identitaria” (150). Es decir, la identidad personal no está dada desde el nacimiento, sino que más bien, mientras exista un soplo de vida el individuo trabajará sobre sí mismo, para (re)construir incesantemente su identidad. Por este trabajo de reconstrucción de su identidad personal el individuo busca alcanzar tres finalidades o bienes que le son igualmente indispensables y que trata de conciliar durante toda su vida: “El sentimiento de realización individual, el sentimiento de reconocimiento social, el sentimiento de consonancia existencial” (156).
Las tensiones estructurales amenazan sistemáticamente la gestión relacional del individuo en nuestras sociedades; por un lado, el llamado individuo, la legitimidad de la competencia y del consumo tienden a hacer creer que (casi) todo está permitido: llamado a la libertad, a la elección, al libre arbitrio, a la autonomía, a la creatividad, a la pluralidad de los modos de vida, a la realización personal, al placer, al goce, al hedonismo. Por otro lado, las evoluciones recientes de la sociedad dan al contrario la sensación de que (casi) nada es posible: ascenso de las desigualdades y de la exclusión social, cesantía, peligros ecológicos, inseguridad, racismo, amenazas de guerra, sida, destrucción de las solidaridades, soledad. De allí viene la tensión en el sistema social en general en los campos que lo conforman.
Según el autor, la gente ya no puede definir el sentido de su vida sólo por el trabajo, ni por la política, ya no se define sólo por lo que hace, sino por lo que es y, en menor medida, por lo que consume, aunque poco a poco la inmensa mayoría aprende los límites del consumo como sentido de vida. Entonces seremos capaces de visualizar, de estructurar paradigmas donde definitivamente el sujeto, el individuo, sea el foco central de las políticas de desarrollo sustentable. Resulta casi impensable asumir las fuerzas opuestas donde se conjuga el sujeto-objeto, los excluidos y los ciudadanos, el sentimiento y el simulacro, la creación y la represión, la confianza colectiva con la violencia social, la victimización social con la autorrealización, la dependencia social paternalista con la autogestión identitaria, la vocación de servidor público de los actores institucionales con el clientelismo autoritario, etcétera.
Al finalizar la lectura de Todo cambia podemos decir que Guy Bajoit propone la articulación de las diferentes miradas del presente y futuro dentro de una lectura global que integra factores y dimensiones del cambio en una proposición analítica y teórica que obliga a repensar nuestra representación de lo social y a reconstruir sobre la base de un nuevo paradigma que el autor denomina como identitario; Al recrear sus representaciones individuales de lo colectivo, al reconstruir la memoria colectiva de cada comunidad transformando sus rituales de pertenencia, al fortalecer los lazos sociales, culturales y afectivos entre individuos desconocidos, al recomponer el tejido social, el poder sentirse parte de una comunidad y no un individuo aislado, solitario y fragmentado. La posición del autor en Todo cambia es clara: “el Individuo se convierte más y más en la referencia cultural central de las relaciones sociales que practicamos, aquí y ahora, debemos reconstruir la sociología alrededor de las capacidades del sujeto, si queremos comprender el funcionamiento y el cambio de nuestras sociedades” (278).
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Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en la sociedad contemporánea
Guy Bajoit
Fecha de publicación original: 2003
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