William F. Ogburn: Los Folk-ways de una sociología científica (1929)
Presentación
Los Folk-ways de una sociología científica de William Ogburn
JOSÉ M. ARRIBAS
UNED
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William Ogburn: Social Change with Respect to Culture and Original Nature (1922) |
Con motivo de su elección en 1929 como presidente de la Asociación de Sociología norteamericana, William Ogburn leyó el discurso que presentamos a continuación. El lector tiene ante sí un texto fundacional de las formas de hacer y entender sociología durante los años 1930, o lo que es igual, el programa de la sociología cuantitativa que conocemos y practicamos en la actualidad, y en cuyo origen estuvieron fuertemente implicadas las fundaciones y agencias gubernamentales norteamericanas.
Si la Sociología americana da sus primeros pasos durante el siglo XIX bajo la influencia del evolucionismo británico, y en menor medida, bajo la influencia de la sociología estadística de Adolph Quetelet1, es a partir de la I Guerra Mundial cuando comienza a dar signos de gran vitalidad y a crear unas señas de identidad que tienen mucho que ver con la incorporación de la estadística matemática y las aportaciones teóricas de Karl Pearson, Arthur Bowley y Ronald Fisher. Desde la aparición de los primeros departamentos de Sociología en 1892 y 18942, hasta el año de publicación de The Folk-ways of a scientific sociology, la sociología norteamericana había puesto en marcha programas específicos de Sociología en Yale, Wisconsin y Michigan, y había alcanzado un grado de actividad académica equivalente, si no superior, al que existía en Europa (en 1920, por ejemplo, los departamentos de Chicago y Columbia habían ya becado a 175 doctorandos)3, algo que, como señala Bannister, tuvo mucho que ver con el novedoso sistema de organización universitaria,4 pero también con el espectacular crecimiento económico y demográfico que experimenta el país.
1 A propósito de Quetelet, Ogburn escribe lo siguiente: «In Quetelet, writer on the mathematics of probability and practical statistician, we find the product of this cross-fertilization yielding studies on anthropometry, criminology, the behaviour of man, social physics, and such particulars as the disproof of freedom of the will by statistics and the correlation of the writing of poetry with the age of the wwriters» «Statistical Trends» (texto de 1940) en OGBURN W.F., 1964 «On culture and Social Change» Selected Papers, The University of Chicago Press. Ed. By Otis Dudley Duncan., p.223.
2 El primero en la universidad de Chicago (1892) con Albion Small a la cabeza, y el segundo en la universidad de Columbia (1894) con Franklin Giddings en la dirección.
3 Aunque en 1914, el término Sociología esta ya bastante generalizado, las diferencias entre Europa y Estados Unidos eran todavía importantes debido a la escasa institucionalización de esta disciplina en las universidades europeas. «Mientras los europeos atraen discípulos», dice Bannister, «los americanos crean Departamentos». BANNISTER R, Sociology en The Cambridge History of Science, V.7, PORTER T. y ROSS D. (ed.) 2003.
4 El éxito de la universidad americana, así como de la institucionalización disciplinar, está muy unido a un modelo universitario altamente descentralizado con un elevado grado de autonomía, y un componente práctico que se adapta bien a una sociedad convertida de pronto en la fábrica del mundo. Véase BENDAVID, J. The Scientist’Role in Society, Prentice-Hall, Inc. Englewood Cliffs, New Jersey.
En cuanto a los temas de investigación, tanto si la pobreza y la cuestión social fueron también motivo de preocupación, la sociología del otro lado del atlántico comenzó a marcar unas líneas de actuación diferenciadas, pues «el problema de la identidad nacional, y la autoridad del Estado, arreglados, en principio, desde la Guerra Civil, fueron relativamente menos importantes en los Estados Unidos». (R. Bannister, 341). En América, la atención de los sociólogos se dirigió hacia una sociedad rural formada por inmigrantes, que se transforma rápidamente en sociedad urbana. Cuestiones como la raza, la inmigración, las cuestiones morales y culturales, aparecerán en la primera línea de las preocupaciones de los sociólogos y de las agencias gubernamentales y la interacción individual se convierte en el principal objeto de la investigación (Bannister, 2003).
En ese contexto, los sociólogos se apuntan a la investigación estadística y a los enfoques teóricos del funcionalismo. Según Doroty Ross, (Porter, 2003, 219) la gran Depresión, junto a los nuevos estilos de vida y los movimientos de las vanguardias erosionaron la concepción decimonónica de las ciencias sociales, haciendo que los científicos abandonasen las interpretaciones históricas en beneficio de las formas sincrónicas de explicación. Enfoques que refuerzan la concepción ingenieril de la ciencia social desarrollada por las políticas de intervención del New Deal5 y que tiene su origen en el programa científico de Karl Pearson6, haciendo de las técnicas estadísticas, sobre todo de la regresión y la correlación desarrolladas por la eugenesia, una herramienta común de la práctica política y administrativa norteamericana. En medio de esta nueva sociología sobresale la figura de William Fielding Ogburn7, por encima incluso de Samuel Stouffer o Paul Lazarsfeld, figuras prominentes de la siguiente generación. Ogburn es el representante de esa primera sociología «científica» que compite con la economía por adquirir destrezas en el manejo estadístico.
5 El aspecto «ingenieril» de la ciencia social americana alcanza a todas las disciplinas: en 1936, la conferencia inaugural del nuevo presidente de la Asociación Americana de Estadística, Joseph S. Davis, se titula Statisticis and Social engeniering.
6 Sobre todo el programa expuesto en The Gramar of Science.
7 En 1927 Ogburn escribía: «En sociología, la mayor parte del trabajo descriptivo no es suficientemente cuidadoso o completo, y se parece más a un reportaje de la prensa corriente. Hay que rechazar en sociología las descripciones enredadas y confusas, la situación está madura para la utilización de estadisticas» , Ogburn, F. «Sociology and Statistics», citado por Topalov Maurice Halbwachs et les sociologues de Chicago. Revue française de sociologie, 47,3, 2006, p.577.
Sociólogo de formación, Ogburn estudia sociología evolucionista de la mano de Giddins y antropología con Franz Boas, aunque también estadística junto el economista Henry Ludwell Moore8, algo, ésto último, que le permitirá trabajar en temas de coste de la vida e índices de precios, durante la I Guerra Mundial. En 1927, cuando Ogburn llegó a la universidad de Chicago, la sociología estaba dominada por sociólogos como Robert Park, Ellsworth Faris o Ernest Burges y predominaba la metodología de los estudios de caso de corte etnográfico, pero nada más hacerse cargo del área de Estadística y Población lanzó una dura campaña en favor de la cuantificación que pronto le convertiría en triunfador. Poco tiempo después, cuando la influencia de Chicago comenzó a declinar y emergía el liderazgo de la universidad de Columbia, sobresalía ya en territorio «enemigo», el sociólogo William Ogburn9.
Orburn procedía de Columbia, universidad en la que se había graduado en Sociología (1908) y donde había recibido el Ph.D. en Sociología (1912), aunque su formación práctica la había adquirido en las agencias gubernamentales durante la I Guerra Mundial, sobre todo en la sección del «coste de la vida» del Nacional Labor Board, y en la oficina de Estadísticas de Trabajo, algo que hace de él un experto en análisis de presupuestos familiares y en la construcción de índices de precios. Ogburn, al igual que su colega Maurice Halbwachs era un estadístico de la primera generación de cuantificadores, de los sociólogos que se centran en cuestiones económicas, en conocer el número de parados, el coste de la vida, etc. La amplitud de sus intereses intelectuales es, no obstante, mucho más amplia pues imparte cursos de Economía, Historia y Ciencia Política, es miembro fundador de la Econometric Society, y hace incursiones en los campos de la antropología y el psicoanálisis. También era un buen conocedor de los textos de Marx. Su tesis doctoral sobre legislación social y políticas democráticas indica una fuerte implicación en los movimientos por los derechos civiles y el socialismo, temas de los que se ira alejando para orientarse hacia las prácticas académicas y el trabajo en la Administración del Estado. Agencias como el Nacional Recovery Administration y el Nacional Resources Comité, o el Bureau of the Census serán otros centros de formación práctica. En 1922, siendo todavía profesor en Columbia, escribe Social Change, su obra más célebre, aunque no estadística, y cinco años más tarde, en 1927 se desplazó definitivamente a la universidad de Chicago.
Dos años después de su llegada, cuando escribe «The Folk-ways... se va a producir una crisis en relación a los fondos de investigación que recibe el departamento de Sociología de Chicago. La fundación que financiaba el programa de Burges «Local Communities of Chicago» del Laura Spelman Memorial Fund, fue absorbida por la Fundación Rockefeller, y el Local Community Research Comitee fue reemplazado por el recién creado Social Science Research Council, organismo que va a orientar la financiación hacia los estudios que emplean la metodología estadística. Ogburn mantuvo en ese debate una posición agresiva (»no puede haber ciencia sin medida») y, como hace notar Christian Topalov, pronto se convirtió en ganador10. Nada más llegar ya había denunciado que muchos trabajos de Sociología se parecían a reportajes de la prensa corriente y que la situación estaba madura para la introducción de la estadística. Años más tarde, Samuel Stouffer recuerda que en el otoño de 1927, cuando los estudiantes de Chicago se encontraron con Ogburn por primera vez, estaban tan convencidos de la supremacía metodológica de Chicago que no eran conscientes de que la preminencia de los Park y Burges se iba a derrumbar tan rápidamente como el imperio británico: «El desarrollo sobresaliente de la aplicación de la estadística en Columbia11 (..) había dejado a la Sociología de Chicago completamente indiferente» (Topalov, 2006, 577).
8 Miembro de la Escuela de Laussanne, había estudiado con Carl Menger en Viena y era discípulo de Leon Walras. Trabaja en el análisis empírico de los ciclos económicos y en la teoría del equilibrio. Su obra más importante es Synthetic Economics, publicada en 1929. Fue el maestro de grandes figuras de la econometría como Henry Schultz y W.C Mitchell.
9 Aparece una red de cuantificadores representada por James P Lichtenberger y Stuart Rice en Pensylvania, Howard Odum en Nord Carolina y Stuart Chapin en Minnesota.
La Asociación de Estadística Americana (ASA)12 es otra institución que va a jugar un papel relevante en el cambio de la sociología americana y en ella Ogburn estará muy presente junto a otros sociólogos del New Deal como Stuart A.Rice. En ella, los economistas que representan a la nueva econometría como Malcolm Rorty, o el propio Irving Fisher construyen el nuevo discurso de la investigación social cuantitativa que tanto va a influir en la Sociología. Ogburn ocupará la presidencia de la Asociación Americana de Estadística en 1931.
En el texto que nos ocupa, Ogburn utiliza el término Folk-ways, un término inventado por la sociología del primer momento y hoy caído en completo desuso. Connotaba los hábitos comunes a una sociedad o a una cultura por lo que el título del discurso bien podría traducirse como «la cultura de la sociología científica» o «hábitos para una sociología científica», no obstante, hemos optado por mantener el término original, como testigo de una época en la que la sociología todavía no se había desprendido de los vínculos con la etnología. Bajo ese rótulo, Ogburn pretendía facilitar los modos de acción de una sociología estadística que había de servir para cortar los lazos con la filosofía. Su objetivo esencial era criticar los hábitos de la vieja sociología y presentar el modo de actuación de la nueva. Sin poder remediar la referencia a Spencer, Ogburn comienza hablando de los procesos de diferenciación necesarios en toda evolución (the growth of the sciences has occurred by a process of differentiation), algo inevitable en el proceso de nacimiento de las disciplinas científicas, y urgente en el caso de la Sociología por ser de las últimas en entrar en el campo científico. Su posición es muy radical al respecto pues hace equivalentes filosofía y teoría sociológica: «El declive de la teoría social y la filosofía se producirá a favor de la sociología científica. No hay lugar para la Teoría social en el interior de la Sociología científica». Hoy resulta extraño escuchar afirmaciones de esta naturaleza que bien podrían explicar los tópicos al uso sobre las diferencias entre sociología americana y europea, así como una peculiar concepción de la teoría en el otro lado del Atlántico13. Cuando una sociedad alcanza un elevado grado de complejidad, prosigue Ogburn, es imposible que una disciplina aborde todos los problemas, como podría parecer en el caso de la filosofía, pues para abordar ciertos problemas prácticos se requiere un elevado grado de especialización, y sobre todo, un método.
10 La situación en palabras de Halbwachs era la siguiente: «Él (Ogburn) ha enterrado deliberadamente a la generación que le precede, los Giddins, Small, etc. Mac Dougall, famoso hace diez años, está definitivamente en el basurero. En la actualidad hay cuatro movimientos: la sociología de la cultura (cultura primitiva, salvajes, etc) Marcel Mauss nunca ha comprendido lo que era y el conoce bien el inglés. La sociología cuantitativa (esto es Ogburn). La sociología psicológica (mi libro sobre la memoria es, al parecer, muy apreciado por este grupo). Por fin la sociología práctica. Esto es Park y Burges, los niños delincuentes, los medios desorganizados de las grandes ciudades…» (Topalov, 2006, 575).
11 La universidad de Columbia, contará con un impresionante laboratorio estadístico en el que trabaja a partir de 1931, Harold Hotelling. Años después contará con los dos referentes de la nueva sociología cuantitativa norteamericana y mundial: Samuel Stouffer, alumno de Ogburn, y el astrofísico vienés, inmigrante becado por la Fundación Rockefeller, Paul Lazarsfeld.
12 La A.S.A, que se había creado en Boston en 1893 a partir de un pequeño grupo de personas con escasa o nula formación científica (el más próximo a las ciencias tenía formación en medicina), comienza a incorporar estadísticos matemáticos en el período de entreguerras, período en el que experimenta un crecimiento espectacular. Durante los años 1920, la asociación superaba ya los 1000 socios y al final de la segunda guerra mundial el número se había multiplicado por tres.
Las ideas que Ogburn va desgranando en el texto también tienen que ver con la forma, como veremos a continuación, pero en relación al objeto, la sociología, según Ogburn, debe centrarse exclusivamente en la investigación, en la producción de conocimiento científico, la intervención basada en actitudes morales es más propia de trabajadores sociales14 que de sociólogos y debe, por tanto, abandonarse. La Sociología no está para construir un mundo mejor, sino para descubrir nuevo conocimiento (Science is interested directly in one thing only, to wit, discovering new knowledge), un punto particularmente interesante si tenemos en cuenta que su llegada a la sociología estuvo marcada por su vinculación con los movimientos en favor de los derechos civiles. También resulta chocante que deje la intervención en manos del «social worker», o que les relegue a un papel subsidiario, algo que todavía hoy suscita polémicas.
El tema central de su discurso es, no obstante el estilo de la nueva sociología, los hábitos que ha de interiorizar la profesión para convertirse en disciplina científica, algo que va desde el método de trabajo hasta las publicaciones, pasando por el estilo de escritura. Ogburn no emplea el término «estilo de pensamiento», ni por supuesto «estilo de razonamiento científico»15, pero es inevitable que nos recuerde los debates que se han producido en torno a estos conceptos en los campos de la Historia y la Filosofía de la Ciencia. Ogburn arremete contra el estilo de algunos sociólogos y recomienda sobriedad: no se deben escribir «artículos coloristas» dice, ni transformar los resultados de la investigación en literatura. Entre sus ejemplos a no imitar están el escritor Aldous Huxley16 y el psicólogo y filósofo William James, pues la claridad y la precisión han de ser características de la exposición científica y requieren alejarse de la literatura florida, de la cita brillante y la conclusión erudita. El público a quien deben ir los escritos de sociología es un colectivo con formación científica y, por tanto, los textos han de ir acompañados de datos. El texto ha de ser corto, las tablas estadísticas largas, los resultados se difundirán a partir de «abstracts», (»scientific essentials»), etc. todo un conjunto de detalles y recomendaciones que conducen a transformar la sociología en disciplina científica o, al menos, hacer que lo parezca. Podríamos reconocerle a Ogburn cualidades proféticas, porque ciertamente, las revistas científicas actuales son un calco de sus palabras, aunque sin negarle ningún mérito, parece más adecuado atribuir a la sociología norteamericana de la época, el poder y la capacidad de imponer un modelo que hoy está ya absolutamente generalizado. Sus previsiones, no obstante, llegan mucho más lejos, pues también anuncia el declive del intelectual en las sociedades modernas … (in the future era of scientific sociology there will be a marqued decline in the prestige of intellectuality), algo a lo que desgraciadamente también nos vamos acostumbrando.
13 Teoría es un término que procede originalmente del griego aunque pasa al latín durante la edad media (theoría). Significa investigación especulativa y contiene la idea de contemplación, de visión abstracta.
14 «Whereas the social worker will be interested in applying the new knowledge, thus discovered for the alleviation of the ills of making, either as a social engineering or as a leader of a movement or the executive of institutions»(Ogburn, 1930,305).
La diferencia entre intelectual y científico va a definir los parámetros de la nueva sociología profesional norteamericana. Ogburn se apoya en los discursos de entrada a la Academia Francesa de Louis Pasteur y Ernest Renan, relevantes miembros de la intelligentsia francesa del siglo XIX, o como también se ha escrito, dos santos laicos de la III República. Al primero lo toma como modelo del buen estilo científico, y al segundo, pese a su brillantez y buen hacer literario, como modelo del estilo que el científico social ha de abandonar. Su apuesta por Pasteur merece que nos detengamos un instante porque, al parecer, es la opción que ha marcado el curso de la sociología actual. Además, en los discursos de incorporación a la academia francesa, el miembro entrante estaba obligado a hacer un elogio de su predecesor, y en este caso se trata de Emile Littre, el discípulo y biógrafo de Augusto Comte. Veamos pues un fragmento del discurso al que se refiere Ogburn.
Pasteur comenzaba citando las reglas del método «que nos han sido legadas»17 por Galileo, Pascal, Newton, y sus referentes, como no podía ser de otro modo, procedían de la astronomía, la filosofía, la matemática y la física, pero también aprovechaba el discurso de elogio para hacer algunas precisiones sobre del método científico. Al igual que Ogburn, no tenía inconveniente en reconocer el mérito de los trabajos de erudición científica y literaria, y también, como nuestro sociólogo, consideraba sus métodos como objetos del pasado incapaces de proporcionar las demostraciones rigurosas del laboratorio: «Il y suffit de la méthode d’observation qui le plus souvent ne serait donner des démonstrations rigoureuses. Le propre, au contraire, de l’expérimentation, c’est de ne pas en admettre d’autres »( p.15). Tanto en las palabras de Pasteur como en las de Ogburn aparece un significante que condensa todo el discurso: «laboratorio», un término que Ogbur utiliza en varios sentidos: The disciplining of the mental process is too strict in scientific work to permit intellectualism to flourish in the laboratory. El laboratorio18 es el lugar donde es posible la experimentación y la prueba, donde se realiza el proceso de verificación mediante el cual la ciencia se hace irrefutable y William Ogburn lo recupera para la sociología científica19. El problema surge cuando se comprueba que no se puede someter a la sociedad a procesos de manipulación como se hace con las bacterias o las levaduras. El proceso de experimentación y verificación en la sociedad entraña dificultades que han ser resueltas mediante la estadística, y su lugar es el laboratorio de análisis y cálculo estadístico. Un laboratorio repleto de máquinas eléctricas de calcular y de estadísticos, al estilo del que ya estaba en marcha en algunas universidades americanas y en el Social Science Research Council, de Chicago20, pues es con los datos estadísticos como el sociólogo hace sus pruebas y somete las hipótesis a procesos de verificación.
15 El Historiador de la ciencia Alistair Crombie comenzó a analizar los estilos de pensamiento científico a mediados de los años 1970 desde el punto de vista de los métodos. Hacking por su parte, hablará de estilos de razonamiento científico. En «Style for Historians and Philosophers»,»Studies in History and Philosophy of Science» Vol.23 I, (1992) Hacking hace une repaso del uso del término, por ejemplo en Spengler: « estilo occidental», pero también de los estilos galiléen, newtonien, etc.
16 Quien por cierto no solo escribe literatura del tipo de «Un mundo feliz», sino ensayos históricos del tipo «Los demonios de Loudun», un relato sobre el proceso por brujería abierto durante el siglo XVII , al jesuita Urbain Grandier en la ciudad francesa de Loudun.
17 El método se convierte ya en el siglo XVII en el núcleo duro de la nueva ciencia experimental. Bacon, Descartes, Hobbes, Hooke y tantos otros tenían una confianza total en su capacidad para comprender la naturaleza a condición de que el espíritu fuese disciplinado por el buen método. Un tema que Ogburn aborda también en su discurso (»El disciplinamiento de los procesos mentales es muy estricto en el trabajo científico»). Véase SHAPIN S. «La Révolution Scientifique, Flammarión 1998. Título original «The Scientific Revolution, 1996. El tema del método también fue abordado por Durkheim y por los estadísticos matemáticos. Michel Armatte hace referencia al modo como se aborda en los tratados de estadística de principios de siglo por Bowley (1902/1920), Zizek (1913), Ronald Fisher (1922) ARMATTE, M. Conjonctios, conjoncture et conjecture. Les baromètres économiques (1885-1930), Histoire & Mesure, 1992, VII-1/2, 99-149.
18 El laboratorio ha sido el centro de investigación de autores emblemáticos del llamado programa fuerte de Sociología de la ciencia. Véase Latour, B. y Woolgar S. «Laboratory Life. The Construction of Scientific Facts », Sage, Los Angeles, Londres, 1979.
19 Pasteur se expresaba con mucha elocuencia al respecto: «El encanto de nuestros estudios, el hechizo de la ciencia, si se puede hablar así, consiste en que para todo y para siempre, podemos dar la justificación de nuestros principios y la prueba de nuestros descubrimientos». (…)»El error de Augusto Comte y de Littre es confundir este método con el método limitado de la observación. Extraños los dos al método de la experimentación, dan a la palabra experiencia la acepción que se le atribuye en la conversación vulgar, donde no tiene el mismo sentido que en el lenguaje científico. En el primer caso, la experiencia no es más que la simple observación de las cosas y la inducción que le sigue, más o menos legítima, de lo que es y de lo que podría ser. El verdadero método experimental va hasta la prueba sin réplica» (Pasteur, 1882, 15).
20 Halbwachs visito el edificio del Social Science Research Bulding durante su estancia en Chicago en 1930 y en su correspondencia podemos comprobar el impacto que le produjo a un sociólogo europeo: «Bello edificio nuevo de cinco pisos, con ascensor, numerosos despachos, salas de clase claras y espaciosas, buen mobiliario»(…)»Esta mañana, entre mis dos cursos fui a estudiar el funcionamiento de las máquinas de calcular. Tienen una docena, tal vez más, en tres despachos que han juntado(..) Es un gran instrumento de las ciencias sociales. Alíi está el corazón de su laboratorio» (…)»Todos estos estudiantes tienen el aspecto de estar en misión social. Es inaudito los despachos que hay, los casilleros, los ficheros y las jóvenes muchachas con gafas que inventarían, clasifican , hacen listados, informes, etc.» No obstante, Halbwachs no era ningún neófito en asuntos de estadística, de hecho, los estudiantes graduados le solicitaron una conferencia para exponer sus ideas sobre el tema. Topalov, Ch. Maurice Halbwachs et les sociologues de Chicago. Revue française de sociologie, 47-3, 2006.
Otra ventaja del laboratorio es que disciplina el pensamiento y proporciona un método: «The disciplinig of the mental process is too strict in scientific work…», elimina las emociones para que no interfieran entre el pensamiento y los datos (referencia también curiosa, teniendo en cuenta que Ogburn tenía formación psicoanalítica y que se interesará por las emociones a lo largo de su dilatada carrera científica)21. Si admite que hay algo de artista en los científicos, es porque el intelectualismo es la atmósfera necesaria para el surgimiento de las ideas, y éstas son el primer estadio del trabajo científico, aunque las ideas han de estar formuladas de modo que sea posible su demostración y verificación: «Verification in this future state of scientific sociology will amount almost to a fetish». Su amigo y colega Maurice Halbwachs22 había abordado este mismo tema seis años antes, en un artículo en la Revue philosophique francesa23, en el que planteaba que, si bien el investigador social procede de un modo distinto al científico, en lo esencial el método no es diferente,24 y concluía que las operaciones estadísticas presentan los caracteres del método experimental y que están estrechamente ligadas a la teoría y al cálculo de probabilidades25.
21 Agradezco a Alain Desrosières el haberme facilitado el trabajo de Barbara Laslett de la Universidad de Minessota, titulado «Ogburn, la sociologie et l’emotion ( emotion and objectivity in the history of Sociology)». Texto policopiado.
22 Halbwachs hace una estancia en la universidad de Chicago en otoño de 1930 invitado por William Ogburn, a quien ya debía conocer de anteriores encuentros en Paris. En 1938, a propósito de la encuesta sobre el paro realizada en Francia por el ISRES (Institut scientifique de recherches économiques et sociales) y en la que también participó Halbwachs, se indicaba que el proceso de trabajo es el mismo que en la investigación de laboratorio (»Le processus est ici le même que celui d’une recherche de laboratoire») TOURNÈS, L. (2006) «Le durkheimisme FACE à ses contradictions: l’enquête sur le chômage de l’Institut scientifique de recherches économiques et sociales (1935-1937) Revue française de Sociologie, nº 47, 3, p.551.
23 En el mismo número, Meyerson habla sobre la noción de causa y Goblot escribe sobre física cuántica). El título de Halbwachs es Experimentación estadística y probabilidad HALBWACHS M. (1923) L’expérimentation statistique et les probabilités . Revue Philosophique de la France et de l’Étranger. Juillet-décembre 1923. p.340-371.
24 El ejemplo que utilizaba en aquella ocasión lo toma de Simian su verdadero maestro en asuntos de estadística (SIMIAND F. Statistique et experérience. Remarques de méthode., Riviere, 1922). Halbwachs expone que cuando se aborda la tasa de paro mensual en una serie de años la comparación es compleja. Sin embargo, mediante procedimientos estadísticos se puede eliminar la variación interanual, de manera que quede aislada la variación interior al año, y de la misma manera puede eliminarse la variación estacional y tener solo en cuenta las variaciones interanuales. Esto permite estudiar la relación que cada una de estas variaciones pueda tener con tal o cual factor.
25 «El estadístico está obligado a cada instante a servirse del cálculo de probabilidades para analizar los objetos colectivos que observa y determinar aisladamente las variaciones de cada uno de sus elementos en sus relaciones con otros objetos colectivos o con otros objetos cualesquiera. En este sentido, el cálculo de probabilidades juega en estadística, aproximadamente, el mismo papel que «los instrumentos» en la experimentación físico-química» (Halbwachs, 1923, 25).
El entusiasmo de Ogburn por los inventos y la tecnología es tal, que en algún momento da la impresión de conceder mayor importancia a las máquinas y a la técnica que al pensamiento. La ciencia crece por acumulación, nos dice, y la acumulación de nuevos descubrimientos requiere de la organización y cualificación de trabajadores especializados, requiere de los research workers, algo que también será determinante en el desarrollo general de la ciencia norteaméricana. En el futuro, según Ogburn, todo el mundo será estadístico, todas las universidades tendrán laboratorios estadísticos y los trabajadores utilizarán máquinas eléctricas. Ogburn tampoco olvida los aspectos crematísticos de la cuestión, pues solo será posible el crecimiento de la sociología si se dispone de capacidad económica suficiente para recoger datos estadísticos y organizar los análisis. Por ultimo, Ogburn regresa al tono profético para anunciar la universalización de la estadística: «While all sociologist will be statisticians, statitics as a recognized field of knowledge will disappear.». Con el crecimiento de la investigación estadística, ésta se identificará con el objeto de cada una de las ciencias y desaparecerá como disciplina específica, aunque reconoce que esa tendencia estaba mucho mas avanzada en los Estados Unidos que en Europa. «Indeed, this tendency is making great headway in the United-Estates, at the present time, much more so than in Europe».
Ogburn también reivindica la objetividad de la Sociología, la disciplina del pensamiento, la omisión de las emociones, lo cual no le impide escribir dos años más tarde otro discurso dirigido a los miembros de la American Statistical Association (»Estadística y Arte»), en el que reivindica los elementos subjetivos de la investigación social. Allí llega a afirmar que «los poetas y novelistas tienen mucho más éxito comunicando la comprensión de las cosas que los estadísticos y los sociólogos»(Ogburn,1932), y en 1934, cuando escribe para la revista de la Asociación Americana de Estadística un artículo titulado «Limitations of Statistics» da ya la impresión de haberse pasado al lado de la críticos de la estadística, (La gran limitación de la estadística es algo que no merece destacarse porque resulta evidente: buena parte del conocimiento es único, o los aspectos cuantitativos no son lo suficientemente grandes para ser llamados estadísticos) (Ogburn, 1934, 15) o, al menos, a la crítica de los excesos, campo en el que ya militaba su colega Maurice Halbwachs. En definitiva, estamos ante un texto clave para entender la historia de nuestra disciplina que no dejará indiferente al lector, y ante un personaje tan complejo y contradictorio como la propia sociología norteamericana.
BIBLIOGRAFÍA
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Los Folk-ways de una sociología científica
WILLIAM F. OGBURN.
Profesor de Sociología, Universidad de Chicago Presidente de la American Sociological Society.
OGBURN, William Fielding (1930) «The folk-ways of a Scientific Sociology», en The Scientific Monthly, 30, 4, pp. 300-306. (Traducción: Julio A. del Pino Artacho y Beatriz Mañas). Se trata del texto del discurso presidencial de Ogburn ante la American Sociological Society (posteriormente «American Sociological Association»), pronunciado en la reunión anual de 1929 celebrada en Washington, D.C. El discurso se publicó originalmente en las actas de la asociación y, posteriormente, en The Scientific Monthly, revista de la American Association for the Advancement of Science, publicada entre 1915 y 1957, fecha en la que se integró en Science. Se mantiene la palabra folkways a lo largo del texto en alusión al término acuñado por William Graham Sumner, asimilable al de costumbres o prácticas, normas de carácter cotidiano de escasa fuerza moral. (N. de t.).
Durante mucho tiempo el estudio de los hábitos y costumbres ha sido una práctica de los sociólogos. Así que se nos podrá permitir examinar los hábitos y costumbres de los sociólogos, si es que el tema es suficientemente importante. Quizás llegue a ser importante, y ciertamente interesante si uno piensa, no en los hábitos de la sociología actual sino más bien en la práctica sociológica futura, cuando ésta consiga ser más auténticamente científica que hoy. Naturalmente, no podemos realizar predicciones precisas, pero sí establecer ciertas inferencias. Y, así, debe recordarse que una de las costumbres arraigadas entre nosotros es que el presidente de una sociedad científica no se halla tan rígidamente limitado por los datos en su discurso presidencial. Ni tampoco se espera que controle su imaginación como si fuera el caso de que estuviera presentando los resultados de un trabajo científico. Abusaré largamente de esta libertad que entiendo se me concede.
Uno de los procesos que modelarán la sociología en el futuro es el de diferenciación, descrito con detalle por Herbert Spencer. Sé que no está de moda citar a Spencer hoy en día. Pero, independientemente de nuestra adscripción intelectual, la división del trabajo y la diferenciación siguen siendo procesos robustos, a pesar de sus frecuentes excepciones. Históricamente el crecimiento de las ciencias se ha dado mediante un proceso de diferenciación. Además, se suele decir que la filosofía ha sido la madre de las ciencias y que la sociología y la psicología son las últimas que se separaron de ella, si es que podemos afirmar que esa separación se haya completado.
Es seguro que esta diferenciación de materias de estudio continuará. Sin embargo, el proceso inverso ha seguido funcionando, especialmente en Estados Unidos, durante la pasada década. Ello es debido a que este proceso de diferenciación ha alcanzado un nivel en el que ninguna ciencia particular puede tratar de un modo realista muchos problemas prácticos, pues recaen en diversos campos de las distintas ciencias sociales. De este modo, las líneas divisorias entre las ciencias sociales se han deshecho bajo el impacto de ciertas investigaciones, particularmente en el mundo práctico de la vida social y los muchos problemas que presenta.
Pero hay otro proceso de diferenciación que tendrá especial relevancia para el futuro de la Sociología y que se refiere no la diferenciación por materias sino a la diferenciación por métodos. En síntesis, los métodos más estrictamente científicos se diferenciarán de los métodos más propios de otras actividades que de la ciencia. Me refiero a actividades que se inscriben, por ejemplo, en la ética, la religión, el comercio, la educación, el periodismo, la literatura y la propaganda. La sociología como ciencia no se interesa por construir un mundo mejor para vivir, en reforzar creencias, diseminar información, ofrecer noticias, mostrar impresiones sobre la vida, encabezar a las multitudes o guiar la nave del estado. La ciencia se interesa directamente sólo por una cosa, a saber, descubrir nuevo conocimiento. Como ser humano, por supuesto, quiero buscar conocimientos para el bien de la humanidad, puedo desear expandir este conocimiento a lo largo y ancho del mundo, influir en las creencias de la gente o escribir mis interpretaciones sobre la vida y los acontecimientos. Estas actividades pueden ser tanto o más importantes, quizás, que descubrir nuevo conocimiento. Es más, como son tareas de valor incalculable, resulta difícil ordenarlas en una escala. Pero en la medida en que me dedico a estas cuestiones, no me encuentro involucrado en actividades científicas.
El proceso de diferenciación separará estos diversos procedimientos no científicos que ahora se encuentran tan entrelazados en la denominada actividad científica de los científicos sociales. Cuando esto ocurra, los sociólogos habrán abandonado algunos de sus actuales hábitos y habrán desarrollado otros nuevos en su lugar.
Uno de estos nuevos hábitos será la redacción de artículos totalmente faltos de efectos coloristas, o el abandono del presente hábito de tratar de convertir los resultados de la ciencia en literatura. En este sentido, pueden considerarse como un mal legado para los aprendices de la ciencia los precedentes de Huxley y William James. No será necesario entonces acabar los artículos con una elocuente exhortación o una conclusión chispeante. También será posible comenzar los artículos sin referirse a Platón, Aristóteles o cualquier otro de los muy elogiados griegos. La claridad y la precisión serán las únicas virtudes de una exposición. La expresión de emociones se considerará inapropiada. La audiencia de estos artículos será el gremio científico y no se tratará de hacerlos comprensibles para dependientas o jóvenes de instituto. Los artículos siempre irán acompañados de datos que los justifiquen. Por lo tanto, el texto será más corto y las tablas y documentos se alargarán. Costará más publicarlos. Únicamente se leerá parte del artículo y el resto se destinará a referencias.
Esta especialización en la exposición de la ciencia no significa que vaya a haber una disminución en su divulgación. Habrá numerosos artículos y libros que mostrarán la relevancia humana de estos descubrimientos y medidas, publicaciones que dramatizarán la ciencia, que rescribirán los resultados científicos en jerga de la calle, que introducirán un empuje ético. El mismo científico puede involucrarse en este tipo de trabajos, pero si es así, lo será en calidad de otra persona, no actuando en función de su yo científico.
De este modo, habrá un nuevo tipo de revista de ciencias sociales, no existente en la actualidad, salvo por alguna excepción, dedicada a la publicación de resultados científicos para un público científico. Los artículos en las nuevas revistas de ciencias sociales serán en cierto sentido síntesis muy desarrolladas de ciencias sociales. Síntesis en el sentido de que los contenidos científicos esenciales se abstraerán de las interpretaciones irrelevantes, del carácter popular y el tono emocional. Por consiguiente, los lectores acudirán a las revistas sociológicas en el futuro para una sola cosa, encontrar nuevos conocimientos. No esperarán, como ahora, la gratificación de su sentido estético, la edificación ética, el entretenimiento o el estímulo para la proyección de su personalidad.
En la futura era de la sociología científica, se producirá un marcado declive del prestigio de la intelectualidad como tal, en comparación con su puesta en boga durante los siglos XIX y XX. Pero este declive del prestigio de lo intelectual ocurrirá sólo entre los científicos mismos, porque la diferencia entre actividades científicas e intelectuales se agudizará. Por supuesto que todos los científicos son intelectuales, pero sólo unos pocos intelectuales son científicos. La diferencia es muy patente si comparamos los discursos de Renan y Pasteur en el momento de la recepción de Pasteur en la Academia Francesa. Renan era un gran intelectual, que brilló en su máximo esplendor durante su discurso de bienvenida, lleno de ingenio y encanto, de luces y sombras, abundando en sutilezas intelectuales, referencias académicas y tocando, por momentos, aspectos profundos. Pasteur, el científico, no se encontraba en su terreno representando el papel del intelectual en su discurso de aceptación. Su presentación fue sencilla, directa y, en comparación, aburrida. Esto no significa, por supuesto, que los científicos no puedan ser grandes intelectuales. Muy por el contrario, el papel y la puesta en escena del intelectual puede ser una actividad de entretenimiento para el futuro científico social, pero difícilmente su principal actividad. El control de los procesos mentales es demasiado estricto en el trabajo científico como para permitir que florezca el intelectualismo en el laboratorio. Los procesos intelectuales –en contraste con el pensamiento científico se suelen combinar con los sentimientos, aunque, por supuesto, siempre bajo formas lógicas. En la vida intelectual, donde priman las asociaciones, nos dejamos guiar más libremente por las impresiones. Pero en el trabajo científico de la prueba, de establecer auténtico conocimiento perdurable, el pensamiento debe liberarse de los sesgos emocionales. Deben eliminarse todas las asociaciones que perturban la íntima conexión entre el pensamiento y los datos.
Por supuesto que el control del pensamiento no es tan evidente en uno de los pasos del trabajo científico, a saber, el proceso de generación de ideas o, por decirlo en lenguaje de la calle, de corazonadas. En ese caso, la imaginación y la asociación libre son la mayor ayuda para el científico. Por esta razón se dice, con bastante acierto aunque de forma más bien grosera, que hay algo de artista en todo gran científico. Así pues, el intelectualismo es la atmósfera apropiada para el nacimiento de las ideas. Se dice a menudo que la generación de ideas es el primer paso del proceso científico, aunque, con mayor frecuencia, este paso no va seguido del siguiente, dando lugar sólo a la producción de literatura. Pero debe recordarse que conseguir una idea no es establecer auténtico conocimiento. Para que una idea tenga valor científico debe formularse de algún modo que pueda soportar demostración o prueba; y, entonces, ir seguida de la prueba o verificación. Una propagación indiscriminada de ideas no produce ciencia. El chamán o curandero de los indios americanos no era un científico ni producía medicina científica, aunque fuera muy fecundo en la producción de ideas. La generación de ideas es un paso necesario en el trabajo científico, pero las ideas deben formularse y ser contrastadas con la realidad.
Con el declive del intelectualismo, será menos fácil alcanzar la fama como teórico, y el ascenso de la ciencia hará que la reputación se forje con pruebas, registros y medidas. Sin embargo, en tiempos, afortunadamente pasados, un hombre dedicado a algunas de nuestras disciplinas sociales habría sido tildado más bien de teórico que de científico, lo que constituye un extraño cambio de valores respecto a las ciencias naturales, donde es más bien un motivo de vergüenza el ser etiquetado por haber expuesto sólo teorías. En esta era futura, la publicación de suposiciones, hipótesis o corazonadas será tabú. No habrá ningún mérito en un artículo dedicado meramente a la estimulación del conocimiento. En ese estado futuro de la sociología científica, la verificación equivaldrá casi a un fetiche. Habrá inevitablemente una gran cantidad de cosas insignificantes e intrascendentes verificadas. Así, la ciencia utilizará al individuo gris e intrascendente, del mismo modo que la lógica utiliza al paranoico, la filosofía social al fanático y el intelectualismo al soñador. Porque la ciencia descansará sobre la base de un trabajo prolongado, cuidadoso y concienzudo. Y muchos tontos pueden ser cuidadosos, pacientes y metódicos.
Debe recordarse siempre que la ciencia crece por adición, por la acumulación de pequeños trozos y pedazos de nuevo conocimiento. Ocasionalmente uno de estos pequeños trozos llega a tener una gran importancia, y es entonces cuando pasa a denominarse gran descubrimiento o gran invención. Pero no se puede predecir cuando estos pequeños trozos de nuevo conocimiento serán descubiertos. La naturaleza acumulativa del crecimiento de la ciencia no se aprecia normalmente debido a la opinión generalizada, influida en parte por los postulados Comtianos, de que la base de la comprobación y de la verificación en el desarrollo de la ciencia debe ir precedida de un largo período de teoría. Tal sucesión llega a ser cierta en el caso de la verificación de una hipótesis particular, pero no necesariamente en el desarrollo de una ciencia. El crecimiento de la ciencia es más bien la acumulación trozo a trozo de conocimiento nuevo y duradero. La acumulación de estos nuevos descubrimientos requiere una organización de trabajadores, y no todos ellos serán estúpidos, ya que las inteligencias son tan útiles en la ciencia como en cualquier otro tipo de empresa, y habrá genios en la ciencia tan verdaderos como en la erudición.
En este futuro estado todo el mundo será estadístico, esto es, casi todo el mundo. Todas las universidades tendrán laboratorios estadísticos y los trabajadores individuales tendrán multitud de máquinas, todas ellas eléctricas. De hecho, es probable que haya más máquinas que pensadores. Durante algún tiempo, quizás mucho a pesar de todo, una buena porción de la investigación sociológica no hará uso de la estadística. Es obvio, sin embargo, que la sociología cuantitativa está abocada a tener un crecimiento enorme, no sólo por su indudable gran utilidad, sino porque tenemos la riqueza necesaria para coleccionar las estadísticas y la organización para mantener su análisis. Cuando todos los sociólogos se hagan estadísticos, la estadística como campo de conocimiento reconocido desaparecerá, y no habrá profesores de estadística. La estadística desaparecerá como campo distintivo de conocimiento porque será casi universal, no solamente en sociología y economía, sino quizás también en psicología social y en ciencia política. Todas las revistas de las distintas ciencias sociales publicarán artículos estadísticos. Con el crecimiento de la investigación estadística, cada vez será más evidente que el método estadístico como tal no puede divorciarse de los datos. Por consiguiente, la estadística se identificará más con el contenido de cada ciencia social que como una disciplina especial aparte. De hecho, esta tendencia está teniendo un gran avance en Estados Unidos –mucho más que en Europa.
En el pasado, los grandes nombres de la sociología fueron teóricos y filósofos sociales. Pero este no será el caso en el futuro. Porque la teoría social y la filosofía social decaerán en el campo de la sociología científica. La teoría social no tendrá lugar en la sociología científica debido a que no está construida con suficientes datos. Desde luego, ciertas síntesis de investigaciones extensas pueden llamarse teoría, un nuevo significado para un viejo término. Pero estas síntesis se basarán en la evidencia. La teoría social es en buena parte producto de la ilusión, que toma forma en el Zeitgeist en el cual se desarrolla. Pero así eran las supersticiones de las culturas primitivas, como por ejemplo, las teorías acerca de los orígenes del mundo y cómo fue poblado. Muchas de las grandes teorías sociales se derrumbarán, tal como ya se derrumbaron las teorías sobre seres naturales, pues es posible que un gran cuerpo de ideas intelectuales de un pueblo no albergue una verdad duradera. Una sociología científica estará separada nítidamente de la filosofía social porque se reconocerá en qué medida la filosofía social es una racionalización de deseos. A pesar de ello, los filósofos sociales continuarán existiendo y servirán a un útil propósito en campos como la ética y entre publicistas y hombres de estado.
Una de las cualidades más demandadas por los sociólogos científicos será la paciencia, que será considerada como una de las mejores virtudes. Fama, publicidad y gratificación emocional siempre parecerán tentadoras, pero el científico será leal a la paciencia. Aunque las cualidades dinámicas de la naturaleza humana le proporcionan el impulso para llegar a su objetivo, sin cautela y sin suspensión de juicios, no podría, sin embargo, lograr esa meta. La brillantez y la originalidad serán siempre admiradas, pero en una sociología científica nunca se admirarán solas, es decir, sin la compañía de la prueba y la medida que acompañan a la perseverancia y la paciencia.
Esta insistencia en «suspender los juicios» no es compatible con la acción, que tiende a seguir directamente a la emoción. La cautela de la mente científica en tomar una decisión se ilustra en la conversación del científico y su compañero de viaje cuando miran al rebaño de ovejas por la ventanilla del tren. Al comentario de que las ovejas habían sido trasquiladas, el científico replicó: «parece que están en este lado». Esta extrema precaución e insistencia en la «suspensión de los juicios» no es compatible con la capacidad ejecutiva. Sin embargo, es una cualidad deseable para la capacidad judicial, a pesar de que la decisión judicial suele ser más precipitada que una conclusión científica.
Los sociólogos científicos no serán, por tanto, hombres de estado, líderes o ejecutivos. Y si alguna vez parecen guiar el curso de la evolución –lo cual, ni ellos ni nadie puede hacer será indirectamente, proporcionando la información necesaria hacia esa suprema dirección a algún ejecutivo excelente, que aparecerá como aquél que realiza la orientación real. En algunos casos raros puede ser a la vez científico y artista. Pero, si eso ocurre, la guía de la nave del estado se hará únicamente por una de sus dos personalidades: la ejecutiva. Esta diferenciación entre el científico y el administrador ha llegado ya lejos en este país, más que en Europa, y es perceptible en nuestras universidades.
Aunque el sociólogo como científico no ocupará un cargo ni liderará movimientos, no significa que vaya a ser un sociólogo de butaca o que lleve necesariamente una vida apartada. Al contrario, el sociólogo científico debe ser cada vez más realista y debe aprender a conocer sus datos en las conexiones más íntimas con las fuentes dondequiera que se encuentren, en los movimientos sociales o entre los problemas sociales. Se encontrará con el personal de los tribunales, en la fábrica, en la sede del partido político, en el centro de la comunidad. Estará dondequiera que se encuentren los datos sobre problemas sociales significativos. Pero estará allí, más como un estudiante para descubrir nuevos conocimientos y relaciones, que como un trabajador práctico. El ejecutivo, el líder, el trabajador social formarán el grupo que se dispondrá a usar la información proporcionada por el sociólogo científico. Porque, como algún bromista ha dicho, «hacer mantequilla es distinto a extenderla».
En el futuro, los temas del trabajador social y del sociólogo serán, en gran parte, los mismos, exceptuando que el campo del sociólogo será mayor y abarcará al del trabajador social. Los intereses del trabajador social y del sociólogo tendrán incluso más en común, pues un gran grupo de sociólogos tratará el problema práctico del progreso humano. Y hasta cierto punto la motivación del trabajador social y del sociólogo como ser humano tenderá a ser la misma, ya que el científico social, siendo humano, estará interesado en hacer del mundo un mejor sitio para vivir –al menos, así sería para la mayoría de ellos. Pero se ocuparán de ello de diferentes formas. El sociólogo trabajará, por supuesto, en los problemas que tienden a hacer de la sociología un cuerpo de conocimientos sistemático y organizado, pero también escogerá para sus investigaciones aquellos problemas cuyas soluciones beneficiarán a la raza humana y su cultura, particularmente los que presentan mayor sutileza. Pero el sociólogo científico atacará estos problemas una vez seleccionados con la única idea de descubrir nuevo conocimiento. Mientras que el trabajador social estará interesado en aplicar el nuevo conocimiento así descubierto para aliviar los males de la humanidad, bien como un ingeniero social, como el líder de un movimiento, o bien como el ejecutivo de una institución. Pero con el creciente nivel de vida que sobrevendrá con una tasa de natalidad más baja, la inevitable cantidad de nuevas invenciones y con nuestros maravillosos recursos naturales, la naturaleza de los problemas del trabajador social tenderán a no resaltar su relación con la pobreza, sino con los problemas sociales en general. Así, el trabajador social y algunos sociólogos trabajarán juntos en el mismo lugar, uno interesado en el descubrimiento y el otro interesado en los logros prácticos. De hecho, las dos funciones pueden encontrarse en la misma persona.
Tanto el sociólogo como el ingeniero social requerirán mucha más disciplina científica que el científico natural y el ingeniero mecánico. Una de las razones es la gran tentación a distorsionar conclusiones en interés de valores emocionales. Además, el ingeniero social no será capaz de limitarse a la aplicación del conocimiento demostrado, dado que los problemas sociales serán tan urgentes que no se podrá atender a la «suspensión de los juicios» del científico. Algo tendrá que hacerse. Debemos votar el primer Martes después del primer lunes de Noviembre tanto si nuestra información es completa como si no lo es. Los problemas sociales exigen tanta acción como conocimiento. Ahora, el conocimiento es normalmente una cuestión de probabilidad. Por consiguiente, la acción estará basada a menudo en un conocimiento aproximado, cuando, por ejemplo, se obtenga una probabilidad mayor que 50/50. El éxito razonable al usar el conocimiento aproximado en asuntos importantes conllevará, por supuesto, la aprobación social. Esto significa que los altos estándares de la ciencia siempre serán difíciles de mantener en las ciencias sociales. También, a menos que los valores sociales cambien sustancialmente de lo que son hoy en día, el líder y el ejecutivo alcanzarán mayor prestigio que el científico que descubre nuevo conocimiento para ser usado por el líder y el ejecutivo. Así, siempre se sospechará de la información aproximada. Pero también habrá ingenieros sociales que, al igual que los físicos en general, no son científicos, y que aplicarán procedimientos científicos confiables y conocimiento relativamente exacto. Sin embargo, el trabajo del científico se diferenciará del manejo de información aproximada y de la aplicación de información exacta ya conocida según la fórmula.
Gran cantidad de la investigación se hará fuera de las universidades, una gran proporción creciente. Una proporción cada vez menor de la investigación se hará individualmente por el investigador solitario. Algunas personas esquizofrénicas, que creen que no se puede pensar si se trabaja en una organización, lamentan esto. Puede esperarse que todos los gobiernos, nacionales, estatales y municipales, aumenten sus funciones de investigación enormemente. Pero ocurrirá lo mismo con los sindicatos, las asociaciones de trabajadores, ligas y cuerpos cívicos, partidos políticos, industrias y organizaciones sociales de trabajo. El aumento de la riqueza hará que tal investigación social sea posible y, además, su efectividad será cada vez más demostrada. Toda esta variedad de organizaciones con intereses especiales estarán haciendo investigación con el propósito específico de probar una hipótesis particular o de conseguir el fin deseado, pero el personal de investigación sólo recibirá órdenes para la selección del problema o de la hipótesis. Quedarán por completo libres de soportar las pruebas. Para ello, es preciso que se distingan claramente de la rama ejecutiva o de formulación política.
Este proceso de diferenciación que distinguirá a la ciencia en sociología nos deja sin un atractivo completo o sin un cuadro ideal de ciencia y científicos. Pero a un pronosticador no le interesa si lo que ve es bonito o no. Su idea es pronosticar exclusivamente lo que ocurrirá. Pero por supuesto me doy cuenta de que, de acuerdo con los folk-ways de América durante la primera parte del siglo veinte, se supone que todos los discursos, como en las películas, los teatros y las historias cortas, tendrán un final feliz – particularmente los discursos presidenciales. El final feliz para una sociología científica consistirá en sus logros. Será necesario aniquilar la emoción y disciplinar la mente tan fuertemente que los imaginativos placeres de la intelectualidad tendrán que ser evitados en el proceso de verificación; sería deseable considerar tabú nuestra ética y valores (excepto al seleccionar problemas), y será inevitable que tengamos que pasar la mayor parte de nuestro tiempo haciendo tareas duras, grises, tediosas y rutinarias. Aún así los resultados serán oro puro y la molestia merecerá la pena. Por supuesto, mientras que la ciencia se vaya separando de la educación, la propaganda, la ética, el periodismo, la literatura, la religión y el liderazgo ejecutivo, estas excelentes actividades sociales no cesarán. Así de rica será la vida social. Y, finalmente, no es necesario para un científico ser un científico todo el tiempo. Puede cerrar temporalmente la puerta de su laboratorio y abrir un rato su puerta a la belleza de las estrellas, al romance de la vida, al servicio a su prójimo, al liderazgo de la causa, al aplauso de su audiencia o a la gran aventura al aire libre. Pero cuando regrese al laboratorio dejará esto atrás, aunque haya una belleza, un romance, un servicio, un liderazgo y una aventura del tipo que puede encontrarse a veces en el laboratorio.
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William F. Ogburn: Los Folk-ways de una sociología científica (1929) |
«The folk-ways of a Scientific Sociology», en The Scientific Monthly, 30, 4, pp. 300-306.
OGBURN, William Fielding (1930)
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